El hogar del habitante de calle es un espacio para reintegrarse en la sociedad y tener una vida digna a futuro.
En Pereira, nació Edison Correa, un hombre de 51 años que había perdido todo, su hogar, su trabajo y, sobre todo, su dignidad. Durante años, la adicción había tomado el control de su vida, empujándolo a las calles. Él pasaba sus días en un parque, rodeado de otros que compartían su destino. Mendigar por monedas, buscar comida y evadir las noches lluviosas. Sin embargo, un día, escuchó del programa de la Alcaldía de Pereira el cual brindaba ayuda y transformación a personas habitantes de calle.
Desde la secretaría de desarrollo Social y político de la alcaldía, se le ofreció a Edison mediante la Asociación Ciudad Futuro un albergue donde no solo brinda alimentos, sino también, atención psicosocial, atención primaria en salud y actividades de competencias laborales para lograr la transformación de vida y superar la vida en calle.
Edison comenzó a acceder a las terapias y a la recuperación del ser. Aprendió a manejar sus emociones y a enfrentar su adicción. Cada pequeño logro, como ayudar a limpiar los parques de la ciudad que alguna vez usó como morada, le daba más confianza. La transformación no fue instantánea, pero cada día era un nuevo capítulo en su historia.
Edison no oculta la gratitud y la emoción al contar su historia, “Es la primera vez que estoy en un lugar como este, llevo 8 meses y la experiencia ha sido excelente. El trato, el espacio, la ayuda profesional, es como volver a nacer, salir de ese hoyo oscuro en el que estábamos. Llegamos aquí como una planta seca, destruida, sin ánimo. Pero al sembrar en la granja, empezamos a crecer junto con las plantas, y eso nos llena de orgullo”, narra con esperanza.
Un modelo integral de recuperación
El enfoque de este programa es integral, reconoce la condición de calle como un fenómeno social que requiere múltiples niveles de atención. “Lo primero es entender la situación de calle desde una perspectiva intersectorial. Muchos de los que llegan no tienen acceso a servicios básicos como atención médica o un documento de identidad, por lo que el restablecimiento de derechos es fundamental”, explica María Fernanda.
Aquí se brinda acompañamiento profesional a través de psicólogos, trabajadores sociales y pedagogos, quienes guían a los beneficiarios en un proceso estructurado de fases. Tras iniciar su desintoxicación en el albergue urbano, los usuarios llegan al albergue rural donde actualmente hay 70 personas para continuar su proceso en un entorno más alejado y con mayor estabilidad emocional.
Edison Correa destaca uno de los logros más importantes en su vida, “Gracias al albergue, he logrado contactar nuevamente con mi familia, y con el apoyo de los profesionales he ido avanzando. Mi plan de vida ahora es conseguir un trabajo y seguir adelante. Además, he logrado recuperar a mi pareja, con quien he estado 14 años. Agradezco enormemente a todo el equipo de trabajo”, contó.
Formación para la reinserción social
Uno de los pilares principales es la formación para la reinserción laboral. Los habitantes del albergue rural participan en actividades productivas que les permiten adquirir nuevas habilidades, se forman en temas agrícolas, trabajando en la siembra de semillas y el cuidado de animales, como los pollos que crían en el albergue rural.
Estas actividades no solo ocupan su tiempo de manera productiva, sino que también les abren oportunidades de empleo a futuro. “Queremos que las personas se sientan útiles y preparadas para reintegrarse a la sociedad. Los chicos salen a hacer actividades comunitarias, como arreglar parques o colaborar en instituciones educativas, lo cual les da un sentido de pertenencia y responsabilidad con la ciudad”, destacó la funcionaria.
Un espacio seguro y voluntario
El albergue ubicado en la vereda La Suecia es más que un refugio temporal. Es un hogar para las personas que deciden, de manera voluntaria, comenzar su proceso de rehabilitación. La permanencia en el albergue es voluntaria, y cada persona puede salir si lo desea. Los servicios incluyen hospedaje las 24 horas del día, alimentación, kits de aseo diario y ropa, todo gestionado por la Alcaldía de Pereira. Además, el programa se asegura de que cada persona reciba el acompañamiento necesario para acceder a tratamientos médicos y psicológicos, según su situación particular.
“Este es un lugar seguro, libre de discriminación e indiferencia. Queremos que la gente entienda que la población en condición de calle es un grupo vulnerable, pero que también tiene derechos. Es nuestro deber brindarles una oportunidad de mejorar sus vidas”, concluyó María Fernanda Santiago.



