Se despidió para no regresar jamás

Los familiares de un adulto mayor que se convirtió en la más reciente víctima de autoeliminación no salen del asombro ante la tragedia que viven. En los últimos meses notaron cambios en la actitud del hombre e iniciaron una cruzada para que lo valoraran médicos y mejorar su estado de ánimo.

20 años vendiendo dulces

José Rodrigo Vargas Duque nació en el municipio de Manzanares, Caldas pero hace varias décadas echó raíces en tierras risaraldenses. Hace 40 años fijó su residencia en el barrio El Japón de Dosquebradas. Tenía 84 años y durante 20 se dedicó a trabajar como vendedor ambulante, era el dueño de un puesto de dulces ubicado en la calle 12, muy cerca del sector de los puentes. En la zona, Don Rodrigo, como le decían todos, era reconocido como un hombre trabajador, respetuoso y decente. Toda su vida le gustó madrugar a trabajar, salía de su casa a las 6:00 de la mañana tras tomar el desayuno y regresaba a las 5:00 de la tarde, era un relojito con sus horarios. El tiempo que tenía libre lo dedicaba a disfrutar en compañía de su familia, veía televisión o se divertía con juegos de mesa, de cariño le decían Kika.

Era un hombre conversador, alegre y querido por muchas personas, pero desde hace casi tres meses tuvo un cambio radical en su vida. Ya no era feliz, decía que estaba cansado, perdió peso porque dejó de comer, su familia empezó a verlo muy deprimido y decidieron llevarlo al médico a hacer chequeos. Un desmayo que tuvo fue una señal que causó mucha alarma, según lo manifiestan sus familiares.

Vargas Duque no tenía hijos ni esposa, una de sus hermanas era la que cuidaba de él y una sobrina estaba pendiente de sus citas y controles. El carrito de dulces lo guardaba en un parqueadero de la 12.

 

 

 

 

 

 

 

A las 4:00 de la mañana de ayer, José Rodrigo se despertó y sufrió una caída, le manifestó a sus familiares que debía ir a recoger y entregar un encargo antes de sacar su carrito de dulces. Sus allegados le insistieron que se quedara en casa, pero él se negó, dejó su cédula para que le sacaran unas citas médicas y salió de la vivienda. A las 6:30 de la mañana, Vargas tomó una fatal decisión, se lanzó al vacío desde el viaducto y cayó en las escaleras que conectan a La Popa con el barrio San Judas.

 

Funcionarios de la Seccional de Investigación Criminal de la Policía Metropolitana de Pereira realizaron la inspección y el levantamiento del cadáver. El cuerpo permaneció en Medicina Legal hasta ser entregado a la familia para el sepelio.

 

Su familia tuvo un mal presentimiento, dejó las llaves y el celular debajo de la almohada, elementos que siempre llevaba consigo, a las 8:00 de la mañana les reportaron la muerte.

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