Jorge Emilio Sierra Montoya
En la columna anterior hablamos sobre un extraño mensaje de Petro contra Uribe, a quien describió solo, abandonado, en su hacienda, tras la condena de que fue objeto recientemente. Hoy intentaremos develar su significado. Veamos.
Para empezar, el mensaje en cuestión fue ante todo una burla, poniendo en ridículo a Uribe ante sus lectores o, mejor, ante el país. Nada de compasión, ni siquiera con el mínimo respeto. Lo que allí se refleja es odio, gozando por tan larga condena.
Odio contra Uribe, en su condición de hacendado, pero también contra quienes son dueños de tierras o empresarios, a quienes describe como señores feudales que explotan a sus trabajadores, convertidos en siervos o esclavos. ¡Marxismo puro!
La felicidad de Petro es total, según salta a la vista. Celebra, en fin, lo ocurrido, como si fuera su victoria. Y esto no deja de generar sospechas sobre su posible complicidad en el controvertido fallo judicial que ordenó la citada condena.
¿Y qué decir de la acusación, ya no de la juez sino de él mismo, tildando a Uribe de fascista? El fascismo -recordemos- es un sistema totalitario, opuesto a la democracia y propio de los países comunistas. Es como escupir hacia arriba…
Lo último, a su turno, es la más clara expresión de su profesión de fe en el dogma marxista, según el cual estamos llegando así (con su enemigo en la cárcel) “al triunfo del pueblo, a un mundo nuevo”, tras haber alcanzado dizque la libertad plena.
¿Libertad será esto? ¿O más bien lo será cuando los colombianos defendamos esta democracia por la que el senador Miguel Uribe Turbay ofrendó su vida, enfrentando al régimen despótico que busca implantarse en el país? Ustedes dirán.



