La seguridad del Estado Mayor ruso volvió a quedar en entredicho este viernes tras la muerte del teniente general Yaroslav Moskalik, quien falleció en una potente explosión causada por un carro bomba en las afueras de Moscú. Las autoridades ya investigan el hecho como un atentado terrorista.
Moskalik, de 59 años, se desempeñaba desde 2021 como subjefe del mando de operaciones del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas rusas y figuraba en la lista ucraniana Mirotvorets, que identifica a quienes considera “enemigos de Ucrania”.
Según reportes preliminares del Comité de Instrucción de Rusia (CIR), el general se encontraba cerca del vehículo —un Volkswagen Golf— cuando fue activado de forma remota un artefacto explosivo. El canal Mash detalló que el coche estaba estacionado justo frente a su residencia, ubicada en una urbanización para militares retirados al este de Moscú.
Una fuente de seguridad citada por la agencia estatal TASS confirmó que en el lugar se hallaron fragmentos del artefacto explosivo. Algunos medios como Kommersant señalaron la posible existencia de una segunda víctima, aunque esta información aún no ha sido verificada oficialmente.
Origen ucraniano del vehículo
Uno de los detalles más delicados es que el último propietario del coche habría sido un ciudadano originario de Sumi, una ciudad ucraniana, lo cual ha intensificado las sospechas sobre una posible conexión con los servicios secretos de Ucrania. Otras versiones hablan de una bombona de gas en el interior del coche que habría amplificado el impacto, equivalente a unos 300 gramos de trilita, causando además daños colaterales en autos cercanos y ventanas de edificios adyacentes.
Investigación en curso y reacciones oficiales
El Comité de Instrucción abrió una causa penal por asesinato y tenencia ilegal de explosivos. Mientras tanto, la portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, calificó el ataque como un “atentado terrorista”.
Equipos forenses y agentes de seguridad acordonaron la zona poco después del estallido. Las imágenes difundidas por medios rusos mostraron la magnitud de la explosión, que acabó de inmediato con la vida del alto mando.
Este nuevo atentado se produce meses después del asesinato del general Ígor Kirílov, jefe de la defensa radiológica, química y biológica, en circunstancias similares. En ambos casos, los atacantes habrían estudiado meticulosamente los hábitos diarios de sus víctimas, desde sus horarios hasta sus rutas cotidianas.
Críticas a los servicios de inteligencia rusos
El presidente Vladímir Putin ya había reconocido anteriormente “fallos graves” en los protocolos de seguridad tras la muerte de Kirílov, y este nuevo incidente vuelve a poner en tela de juicio la efectividad de los servicios secretos rusos.
“El asesinato de Kirílov mostró que nuestros servicios de seguridad están permitiendo este tipo de ataques. Es urgente mejorar el trabajo y evitar errores tan graves”, dijo Putin en diciembre.
Tras ese atentado, el Servicio Federal de Seguridad (FSB) informó de la detención de cuatro ciudadanos rusos y aseguró haber frustrado varios complots para asesinar a otros altos mandos militares.
La muerte de Moskalik marca un nuevo capítulo de tensión y vulnerabilidad dentro de la cúpula militar rusa, en un contexto cada vez más sensible por la prolongada guerra en Ucrania.



