En el Centro de Pereira, el Palacio de las Velas, cada llama representa fe, tradición y esperanza. Allí Mario Agudelo mantiene vivo un legado familiar.
En el centro de Pereira se encuentra un lugar lleno de tradición, simbolismo y espiritualidad. Allí, Mario Agudelo Ospina, comerciante y apasionado por el arte ancestral de la cera, continúa un legado familiar con más de 30 años de historia. “Una vela es mucho más que cera y mecha; es luz, fe y transformación”, afirma Mario con convicción. Explica que las velas tienen origen en tiempos antiguos, desde las antorchas egipcias hasta los actuales velones aromáticos. Su significado, según relata, va desde lo estético hasta lo profundamente espiritual. “Encender una vela es dar un sentido a la vida, es recordar, agradecer o simplemente buscar paz”, agrega.
Cada color, olor, tamaño y forma tiene un propósito: el blanco transmite pureza, el rojo invoca el amor, el verde la abundancia y el violeta la espiritualidad. La llama también habla: si es alta o tenue, nuestros deseos avanzan; si tiene mucho movimiento, hay obstáculos. En el Palacio de las Velas no solo se encuentran velas y velones, también se ofrecen esencias, pebeteros, inciensos, palo santo y artículos religiosos. “Aquí vendemos esperanza, porque la fe, combinada con convicción, hace milagros”, dice Mario.
Aunque hoy hay más competencia, el negocio sigue firme. “La luz nunca deja de ser necesaria”, expresa. Y concluye con una invitación: “Prende una vela, enciende tu fe y continúa. Aquí estamos para acompañarte con calidad, tradición y espiritualidad”. Finalmente en fechas especiales como la Semana Santa, el lugar se llena de devotos en busca de inciensos de mirra, eucalipto, álcema o colofonia, acompañados de incensarios listos para el ritual. “Este es un templo de fe cotidiana. Aquí cada velón encendido tiene una historia, una petición, un corazón que espera ser escuchado”, concluye.




