Los rostros de una tragedia que no se debe repetir

Tal como lo expresó en un reciente comunicado la Agencia Nacional de Minería (ANM), la cordillera central geológicamente contiene yacimientos de metales preciosos que, por acción de la erosión llegan al río, se depositan allí, razón por la que muchas personas lamentablemente buscan extraer los materiales en el lugar sin las condiciones técnicas requeridas para un trabajo seguro.

Esta es la realidad a la que se ven expuestas cientos de familias que ven en la minería la forma de conseguir el sustento diario, a falta de otras oportunidades. La tragedia del os 11 mineros que murieron mientras trabajaban en una mina en zona rural de Neira, Caldas, y cuyos cuerpos fueron recuperados tras 24 días de intenso trabajo de los socorristas, deja la reflexión abierta para las autoridades sobre la importancia de evitar este tipo de tragedias. Desde el 26 de marzo, cuando estas personas quedaron atrapadas en el socavón que se inundó con unos 17 metros cúbicos por el aumento del caudal del río Cauca, se activó un protocolo de atención de emergencias, con equipos conformados, entre otros, por 14 socorristas mineros de la zona y 75 personas de la comunidad, distribuidas en tres turnos de 25 personas. La Gobernación de Risaralda brindó acompañamiento con maquinaria, combustible, alimentación y apoyo psicosocial.

 

¿Quiénes eran las víctimas?

Luis Esteban Londoño tenía 31 años y era padre de dos hijos. Desde hacía tres años viajaba todos los días a trabajar en la mina. Era oriundo de Medellín y residía en el barrio Popular del corregimiento de Irra. Días antes de la tragedia había comentado a sus familiares que tenía miedo de ir a la mina porque el río estaba crecido y se escuchaban las piedras que arrastraba.

 

 

Samuel David Tapasco, de 26 años, siempre se había dedicado a la minería. Llevaba dos semanas trabajando en la mina donde perdió la vida. Tenía 4 hermanos, era soltero y le ayudaba económicamente a su mamá. Vivía en el barrio El Aguacate de Irra.

 

 

 

Jhon Edwin Gómez Mapura, de 22 años conocido como ‘Morocho’ era oriundo de Irra y había dedicado su vida a la minera, sin embargo era la primera vez trabajaba en la mina donde falleció. Vivía con su esposa en el barrio El Aguacate de ese corregimiento y era hermano medio de José Henry, otro de los mineros fallecidos.

 

 

 

José Henry Jiménez Díaz tenía 26 años. El día de la tragedia fue a la mina a pedir empleo y se quedó trabajando. Era un hombre serio, reservado, padre de una hija de tres años y vivía con su esposa cerca al cementerio de Irra.

 

 

 

 

Joel Briseño Carrera, de 40 años era venezolano, mecánico y trabaja en fincas. Llevaba tres días trabajando en la mina cuando ocurrió la tragedia. Tenía una hija de 7 años y vivía en el barrio El Duende de Irra. Le manifestaba a su familia que le daba miedo que la mina se derrumbara o se entrara el agua.

 

 

 

Juan David Torres residía en el corregi-miento de Arauca Caldas y dedicó su vida a la minería, actividad que le daba el sustento para su esposa y sus dos hijos. Era el primer día que iba a la mina donde encontró la muerte.

 

 

 

 

Sandro Escarpeta García tenía 44 años, era oriundo del corregi-miento de Irra y desde muy niño trabajaba en la mina. Era padre de dos hijos. Residía en La Carrilera, en jurisdicción de Tapias, Caldas.

 

 

 

 

Los hermanos Alexis y Diego Tabar-quino, vivían en la vereda Aguasalada.

 

 

 

 

Edwin Tabar-quino.

 

 

 

 

Juan Bautista Bañol, víctima de la tragedia en la mina.

SUSCRÍBETE A NUESTRO BOLETÍN INFORMATIVO

Para estar bien informado, recibe en tu correo noticias e información relevante.

 
- Publicidad -

LO ÚLTIMO

- publicidad -