Un nuevo enfrentamiento político se desató en redes sociales luego de que el exministro de Educación Alejandro Gaviria calificara al actual Ejecutivo como el más corrupto de la historia reciente del país. Sus declaraciones provocaron una reacción inmediata del presidente Gustavo Petro y encendieron el debate con la senadora y aspirante presidencial Paloma Valencia.
El mandatario respondió señalando que los episodios más graves de corrupción y violaciones a los derechos humanos ocurrieron en administraciones pasadas. En su mensaje, hizo referencia a los llamados “falsos positivos” y a presuntas irregularidades en el manejo de recursos de la salud, apuntando a gobiernos anteriores y mencionando al expresidente Álvaro Uribe Vélez. Petro sostuvo que los verdaderos actos corruptos estuvieron ligados a modelos económicos que, según él, convirtieron derechos fundamentales como la salud en negocios financieros.
Además, el jefe de Estado cuestionó la visión académica y económica de Gaviria, a quien vinculó con políticas que, en su criterio, profundizaron el modelo neoliberal en Colombia. Defendió, en contraste, su apuesta por una transición hacia energías limpias y un crecimiento económico basado en nuevas capacidades tecnológicas.
La controversia escaló cuando Paloma Valencia intervino en la discusión. La dirigente del Centro Democrático lanzó duras críticas contra el presidente, asegurando que su gobierno no solo enfrenta cuestionamientos por presunta corrupción, sino que —según afirmó— utiliza discursos confrontacionales para desviar la atención pública. En su mensaje, calificó al mandatario de arrogante y lo acusó de faltar a la verdad en sus intervenciones.
Valencia también ironizó sobre las políticas económicas del Ejecutivo, al señalar que, a su juicio, ni un incremento extraordinario del salario mínimo alcanzaría para ocultar los escándalos que rodean a la administración.
El intercambio evidencia la creciente tensión política en medio de un ambiente preelectoral y revive el debate sobre la transparencia, la memoria histórica y el rumbo económico del país. La confrontación, que comenzó con una opinión académica, terminó convirtiéndose en un nuevo capítulo del pulso entre el Gobierno y la oposición.



