Carlos Mario Jiménez Naranjo, conocido como alias Macaco, uno de los más temidos excomandantes de las extintas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), fue condenado a 20 años de prisión por su responsabilidad en 141 hechos criminales cometidos entre los años 2000 y 2005. La condena fue proferida por un juez penal especializado de Bucaramanga, luego de que Jiménez aceptara su culpabilidad en una sentencia anticipada.
La Fiscalía General de la Nación confirmó que los delitos imputados incluyen homicidio agravado, desaparición forzada, desplazamiento forzado, tortura, violencia sexual, secuestro y reclutamiento ilícito, entre otros. El fallo también contempla una multa económica que asciende a 25.000 salarios mínimos legales mensuales vigentes. No se le concedieron beneficios judiciales como la prisión domiciliaria ni la suspensión condicional de la pena, por lo que deberá cumplir la condena en un establecimiento carcelario.
Alias Macaco fue jefe del Bloque Central Bolívar, una de las estructuras más violentas de las AUC, con operaciones criminales en al menos nueve departamentos del país: Antioquia, Bolívar, Caquetá, Cundinamarca, Nariño, Norte de Santander, Risaralda y Santander. Según la Fiscalía, bajo su mando se promovió un plan sistemático para asesinar, desaparecer y desplazar a quienes se oponían a sus actividades ilegales.
Crímenes emblemáticos
Entre los hechos aceptados por Macaco, se encuentran crímenes que marcaron profundamente al país. Entre ellos:
El asesinato del concejal de Barrancabermeja, Héctor Mantilla Rodríguez, en 2000.
El homicidio de los periodistas Flavio Iván Bedoya Sarria y Eduardo Estrada Gutiérrez, en Tumaco y San Pablo respectivamente.
El crimen del investigador del CTI Orlando Torres Losada en Florencia.
El asesinato de los hermanos Arsenio y Oleider Paloma Viuche, miembros de la Unión Patriótica, en La Montañita, Caquetá.
El desplazamiento forzado de los habitantes de la hacienda Las Pavas, en el sur de Bolívar.
También reconoció su responsabilidad en casos de violencia sexual utilizados como mecanismo de sometimiento y terror, entre ellos:
El secuestro, abuso sexual y desplazamiento forzado de una mujer en Bolívar en 2000.
El brutal asesinato de las hermanas Galárraga Meneses en Putumayo, el 1 de enero de 2001.
Casos de abuso sexual y tortura de mujeres en Santander y Bolívar.
De tierras del terror a tierras para la vida
Paralelamente, la Agencia Nacional de Tierras (ANT) anunció la entrega de 1.700 hectáreas de tierras en Cáceres (Antioquia) a comunidades campesinas víctimas del conflicto. Estos predios pertenecieron en el pasado a alias Macaco y fueron usados por el Bloque Central Bolívar para coordinar operaciones paramilitares en el Bajo Cauca.
“El uso de estas tierras para la producción agrícola, en manos de quienes fueron víctimas, es un acto concreto de reparación y dignificación”, aseguró Felipe Harman, director de la ANT. Los campesinos ya se preparan para cultivar arroz, yuca, plátano y ñame, recuperando la vida sobre tierras que durante años representaron muerte.
Una deuda con la verdad y la justicia
Con esta condena, la justicia colombiana reafirma el compromiso con las víctimas del conflicto armado. Sin embargo, para muchas de ellas, el fallo representa apenas un paso en un largo camino hacia la verdad, la reparación integral y la no repetición.
Alias Macaco, quien por años sembró el terror en vastas regiones del país, deberá ahora responder ante la justicia y la historia. Su condena se convierte en símbolo de la larga pero necesaria lucha por la memoria, la justicia y la paz en Colombia.



