Cuando esta profesional belumbrense llegó a la Liga Contra el Cáncer en Risaralda en 30 años logró convertirla en una institución líder en materia de medicina oncológica que ahora busca incursionar en el tratamiento de otras patologías
Óscar Osorio Ospina
El cáncer ha estado presente en los 59 años de vida de María Teresa Romero Henao como una constante, desde aquellos tiempos lejanos cuando una hermana suya murió a causa de esta patología hasta la época presente y su reciente lucha personal contra esta enfermedad. Esta profesional nacida en Belén de Umbría, graduada en Economía Industrial y especializada en Gerencia, comenzó su carrera profesional en el Club Campestre de Pereira y llegó a la Liga Contra el Cáncer de Risaralda el 1º de julio de 1993, cuando esta institución estaba prácticamente en pañales y ha logrado convertirla en la número uno del país. Esta es su historia.
¿Cómo se vinculó a la Liga Contra el Cáncer?
Yo trabajaba en el Club Campestre de Pereira y me aburrí, empecé a buscar trabajo, los puestos que me resultaban no me gustaban y una amiga en el Club, Amparito Ángel de Rivera, me dijo: mire, hay un puesto en la Liga Contra el Cáncer, no sé si será para usted porque es un puesto muy diferente al de aquí y es una empresa pequeña. Yo dije: voy a ir a escamparme, la verdad es esa, porque yo me ganaba tres veces lo que me vine a ganar a la Liga, pero estaba con tantas ganas de cambiar que dije: voy, me oxigeno y respiro y lo podía hacer porque vivía en mi casa con mi papá y mi mamá.
¿Qué era la Liga Contra el Cáncer en aquel entonces?
Era una casita en la carrera 4ª con más o menos 12 empleados, donde está hoy la entrada principal. En esa época allí se hacía la toma y lectura de citología, el doctor Fabio Vallejo era voluntario y prestaba sus servicios gratis, teníamos Ginecología y Medicina General. Hoy somos más de 500 empleados.
¿Qué es hoy esta institución?
Somos una IPS que ha conservado su esencia, por lo que fue fundada por don Bernardo Ángel Marulanda y un grupo de personas que todavía viven, como María Cristina Cuartas de Gaviria que a la fecha todavía es voluntaria activa y miembro de Junta Directiva y del Consejo Superior. Es una institución que se ha fortalecido y que con las uñas, tesón y altruismo, pero con honestidad y mucha tenacidad hemos sacado adelante gracias a un grupo de personas voluntarias, una Junta Directiva y un Consejo que respiramos sangre Liga y donde tratamos de que el que llegue respire sangre Liga para poder tener una institución que le pertenece a la comunidad y que ha crecido mucho. No hemos crecido porque nosotros hayamos querido, sino porque escuchamos las necesidades, porque dónde hay una necesidad de salud y dónde hay una falencia, llega la Liga dentro de sus posibilidades -que cada vez son más amplias- a solucionar ese problema.
¿Con cuántas sedes se cuenta en este momento?
Tenemos la sede de la carrera cuarta, otra en la carrera sexta, la de Cartago que inauguró el pasado jueves, la Unidad Dermatológica, el Centro Oncológico y la sede administrativa en el Centro Comercial Estación Central.
¿Qué episodios críticos ha vivido a lo largo de esta historia?
Hemos tenido muchos momentos críticos, por ejemplo, cuando han llegado IPS oncológicas a la ciudad lo que de una u otra forma afecta la parte económica y el tema de los precios -yo no sé cómo hacen para jugar con esa parte-, también el tema de la cartera que ha sido difícil: llegamos a tener una cartera antes de pandemia, de más de 365 días, por $20.000 millones. Eso es un asunto muy fuerte, hay que empezar a gestionarla, subirse en un avión, hablar con los presidentes de las EPS, pedir ayuda, pero nunca hemos parado servicios a los pacientes. Al pasar de ser una IPS pequeña a una IPS grande, yo digo que crecer duele y duele muchísimo, empezando por tener una nómina que pasa de unos cuantos millones a una de $1.000 millones, eso es crecimiento. Pero lo hemos hecho con la seguridad de que el balance social funciona y gracias a Dios, yo soy muy creyente, los resultados se nos dan. Y el año pasado atendimos un promedio de 1.250 personas diarias.
