En medio de tensiones diplomáticas y un delicado viaje de Estado a China, el presidente Gustavo Petro generó confusión este miércoles al designar a última hora al ministro de Salud, Guillermo Alfonso Jaramillo, como ministro delegatario durante su ausencia del país. Minutos antes, un decreto oficial firmado por la Presidencia había establecido que sería el ministro del Interior, Armando Benedetti, quien asumiría dichas funciones.
“Quien me reemplazará es la persona que lo ha hecho en la mayoría de las veces cuando salgo del país: Guillermo Alfonso Jaramillo”, escribió el mandatario en su cuenta de X (antes Twitter), dejando sin efecto el decreto 0499 de 2025, publicado por la propia Casa de Nariño y fechado el 7 de mayo, en el que se conferían funciones presidenciales a Benedetti de forma temporal.
Este enroque de último minuto no solo dejó desconcierto en la opinión pública y en los medios, sino que alimentó especulaciones sobre tensiones internas dentro del gabinete y la relación entre Petro y Benedetti, cuya figura ha sido polémica y protagonista de múltiples controversias desde su llegada al gobierno.
¿Qué dice la ley?
De acuerdo con la legislación colombiana, la vicepresidenta Francia Márquez no puede ejercer como ministra delegataria durante la ausencia del presidente, por lo que este debe designar a un miembro de su gabinete que pertenezca a su mismo partido o movimiento político. En este caso, tanto Jaramillo como Benedetti cumplen ese criterio, pero la decisión final recayó en el titular de la cartera de Salud.
Un viaje geopolíticamente sensible
La designación se da en el marco del viaje del presidente Petro a China, del 10 al 17 de mayo, donde participará en el Foro de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) y adelantará reuniones clave con el presidente chino, Xi Jinping. Entre los anuncios más importantes está la intención de Colombia de firmar un acuerdo preliminar para adherirse a la iniciativa china de la Franja y la Ruta, una plataforma global de infraestructura que ha generado recelos en Washington.
De hecho, el viaje ha sido recibido con reservas por parte del gobierno de Estados Unidos, principal socio comercial de Colombia. Mauricio Claver-Carone, exfuncionario del Departamento de Estado y voz influyente en política latinoamericana, reaccionó con ironía: “El acercamiento del presidente Petro con China es una gran oportunidad para las rosas de Ecuador y el café de Centroamérica”, en aparente advertencia sobre posibles repercusiones en las exportaciones colombianas bajo el TLC con EE. UU.
La Cancillería busca calmar aguas
Ante el revuelo, la canciller Laura Sarabia salió al paso con un mensaje conciliador. “El único objetivo, como lo manifestó el presidente hace unos pocos días, es la intención de buscar cooperación y desarrollo para nuestro país. Pero en ningún momento queremos que esto se vea como una afrenta a los EE. UU.”, señaló.
Petro, por su parte, fue enfático en que la relación con China será directa y sin subordinaciones: “Voy a hablar con Xi Jinping de tú a tú, no como arrodillados (…) China no puede ser productora de la pobreza en Colombia”, dijo, en referencia al actual déficit comercial con el país asiático, que asciende a unos 14.000 millones de dólares anuales.
Un socio que aún está lejos
Aunque Petro quiere ampliar los lazos con Beijing, los números muestran que China aún está lejos de los niveles de inversión y comercio que tiene Colombia con Estados Unidos. Según el Banco de la República, entre 1994 y 2023, la inversión extranjera directa china en el país fue de 813,3 millones de dólares, muy por debajo de los flujos provenientes de EE. UU. o España.
Con Jaramillo al frente del Ejecutivo durante su ausencia, Petro deja un mensaje claro de confianza en su círculo más cercano, pero también evidencia que, incluso en decisiones protocolarias, el estilo presidencial continúa generando sorpresas.



