El crimen organizado avanza sobre puertos, aeropuertos y territorios urbanos, ante una débil coordinación institucional.
Miguel Ángel Díaz, presidente de Confevip, el gremio nacional de las empresas de vigilancia privada, lanzó una fuerte advertencia sobre el deterioro de la seguridad en Colombia. “La percepción de inseguridad ha aumentado en un 50% en los últimos cuatro años. El secuestro y la extorsión han crecido un 60%. Estamos en un punto crítico y el país necesita respuestas urgentes”, afirmó.
La gravedad de la situación ha motivado la realización del Congreso Internacional de Seguridad, que se llevará a cabo el hoy y mañana en el Hotel Las Camelias. El evento reunirá expertos y representantes de países como Estados Unidos, México, España, Chile, Perú y Ecuador. “Lo que buscamos es internacionalizar el concepto de seguridad, aprender de las mejores prácticas y coordinar esfuerzos entre el sector público y privado”, explicó Díaz.
El evento girará en torno a cinco ejes estratégicos propuestos por el gremio al Gobierno Nacional:
- Tecnología al servicio de la seguridad: “Tenemos la capacidad tecnológica para apoyar la seguridad en las carreteras, municipios y ciudades: drones, controles de acceso, cámaras inteligentes. Podemos aportar ya mismo”, señaló Díaz.
- Inteligencia artificial como herramienta preventiva: “La IA permite detectar patrones de comportamiento en redes sociales que pueden anticipar delitos o atentados. Hay software que ya lo hace, y queremos ponerlo al servicio del país”, dijo.
- Seguridad en procesos electorales: Con la participación de candidatos presidenciales, se discutirá cómo garantizar la seguridad de las campañas y qué rol puede tener la vigilancia privada. “Podemos apoyar en cárceles, eventos masivos, infraestructura crítica y centros urbanos.Solo falta voluntad de articularnos”, insistió.
- Relación entre seguridad y economía: Según Díaz, “sin seguridad no hay inversión, sin inversión no hay empleo, y sin empleo estamos condenando el talento nacional a irse del país. La seguridad es una palanca para el desarrollo”.
- Educación ciudadana y profesionalización del sector: Se lanzará la app La Universidad del Vigilante, para masificar la formación en temas de seguridad. “Queremos que la ciudadanía se eduque y que el vigilante se convierta en un agente de transformación social”, sostuvo.
Radiografía de la inseguridad
Díaz no dudó en describir la crisis. “Los negocios en los pueblos y ciudades están siendo extorsionados. El crimen organizado ya controla puertos y aeropuertos. El caso de ‘Papá Pitufo’ revela redes de narcotráfico, sobornos y fraude fiscal. Si no lo enfrentamos, el poder regional quedará en manos del crimen”.
Ciudades como Cartagena, Cali, Barranquilla y Bogotá encabezan las estadísticas en delitos como extorsión, fraude, homicidio y atracos. “Son las más golpeadas por esta ola. Y el gran problema es la falta de coordinación institucional”, advirtió. “Se necesita que Policía, Ejército, Fiscalía y otras entidades actúen articuladamente, bajo el liderazgo del Gobierno Nacional. Si no hay ese liderazgo, cada institución actúa por su cuenta y los territorios quedan desprotegidos”.
Pereira: una ciudad en alerta
Al referirse a Pereira, Díaz fue enfático: “Hace parte del deterioro general. Hay aumento del secuestro, extorsión, homicidio y contrabando. La gente está aterrada. El robo de celulares ya se convierte en una razón para matar. Hay zonas críticas que requieren atención urgente”.
¿La solución? “Organización ciudadana. Redes de cooperantes con el Gaula, alianzas con cámaras de comercio, empresarios, comunidades. La seguridad no es solo de la Policía. Todos debemos ser parte. Denunciar es fundamental. No podemos normalizar la violencia”.
Un llamado al compromiso
Antes de concluir, Díaz hizo una invitación contundente: “Esperamos a todos en el Congreso. Al alcalde de Pereira, a los gobernadores, al empresariado, a la ciudadanía. Ya confirmaron autoridades nacionales e internacionales. Es el momento de unirnos y buscar soluciones. No podemos dejar que el crimen siga ganando terreno”.
Con cifras preocupantes, diagnósticos claros y propuestas concretas, el sector privado levanta la voz en un país que parece sumido en el miedo. La seguridad, más que un tema de autoridad, es ahora una cuestión de supervivencia y futuro.



