El calvario de La Esneda continua

El 4 de mayo de 2024, un derrumbe en el barrio La Esneda dejó varias viviendas sepultadas, causando fallecimientos, personas heridas y múltiples familias sin hogar. Como respuesta, las autoridades implementaron un protocolo de evacuación y ordenaron la salida preventiva de 16 viviendas. Sin embargo, algunas familias decidieron quedarse, mientras que otras abandonaron el lugar sin recursos para establecerse en otro sitio seguro.

Historia a destacar

Lucila Naranjo Zapata y su esposo, Nicolás de Jesús Toro Pérez, forman parte de los damnificados. “Escuchamos el estruendo y sentimos miedo”, recuerda Lucila. “Después de eso nos trasladamos a Frailes, pero la distancia dificultaba el desplazamiento y los costos de transporte eran altos. Estuvimos allí cinco meses y desde noviembre estamos pagando arriendo en el sector de la Avenida del Río, aunque ya no tenemos cómo cubrirlo porque también debemos pagar servicios y alimentarnos”.

Nicolás, quien padece un trastorno mental, trabaja como vendedor de productos de aseo en el centro de Pereira, pero sus ingresos son inestables. “Hay días en los que no vende nada”, comenta Lucila. Además agregó que, “nos entregaron una ayuda desde DIGER, para tres meses de arriendo y dos mercados, pero desde entonces no hemos recibido más apoyo”.

Aunque su vivienda en La Esneda no colapsó, presenta riesgos por su cercanía a otro barranco. “No podemos regresar por el peligro”, explica. A pesar de esto, siguen recibiendo cobros por el impuesto predial ya que la tienen arrendada. “Nos están cobrando 264 mil pesos por una casa en zona de riesgo. En la alcaldía nos dicen que tenemos que pagar, aunque sea a cuotas y nos está quedando muy difícil, de esa casa solo nos pagan 400 de arriendo y tenemos otros gastos”.

El proceso de reubicación del barrio avanza lentamente. “Nos dijeron que nos iban a reubicar, pero no ha ocurrido nada”, indica Lucila. “Después del derrumbe en la Avenida del Río, aún no han entregado las primeras casas”.

Las condiciones económicas de la pareja son complicadas. “Pagamos 700 mil pesos de arriendo, más servicios y alimentación. No hay recursos suficientes”. La señora Lucila solicita apoyo de la alcaldía municipal. “Necesitamos una solución, ya sea con la reubicación o con más ayudas”, expresa.

Preocupación constante

El barrio La Esneda se encuentra en monitoreo constante debido a antecedentes de derrumbes. La amenaza aumenta en temporada de lluvias, lo que genera incertidumbre entre quienes aún residen en la zona y quienes, como Lucila y su esposo, poseen vivienda allí pero no cuentan con recursos para habitar en un lugar más seguro.

Según reportes, el terreno donde ocurrió el derrumbe ya había sido identificado como una zona de riesgo en años anteriores. Las autoridades han realizado estudios geotécnicos en el área, pero la ejecución de planes de mitigación ha sido lenta. Algunos vecinos han manifestado su preocupación por la falta de medidas efectivas para prevenir futuros deslizamientos.

Mientras tanto, la incertidumbre persiste. “No sabemos qué va a pasar”, dice. “Solo queremos una solución, un techo seguro donde podamos vivir sin miedo”. La comunidad de La Esneda sigue esperando que las promesas de reubicación se materialicen, mientras enfrentan diariamente las dificultades económicas y el temor de que otro desastre pueda ocurrir en cualquier momento.

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