POR: Ricardo Rojas – Director Pereira Cómo Vamos

Cuando se habla de teletrabajo, es inevitable relacionar esta palabra con la pandemia y lo ocurrido a partir del segundo trimestre del año 2020, donde la humanidad a la par del enfrentamiento del fatal virus tuvo que adaptar también sus formas productivas para enfrentar la pandemia económica producida por la parálisis obligada a razón del Covid19, y sin duda alguna, la recursividad, la creatividad y la tecnología, jugaron un papel fundamental en este tránsito. La forzosa implementación del ahora popular teletrabajo ha dejado grandes lecciones y aprendizajes corporativos, sociales, culturales sin distinción de oficios, rangos, puntos geométricos, sectores, condiciones socioeconómicas se utilizó para mitigar las afectaciones enfrentadas.
En febrero del 2021, en una de las mediciones de percepción ciudadana que Pereira Cómo Vamos hizo en pandemia se encontró que tres de cada cuatro pereiranos encuestados laboraron en teletrabajo (o trabajo remoto), y apenas el 42% de quienes trabajaron en esta modalidad se sentían satisfechos de esta manera, lo que da a entender que un año después de la pandemia, había muchas barreras que superar en esta alternativa productiva. Adicionalmente, la principal razón de incomodidad para más de la mitad de los insatisfechos, fue que los límites entre lo laboral y lo personal se volvían difusos y/o que las jornadas de trabajo se volvieron más largas e intensas.
Adaptándose al cambio
Contrario a lo que podría pensarse, el 40% de los teletrabajadores más jóvenes estaban insatisfechos con esta modalidad, cifra muy alta entendiendo que este grupo poblacional está más familiarizado con las nuevas tecnologías y su adaptación técnica se supondría sería más fácil. En contraste, la mitad de las personas mayores de 56 años se mostraron a gusto con esta experiencia laboral.
Posteriormente y conforme fueron desapareciendo las restricciones, se implementaron las medidas de vacunación, se activaron las estrategias de reactivación, etc., se evidencia que, a diferentes velocidades e intensidades se “desmontado” paulatinamente la masificación del ya popularmente conocido teletrabajo, pues lo que en un momento se consideraba que se había encontrado como ingrediente mágico universal en la fórmula de la productividad, poco a poco ha sido revaluado y el análisis de dichas experiencias, sus resultados y sumado a consideraciones normativas, ha mostrado que solo en circunstancias específicas es una alternativa provechosa para el sector productivo.
Si bien es cierto, desde el 2008 en nuestro país ya había una ley alrededor del trabajo y establecidas sus tres modalidades (Autónomo, suplementario y móvil), solo hasta hace menos de dos años, se desempolvó esta normatividad para ser tenida en cuenta, e incluso, en 2021, surge una nueva normatividad que “establece el trabajo en casa como una modalidad de prestación de los servicios para situaciones ocasionales, excepcionales o especiales, sin perder la naturaleza de trabajo subordinado”. Esta Ley contempla una duración de tres meses de trabajo en casa con posibilidad de prórroga por el mismo tiempo una única vez, a menos, que la causal de trabajo en casa no haya terminado o desaparecido, y no es un requisito el uso de las TIC (como la de 2008) en el desempeño de las labores del trabajador. Además, el teletrabajador y el trabajador en casa deben estar vinculados a la empresa través de un contrato laboral. Lo anterior, sumado a otras consideraciones como que las exigencias de ley que las ARL hacen para las condiciones de teletrabajo, los efectos en clima laboral, cultura organizacional y la productividad en sí misma, hacen que hoy en día el teletrabajo no se pueda tomar a la ligera y que las empresas hagan rigurosas evaluaciones de su conveniencia a la hora de tomar este tipo de decisiones, que más allá de ser factores de desmotivación, sean vistos como parámetros de hacerlo de manera adecuada.
Panorama a futuro
Por otra parte, es innegable que las nuevas dinámicas mundiales alrededor del teletrabajo, abrieron una puerta importante para fortalecer las empresas y aumentar las potencialidades con perfiles de otras latitudes, al igual que amplía el espectro geográfico laboral para que perfiles locales puedan encontrar oportunidades de desempeño en cualquier parte del globo terráqueo.
Finalmente podría concluirse que ni la implementación de teletrabajo es garantía y reflejo de modernidad, ni el no hacerlo es seña de involución o retraso. La mejor decisión es la que incorpora este modelo de manera adecuada y ajustada a cada circunstancia laboral y las propias realidades de las empresas y sus entornos.
“Lo que en un momento se consideraba como ingrediente mágico universal para la fórmula de la productividad, poco a poco ha sido revaluado”



