El viacrucis al noveno piso de la alcaldía

En medio de esta fila ni siquiera parece Pereira, hay un ambiente de resignación tan colombiano que podría ser cualquier lugar menos la bulliciosa y morena. Parece lobby de EPS, nadie protesta, todos esperan, nadie exige o pregunta, solo alardean lo bien educaditos que quedaron. Por eso siguen en la cola de personas que necesitan hacer una diligencia en la alcaldía sin chistar.

 

9:24 de la mañana, antes que nosotros están 12 ciudadanos esperando pacientemente que el único ascensor para este edificio de 10 pisos, al que entran al día alrededor de 1.000 empleados entre personal de planta y contratistas y un número casi similar de ciudadanos los suba.

 

A razón de la Pandemia, solo pueden abordarlo entre cuatro y cinco personas por vez, así tenga capacidad para 16 o 1.200 kilogramos, mientras se siente una especie de emoción infantil, parecida a la que da en las filas de atracciones de la ciudad de hierro. ¿Así sería lo que sintieron los manizaleños que hicieron fila en pleno siglo XXI, cuando instalaron las primeras escaleras eléctricas en un centro comercial??

 

Señor ascensorista, ¡Al noveno, por favor!

Por fin llegó nuestro turno, mi compañero de trabajo mira el reloj, fueron siete minutos de fila, vuelve la memoria infantil cuando uno entraba al ascensor de la mano de la mamá y un señor de traje gris preguntaba a qué piso, cerraba la reja y después automáticamente sí se cerraban las puertas del ascensor. 

 

Los colombianos típicos en uso de su malicia indígena suben al segundo para pedirlo desde ahí, pero no cuentan con que para pero no se pueden subir. La Dirección de Parques y Arborización queda en el noveno piso de la alcaldía, la idea era preguntarle al señor Germán Cardona (vaya homónimo) qué acciones van a emprender o con qué presupuesto se cuenta para salvar los parques Olaya y Corocito, situación que coincide paradójicamente con el anuncio de los $28 mil millones destinados para El Vergel. Tuvimos que venir, porque el whatsapp de este funcionario sufre de ignoración a periodistas y el teléfono timbra pero no contestan.

 

De todas formas fue solo un paseo de más de 10 minutos, porque Cardona se encontraba en una reunión y aunque amablemente una de las ocho auxiliares que está en la sala anterior a la de él tomó los datos, para llamarnos luego, esto nunca sucedió.

 

Sin caída libre

Ahora la espera ya no es tan emocionante, se trata de bajar y aunque hay escaleras auxiliares y principales, pues hagamos uso de la pereza. Al fín se abre la puerta, hay un hombre adentro y subimos tres. El ascensor para en cada piso, porque alguien infructuosamente lo pidió, se cansó de esperar y por eso al llegar solo se ve una mata o una puerta, tal vez una silla.

 

La puerta se abre en el cuarto piso y esta vez sí hay alguien que así haya querido irse tuvo que esperar, porque está en silla de ruedas, al ver el ascensor lleno retrocede la silla, pero nosotros nos bajamos para que él pueda subir. Igual en este piso queda el área de Servicios Generales, para preguntarles ¿Para cuándo lo del ascensor? pero las secretarias contestan que es directamente enseguida, en la Secretaría de Gestión Administrativa.

 

La secretaria no está, nadie sabe para dónde se fue, esperamos un rato, el acrílico opaco de la puerta deja ver que al interior de la oficina tampoco hay nadie, la señora de servicios generales se acerca y comenta, ‘ella está enferma y no vino hoy’, entonces pedimos el teléfono, contesta una voz con claros síntomas de gripa y responde que el secretario Duparfay de Jesús Buitrago, no nos puede atender pues está en reunión de sindicatos.

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