¿Cuáles son los planes a futuro?
Vamos a ampliarnos para ser pluripatológicos, no porque queramos sino porque cuando el paciente viene a la Liga muchas veces se empieza a complicar con otras patologías o tiene algún tipo de reacción en unos horarios no habituales, se nos va para unas urgencias a unas clínicas que pueden ser muy buenas pero que no saben el tratamiento que está teniendo esa persona. Ahí habría que hablar de ser multidisciplinarios, que el oncólogo pueda hablar con el cardiólogo o con el Neumólogo, entonces por obligación tenemos que ser pluripatológicos para poder tener al paciente concentrado y hacerle un tratamiento integrado. Lo que necesitamos es una clínica como la que estamos soñando
¿Exactamente qué es lo que sueñan?
Soñamos una clínica bien ubicada de más o menos 120 a 150 camas, la cual va a estar en el Centro Oncológico y va a tener urgencias, primeros auxilios, toda la parte técnica que puede necesitar cualquier persona, pero que además nunca dejemos de lado esa parte humana y el buen trato que es lo que nos identifica. La idea es que el paciente no se mueva de ahí y que lo que necesite se lo hacemos.
¿Qué características tendrá a esa clínica?
Será una clínica con toda la tecnología, con UCI que la tenemos aquí en la carrera cuarta con 11 camas entre cuidado intermedio y cuidado crítico y 39 camas hospitalarias, es un hospital complejo porque Oncología es complejo dado que oncología empiezan afectar muchas partes de la persona, en la mayoría de los casos celebramos la vida, pero después de unos tratamientos fuertes. Además, necesitamos ser regionales, en ese tema se incluye el laboratorio clínico y el servicio de inmunohistoquímica que no lo hay en el Eje Cafetero. Cuando el paciente tiene una patología, muchas veces requiere saber el apellido de esta patología, se requiere saber más allá y tenemos que mandar la inmunohistoquímica a Cali o a Medellín.
¿Qué papel juega, en este escenario, la sede abierta hace poco en Cartago?
Necesitamos ser regionales, por eso estamos abriendo Cartago, un sitio que nos quedó espectacular en Santiago Plaza, con los parqueaderos requeridos, es muy agradable y muy bonito. Próximamente nos entregan una unidad móvil que va a tener un mamógrafo igual o mejor que el de la carrera cuarta, ecógrafo y colposcopio para poder hacer exámenes de diagnóstico precoz, la cual valió aproximadamente $2500 millones y todavía estamos buscando donantes para esa unidad que va a recorrer el departamento y el Norte del Valle, yo me sueño yendo con ella a Chocó para poder hacer diagnósticos y para poder celebrar la vida.

El cáncer, en carne propia
Fue un tema muy fuerte, pero nunca pensé que me fuera a morir, nunca, nunca… Cada año me hacía los exámenes, la ecografía, la mamografía, me sentí una bolita en diciembre y dije: tan raro esto no es mío. El día que tenía la cita en la misma Liga no fui, se me olvidó… entonces me programé para un miércoles y el resultado creo que fue muy sorpresivo, pero muy oportuno. Eso demuestra que, al hacerse los exámenes, al educarse y al hacerse revisión de exámenes oportunos, celebramos la vida. Fue un tema muy doloroso porque empezamos pensando que era un tratamiento oral, me pasé a quimioterapia intravenosa y perdí todo mi cabello, no me pareció tan difícil. Creo que fue un tema muy doloroso, pero muy bonito, porque uno reevalúa y cambia muchas cosas de su vida. Lo importante de estos procesos es cambiar el chip, yo creo que de eso se trata. Vea, le va a sonar muy contradictorio, pero es hasta una bendición porque uno empieza a valorar muchas cosas que antes no valoraba.
Y reafirma aquello de que un diagnóstico a tiempo…
… salva vida. Los exámenes de mama, de próstata, la citología, también un buen diagnóstico, conocer nuestro cuerpo, saber cómo funciona y entonces que si usted ya no orina o no defeca normalmente, tiene sangre en las deposiciones, son alertas que da el cuerpo y hay que escucharlas.



