Desde diciembre de 2024, está detenida la construcción de un puente en el barrio Málaga, una obra clave para garantizar el acceso seguro a la institución educativa.
En el barrio Málaga de Pereira, la comunidad educativa de la Institución Hugo Ángel Jaramillo Vélez enfrenta una situación alarmante debido a una obra inconclusa, la construcción de un puente que debía estar finalizado desde diciembre del año pasado. Hoy, la infraestructura permanece detenida y representa un riesgo constante para los estudiantes, profesores y habitantes del sector.
“Desde que se fundó el colegio hemos estado tocando puertas con derechos de petición, con el acompañamiento de diferentes entidades, pero el puente nunca se ha terminado”, afirma Jaime Agudelo, líder del barrio Málaga. Según explica, la situación se agravó cuando parte del pavimento colapsó, generando el desbordamiento de un riachuelo cercano. “Lo más grave es que cuando llueve, la quebrada se rebosa y es un peligro para los estudiantes. Algunos deben pasar mojados y permanecen así todo el día en clases”, advierte.
La zona se ha convertido en un verdadero foco de riesgos. No solo hay riesgo de caídas y enfermedades por el constante contacto con aguas negras, sino que tampoco hay vigilancia permanente para garantizar la seguridad del tránsito estudiantil. “Pasan residuos de todo tipo, no hay personal de seguridad externa o interna y los vehículos de alto tonelaje siguen circulando por un tramo que ya está debilitado. Si eso colapsa, será imposible el ingreso a la institución”, agrega Agudelo.
Una promesa sin cumplir
La obra del puente fue anunciada con fecha de entrega en diciembre de 2024. Sin embargo, tras varios meses, no hay señales claras de avance. “Eso fue el año pasado. Nos dijeron que la entrega sería el 31 de diciembre, pero la obra está completamente suspendida. No sabemos qué pasó. La maquinaria está ahí, pero sin operar”, dice el líder comunitario.
Riesgo sanitario y movilidad comprometida
La preocupación también es compartida por Mónica Espinoza Gallón, coordinadora académica de la Alianza Educativa UTP Sur Eje, que administra la institución. “Desde que recibimos la institución en enero, la obra del puente ha estado completamente quieta. No se ve avance alguno y esto ha generado afectaciones claras en la movilidad”, afirma.
Espinoza detalla que, además de la parálisis en la obra, hay un grave problema sanitario: “Tenemos un lugar aledaño al puente con aguas negras estancadas. Ya se fue parte del camino peatonal y tememos un posible hundimiento. En los últimos días, las aguas negras comenzaron a rebosarse, obligando a la comunidad a caminar sobre ellas para poder ingresar”.
Aunque hasta ahora no se han reportado accidentes este año, gracias a la vigilancia constante de docentes y padres de familia en los horarios de entrada y salida, la preocupación está latente. “Los padres están asustados. No hay espacio suficiente para carros, motos y peatones. El riesgo de accidente es alto”, comenta la coordinadora.
Un llamado urgente a la institucionalidad
El Diario del Otún intentó comunicarse con la Secretaría de Infraestructura del municipio para conocer la razón del retraso en la entrega de la obra y si existe una fecha definida para su reactivación o finalización. Sin embargo, no fue posible obtener una respuesta.
La comunidad educativa exige acciones inmediatas. “Nos dijeron que la obra se entregaría a más tardar en mayo, pero no hemos visto avance alguno. Necesitamos que la Alcaldía y la Secretaría de Infraestructura vengan, que estén presentes y entiendan el riesgo que vivimos diariamente”, reclama Espinoza.
Hoy, mientras los estudiantes sortean aguas negras, barro y el riesgo de un colapso estructural, la comunidad espera respuestas claras, acciones concretas y sobre todo, el cumplimiento de una promesa que, hasta ahora, sigue sin materializarse.



