Familias enteras destrozadas porque en segundos lo perdieron todo, las paredes que levantaron con guadua y zinc, los muebles que compraron con sacrificio y hasta los recuerdos de toda una vida. El fuego, que parecía avanzar con sus garras, no perdonó nada. Entre la angustia y el dolor, la comunidad se unió para sacar neveras, camas, animales y ropa de las casas calcinadas. Hoy, con el corazón en cenizas, los afectados dicen que no se van a ir, porque no tienen adónde, y claman ayuda al gobierno municipal y departamental.
El infierno en la cuadra
Ayer, pasadas la una de la tarde, los bomberos recibieron la llamada de auxilio. De inmediato llegaron al sitio varias máquinas, pero la entrada fue complicada por lo estrecho del lugar. Con ayuda de la comunidad, extendieron mangueras y conexiones para llegar a las viviendas que ya eran devoradas por las llamas.
Gracias a la rápida reacción evitaron que el incendio se propagara a los barrios vecinos, aunque varias casas en patios cercanos también se vieron afectadas. Los vecinos aseguran que el fuego se extendió demasiado rápido porque las viviendas estaban hechas de guadua y láminas de zinc, algunas de uno, otras de dos y hasta de tres pisos, donde vivían varias familias hacinadas o personas que pagaban arriendo.
La candela no dejó víctimas humanas, pero sí se llevó la vida de un pobre animalito, un pitbull quedó atrapado entre las llamas, sin poder escapar. Sus dueños, en medio de la desesperación, no alcanzaron a sacarlo. Vecinos cuentan que tal vez se escondió al sentirse acorralado por el calor. La tristeza por su muerte se sumó al dolor de la comunidad.
Sí hubo varios heridos, entre ellos un bombero y personas que sufrieron cortadas al intentar sacar pertenencias entre tejas de zinc retorcidas. Tanto así que hasta cerraron el paso por un callejón para evitar más lesionados.
Los cuerpos de socorro trabajaron hasta altas horas de la noche, fueron 14 vehículos entre máquinas de incendio, carrotanques y camionetas de apoyo, y 92 unidades entre bomberos oficiales y voluntarios, Cruz Roja, Defensa Civil y la Unidad de Operaciones Especiales en Emergencias y Desastres de la Policía Nacional. El balance inicial habla de 35 familias afectadas, aunque se estima que la cifra puede ser mayor. Dato
La hipótesis más fuerte apunta a un cortocircuito, pero hasta el cierre de esta edición no se había confirmado la causa exacta.
Dato
Hoy, los afectados siguen en el lugar, recogiendo escombros y limpiando para levantar de nuevo lo que puedan. No tienen dónde ir y piden ayuda inmediata de las autoridades.
El pobre animalito
El pitbull que murió atrapado entre las llamas se convirtió en símbolo del dolor de Las Margaritas II. “Era un ser sintiente, sufrió como cualquiera de nosotros”, dijeron vecinos que lloraban al recordar al animalito que no logró escapar del fuego.
Mano solidaria
Los habitantes de barrios cercanos abrieron sus casas para guardar los pocos enseres que alcanzaron a salvar. Otros repartieron agua y ayudaron a los bomberos a mover escombros.
Johanna Cerna Correa
“Mi mamá y mis primos lo perdieron todo, llevaban 12 años levantando su casita y en segundos se quedó en cenizas. Aquí cualquier chispazo genera un incendio. Solo pedimos que el alcalde y la gente con recursos nos ayuden, aunque sea con una teja, una guadua, un clavo… porque aquí hay madres cabeza de hogar que con las uñas levantaron su rancho”.
Charid Galvis
“Nos tocó apuntalar con guaduas lo poco que quedó. Perdimos ropa y varias cositas, pero gracias a Dios alcanzamos a sacar los animalitos. Los vecinos han sido muy solidarios, nos dejaron guardar cosas y hasta nos dieron agua y comida. Lo que pedimos es ayuda para tapar, porque todo quedó vuelto nada”.
María Eugenia Muñoz
“La mía fue una de las primeras que se prendió. Esto es una invasión, casi todas las casas eran de guadua de hasta tres pisos, porque no tenemos otra opción. Menos mal no hubo muertos, solo el perrito que no alcanzó a salir. Lo que necesitamos es ayuda del gobierno, porque aquí nadie puede levantarse solo”.+
Carlos Alberto Rivera
“Yo iba camino al Kennedy cuando me devolví al ver el humo. Mi hermano, que recién salió de una cirugía, perdió todo. Vivía arrendado y quedó con lo que tenía puesto. Aquí hay mucha gente en las mismas, que ni una cobija salvaron. Lo mínimo es que nos den una mano, porque la desgracia fue demasiado grande”.
Baldes contra el fuego
La desesperación era tanta que los vecinos se alinearon en una fila con baldes de agua, pasándolos de mano en mano para intentar apagar las llamas, mientras gritaban a todo pulmón que todos salieran de las casas.
Entre agua y lágrimas
En uno de los callejones, las familias alcanzaron a sacar colchones, neveras, lavadoras, estufas, clósets, ropa y una infinidad de cosas. Pero como si la desgracia no fuera suficiente, empezó a llover. Para evitar que todo se dañara más, los cubrieron como pudieron con una lona improvisada, mientras veían cómo lo poco que salvaron también se empapaba.
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