En una noche cargada de retórica política, llamado a la acción social y duras críticas al establecimiento, el presidente Gustavo Petro encabezó un cabildo abierto en el Paseo de Bolívar, en el oriente de Barranquilla. Desde allí, convocó a los colombianos a movilizarse en rechazo al hundimiento en el Senado de la consulta popular con la que pretendía revivir buena parte de la reforma laboral archivada en marzo.
En su alocución, que se prolongó por una hora y fue transmitida en directo por televisión pública, Petro se defendió de los señalamientos sobre un supuesto interés en perpetuarse en el poder y negó rotundamente cualquier intención reeleccionista. “No estoy pidiendo que voten por Petro, no me sueño reelegido y no quiero volverme drogadicto del poder porque me volvería asesino. Eso no es para mí”, expresó con vehemencia.
El mandatario sostuvo que su propósito no es promover candidaturas afines ni obtener beneficios electorales. “Lo que sí quiero es que esta juventud tenga oportunidades”, dijo, al tiempo que defendió la necesidad de reformas estructurales para garantizar justicia social, seguridad y educación a las nuevas generaciones, especialmente aquellas que hoy, según él, son vulnerables al reclutamiento por estructuras criminales.
Petro también aprovechó el espacio para anunciar una nueva estrategia dentro de su política de “paz total”: un diálogo directo entre el Gobierno y bandas juveniles barriales que operan en la ciudad. “Antes de hablar de la consulta, quiero hablar en Barranquilla con esas bandas y con esos jóvenes, porque voy a iniciar un diálogo de conversaciones del Gobierno con las bandas juveniles”, declaró, sugiriendo una intervención estatal más cercana a las causas sociales del delito.
El discurso no evitó confrontar a las élites económicas y políticas del país, a quienes acusó de bloquear las transformaciones que su administración ha intentado implementar. “No estamos siendo radicales ni pidiendo algo que no sea normal en el mundo”, dijo, criticando la “mezquindad” con la que —según él— ciertos sectores han recibido sus propuestas.
En un tono desafiante, Petro abrió la puerta a una eventual huelga nacional, similar a la vivida durante el gobierno de Iván Duque. Esta vez, aseguró, sería en apoyo a las reformas de su Gobierno: “Si toca ir a una huelga indefinida, el presidente no estará contra el pueblo”. Y añadió: “Si me van a echar por ello, entonces estalla la revolución en Colombia, porque no vamos a arrodillarnos”.
El evento se da en un contexto político tenso. Aunque el Senado hundió la primera propuesta de consulta, el Gobierno presentó una nueva iniciativa que ahora incluye no solo los 12 puntos originales sobre reforma laboral, sino también cuatro más relacionados con la reforma a la salud. Además, la Comisión Cuarta del Senado analiza nuevamente el proyecto de ley laboral, luego de una apelación que revivió su trámite. Sin embargo, ya se avizoran nuevas resistencias, incluso desde sectores sindicales que exigen que se apruebe el texto tal como fue propuesto o, de lo contrario, anuncian movilizaciones.
La noche en Barranquilla deja claro que el presidente no está dispuesto a ceder en su cruzada por reformas sociales profundas, y que su estrategia frente al Congreso podría estar girando



