El cierre del año escolar 2024 en Risaralda refleja un panorama alarmante: la deserción escolar sigue afectando a miles de estudiantes, especialmente en zonas rurales y contextos vulnerables. Según datos proporcionados en el informe nacional realizado por EducaPaz, la deserción interanual en el departamento alcanza un 4,5%, mientras que la intranual, aunque menor, sigue siendo significativa con un 3,8%. Estas cifras no solo representan estadísticas, sino la realidad de miles de niños y jóvenes que abandonan las aulas, limitando sus oportunidades futuras y perpetuando ciclos de pobreza y exclusión.
Factores detrás de la deserción escolar
La problemática de la deserción en Risaralda está relacionada con factores socioeconómicos y estructurales. El informe nacional destaca que el 88,4% de las víctimas de violencia interpersonal y homicidio en Colombia reporta bajos niveles educativos. En este contexto, la deserción escolar no es solo un desafío educativo, sino también un indicador de las vulnerabilidades sociales que enfrentan las comunidades.
En Risaralda, las brechas entre las zonas urbanas y rurales son evidentes. Los estudiantes en áreas rurales enfrentan barreras como la falta de transporte, la limitada conectividad digital y las dificultades económicas de sus familias. Según el DANE, en zonas rurales, el promedio de años de educación acumulada es de solo 8,9 años, significativamente inferior a los 11,4 años de las zonas urbanas.
Adicionalmente, el 34% de los niños nacen de madres que no completaron el bachillerato, un factor que influye directamente en las oportunidades educativas de los menores. En este círculo vicioso, la falta de educación perpetúa la pobreza, y la pobreza alimenta la deserción.
Educación para la paz: una estrategia necesaria
Garantizar la continuidad educativa en Risaralda no solo es una prioridad social, sino también una estrategia clave para la construcción de paz en el departamento. Según Claudia Toro, directora ejecutiva de Educapaz, “los niños y adolescentes que permanecen en la escuela tienen mayor capacidad de construir proyectos de vida no violentos”. En este sentido, la educación actúa como un factor protector frente a la violencia, reduciendo la probabilidad de que los jóvenes sean reclutados por grupos armados o caigan en actividades delictivas.
Iniciativas como las promovidas por Educapaz, que buscan integrar a las comunidades en proyectos educativos y productivos, han demostrado ser efectivas. Por ejemplo, en departamentos como Chocó, las “azoteas productivas” no solo han mejorado la seguridad alimentaria, sino que han incentivado la permanencia escolar. Este enfoque, que combina educación con emprendimiento, podría adaptarse a las necesidades específicas de Risaralda.
Brechas en la calidad educativa y el bienestar estudiantil
La deserción también está influenciada por la calidad de la educación y el bienestar de los estudiantes. Las pruebas PISA revelaron que solo el 24% de los estudiantes en Colombia informó que alguien en la escuela les preguntaba diariamente cómo se sentían, lo que subraya una desconexión emocional entre los estudiantes y sus instituciones educativas. En Risaralda, estos desafíos son particularmente pronunciados en zonas con altos niveles de pobreza y violencia.
Además, las deficiencias en habilidades básicas como lectura, matemáticas y ciencias limitan las perspectivas de los estudiantes para continuar en la escuela. La mitad de los evaluados no alcanzó las competencias básicas, lo que dificulta su progreso académico y refuerza su desconexión con el sistema educativo.
Desafíos y oportunidades para el 2025
De cara al 2025, es esencial implementar políticas y programas que aborden los múltiples factores de la deserción escolar en Risaralda. Entre las acciones prioritarias se incluyen:
- Fortalecer la infraestructura educativa en zonas rurales: Mejorar el acceso al transporte, la conectividad y los recursos básicos en las escuelas rurales es fundamental para reducir las brechas entre las zonas urbanas y rurales.
- Implementar programas de apoyo emocional y socioemocional: Las escuelas deben convertirse en espacios seguros donde los estudiantes se sientan valorados y apoyados. Iniciativas como consejeros escolares y programas de bienestar emocional pueden marcar la diferencia.
- Vincular a las familias y comunidades en la educación: La experiencia de Educapaz demuestra que incluir a las familias y las comunidades en proyectos educativos puede aumentar la permanencia escolar. En Risaralda, integrar conocimientos ancestrales y prácticas locales en el currículo escolar podría fomentar una mayor conexión entre los estudiantes y su entorno.
- Garantizar alimentación escolar de calidad: Muchos estudiantes de zonas rurales dependen de la alimentación escolar como su principal fuente de nutrición. Programas robustos en esta área pueden incentivar la asistencia regular a la escuela.
- Crear rutas de acceso a la educación superior y el empleo: Proveer opciones claras para los jóvenes, como programas técnicos y universitarios, puede motivarlos a continuar su educación y construir proyectos de vida sostenibles.
Abordar este problema requiere un enfoque integral que combine recursos, voluntad política y el compromiso de la comunidad. Solo a través de estas acciones coordinadas será posible garantizar que más niños y jóvenes en Risaralda permanezcan en las aulas, construyendo así un futuro más equitativo y pacífico para el departamento y el país.



