La miopía, hipermetropía y astigmatismo afectan a más del 40 % de los escolares. El uso excesivo de pantallas y la falta de tamizaje visual agravan la situación
Un reciente informe presentado por la Fundación Universitaria del Área Andina seccional Pereira, pone en evidencia un deterioro en la salud visual infantil en la región. Según el estudio, “cuatro de cada diez niños y niñas en edad escolar presentan algún tipo de defecto visual no corregido”, una cifra que enciende las alarmas en el contexto educativo y familiar.
El informe, respaldado por el programa de Optometría de la institución, expone que afecciones como la miopía, la hipermetropía y el astigmatismo están en aumento, especialmente en zonas urbanas como Pereira y Dosquebradas. “Más del 40% de los chicos en edad escolar en la ciudad y en el departamento presentan algún tipo de defecto refractivo no corregido”, señaló Paulo César Zapata Giraldo, docente del programa, quien también explicó cómo estas condiciones se manifiestan: “Los niños se acercan demasiado a las pantallas, pierden la concentración en clase o se quejan de dolores de cabeza frecuentes. Son indicadores claros de que algo no está bien con su visión”.
Uno de los hallazgos más preocupantes es que en los últimos cinco años, los casos de defectos visuales han aumentado un 15 % en Risaralda. Las razones, según el informe, son tanto genéticas como ambientales. El uso intensivo de dispositivos digitales sin pausas adecuadas es uno de los factores determinantes. “El uso excesivo de pantallas sin pausas visuales está incidiendo directamente en el desarrollo temprano de miopía”, advirtió Zapata.
El informe también hace un llamado urgente a diferenciar entre los distintos defectos refractivos: “La miopía afecta la visión lejana, la hipermetropía la cercana y el astigmatismo distorsiona la visión general. Un diagnóstico preciso permite actuar a tiempo y evitar consecuencias mayores”, enfatizó el especialista.
Alejandro León Álvarez, optómetra con amplia trayectoria, coincide en la gravedad del asunto. “Una de las cosas más importantes es promover actividades físicas en los niños. Saltar, correr, recibir luz solar ayuda tanto al desarrollo visual como al general”, aseguró. Para él, las pantallas no son malas en sí mismas, pero deben usarse con límites claros: “Es mejor que su uso sea puntual, por tiempos cortos y solo cuando sea necesario, como en tareas escolares”.
Diagnóstico temprano y prevención
El experto también se refirió a la importancia de las revisiones visuales desde edades tempranas. “Desde los seis meses ya se puede hacer una valoración visual. No hay que esperar a que haya síntomas. A cualquier edad, si hay sospechas o no, se puede y se debe consultar”, explicó.
Aunque existen mecanismos para corregir estas afecciones, como gafas, lentes de contacto o incluso cirugía láser en casos específicos, persisten barreras de acceso. En Pereira, solo el 55 % de los niños entre 6 y 14 años fue evaluado por un optómetra en 2024, según los datos del estudio. “A pesar de campañas escolares y algunas intervenciones públicas, muchos casos aún pasan desapercibidos”, lamentó Zapata.
Detectar a tiempo es esencial, y para ello los adultos deben estar atentos. “Si un niño se acerca mucho a la pantalla del televisor, entrecierra los ojos, se rasca los ojos con frecuencia o los tiene rojos, son señales claras de una posible alteración visual”, explicó León Álvarez. También recomendó aplicar la regla del 20-20-20: “Cada 20 minutos de uso de pantallas, mirar algo a seis metros de distancia durante 20 segundos”.
Finalmente, León hizo un llamado contundente: “Permitan que los niños sean niños. Vivimos en una época en que el mundo de un menor se reduce a una distancia de un metro. Eso limita su desarrollo visual. Si no fomentamos desde ya el juego, el movimiento y la exposición a diferentes entornos, los problemas visuales seguirán creciendo”.
La salud visual infantil, lejos de ser un asunto menor, se evidencia como un desafío urgente. El llamado de los especialistas es claro: prevenir, detectar y actuar antes de que las dificultades visuales limiten el desarrollo integral de las nuevas generaciones.



