Profesionales de gerontología, médicos y coordinadores del programa Expresarte explican cómo se acompaña a los adultos mayores con demencia senil y Alzheimer, y por qué la sociedad debe prepararse para una región que envejece aceleradamente.
El envejecimiento acelerado de la población en Risaralda y el Eje Cafetero ha puesto en primer plano los desafíos del cuidado de personas mayores con demencia senil y Alzheimer. Según un informe de la Universidad de los Andes, las estimaciones de prevalencia de demencia en Colombia están entre el 1,3% y el 23,6%, y el país concentra la mayor población mundial con la mutación genética PSEN1, asociada al Alzheimer de inicio temprano. Esta realidad exige programas especializados, educación familiar y estrategias comunitarias para sostener el bienestar físico, emocional y cognitivo de los adultos mayores.
En este contexto, entidades como Gerontología Comfamiliar Risaralda han desarrollado iniciativas como Expresarte, un programa que combina arte, actividad física y acompañamiento psicosocial para personas diagnosticadas con Alzheimer en etapas iniciales o medias.
El arte como herramienta
Camilo Revelo, profesional facilitador y profesor de artes plásticas del programa Expresarte, explica que el trabajo no solo se dirige a los usuarios, sino también a quienes los cuidan diariamente. “Los cuidadores tienen una carga muy grande. Existe la información, pero les faltan herramientas para entender lo que atraviesan sus familiares”. También destaca que una de las primeras recomendaciones es aprender a empatizar. “Es una enfermedad donde existe mucha frustración. Las personas se hacen conscientes de que están perdiendo memoria o habilidades, y eso les afecta profundamente. Por eso, la empatía y la paciencia son fundamentales”.
El programa divide sus actividades en dos frentes: talleres artísticos y cognitivos para los usuarios y charlas formativas para los familiares, dirigidas por psicología, gerontología y profesionales en desarrollo familiar. “No es aislar a la persona, sino buscar convivir de la manera más adecuada”, enfatiza
Signos de alerta y cuidados
El médico familiar Julián Fernández expone los primeros síntomas que permiten diferenciar olvidos propios de la edad de señales asociadas a demencia o Alzheimer. “El signo más frecuente es la pérdida de la memoria reciente. Recuerdan el pasado, pero no lo que hicieron ayer o lo que desayunaron”, explica. También menciona la repetición de preguntas, dificultad para encontrar palabras, desorientación en lugares conocidos, alteraciones del sueño y cambios emocionales como apatía o irritabilidad.
En cuanto a los cuidados esenciales en casa, el especialista recomienda mantener rutinas estables, supervisar actividades de riesgo como cocinar o bañarse, garantizar hidratación y alimentación balanceada, y promover ejercicio moderado. “La familia debe encontrar un equilibrio: permitir que sean independientes, pero sin exponerlos a riesgos”, señala.
Sobre los adultos mayores que intentan salir solos de casa, Fernández aconseja evitar regaños, acompañar las caminatas y usar elementos como manillas identificadoras. También sugiere informar a portería o vecinos para prevenir extravíos y facilitar la búsqueda si ocurre una desorientación.
Una región que envejece más rápido que el país
Para Juan Sebastián Marín Martínez, coordinador de gerontología de Comfamiliar Risaralda, el panorama demográfico es un llamado urgente a ampliar la oferta de servicios. “Risaralda tiene un índice de envejecimiento del 114%. Es decir, hay más personas mayores de 60 años que niños menores de 15”, afirma.
Marín subraya que la región necesita espacios seguros y programas para participación social, nuevas habilidades y actividad fí sica adaptada. “Los adultos mayores deben sentirse útiles, escuchados y reconocidos. Su bienestar depende también de las oportunidades que la sociedad les ofrezca”.
Respeto e inclusión
Los tres profesionales coinciden en que el cuidado de personas con demencia no puede recaer solo en las familias. Se requieren políticas públicas, escenarios comunitarios, educación permanente y redes de apoyo. Además, recuerdan que todas las personas, sin importar la edad, necesitan un propósito, socialización y un entorno que reconozca su dignidad. “Nuestras personas mayores construyeron el país que tenemos hoy”, concluye Marín.



