En pleno arranque de diciembre, una familia quedó con la Navidad hecha pedazos. El joven al que amaban con toda el alma murió en un brutal accidente donde, según se conoció, terminó golpeando su cabeza contra el asfalto tantas veces que ni el casco, por muy bueno que fuera, pudo salvarlo. Sobre la carretera quedaron las manchas de sangre que contaron, solas, el final del muchacho.

El siniestro
Ocurrió pasando Cerritos en la vía que conecta con el municipio de La Virginia, donde circulaban tres vehículos, una buseta que venía sentido La Virginia – Pereira y dos motocicletas que iban sentido Pereira – La Virginia.
El joven Anderson Correa Tapias, de 22 años, conducía su motocicleta KTM 390 color negro con naranja. Delante de él también iba Carlos Arturo Gallego Zuluaga en su motocicleta Discover, y en la vía opuesta se movilizaba una buseta de servicio público.

Según se conoció, el joven habría pasado muy rápido por el costado del microbús, lo rozó y eso lo desestabilizó. En ese momento, perdió el control y se abrió a donde iba Carlos Arturo, a quien golpeó por detrás, justo en la canasta donde este llevaba verduras y otros elementos. El golpe tumbó al señor, pero solo sufrió una raspadura leve en su pierna derecha porque venía a velocidad moderada.

Sin embargo, Anderson no tuvo la misma suerte. Ya completamente fuera de control, la moto se le fue, y él recibió cerca de 5 golpes en la cabeza contra el pavimento. El casco se partió en dos y quedó tirado en la vía. El joven murió de inmediato.
Los vehículos involucrados
2. Motocicleta Discover OYE-44F, color negro, conducida por Carlos Arturo Gallego Zuluaga, ileso.
3. Motocicleta KTM 390 SFD-67D, color negro, conducida por Anderson Correa Tapias, quien falleció en el sitio por los politraumatismos.
Testigos que lo vieron

Q’hubo también habló con Carlos Arturo Gallego, quien vive en Balboa y trabaja en el campo. Venía con suplementos para su labor cuando el joven lo golpeó por detrás. Según dijo, todo pasó muy rápido y ese toque lo tumbó de la moto. Solo terminó con una raspadura en la rodilla derecha. Aseguró que lamenta la muerte del muchacho, pero explicó que un accidente así perjudica a los trabajadores como él, porque les embalan la herramienta de trabajo, se llevan la moto al patio, cobran estadía, quedan sin transporte y con deudas.
Era su pasión
Anderson era un muchacho alegre, familiar, muy apegado a sus papás y querido por todos.
Quizá se hubiera salvado
El levantamiento



