Álvaro “el Cometa” Mejía es uno de esos nombres que dejó huella en el ciclismo colombiano por su potencia, su valentía en la ruta y su velocidad explosiva, especialmente en las pruebas contrarreloj.
Inició su camino en el deporte a los 16 años y durante casi 15 temporadas compitió al más alto nivel, tanto en Colombia como en Europa, defendiendo los colores de equipos emblemáticos como Joyerías Felipe, Postobón Castalia y, en el cierre de su carrera, el reconocido equipo Motorola, donde compartió nómina con figuras del ciclismo mundial.
El apodo de “el Cometa” no fue casualidad. Nació tras una memorable actuación en una contrarreloj sub-23, en la que se impuso en uno de los clásicos de RCN, superando por escasos segundos a una leyenda como Fabio Parra. “Ahí me apodaron el “Cometa”.

Aquella exhibición de potencia y velocidad lo marcó para siempre y confirmó su condición de especialista contra el reloj, una de sus mayores virtudes como corredor.
En concepto de expertos en el tema ciclístico, Mejía fue un ciclista disciplinado, técnicamente sólido y con una mentalidad clara frente a la competencia.
Su retiro, cuando aún tenía condiciones para seguir en Europa, estuvo motivado por una decisión ética: la presión existente en esa época por competir en un entorno con escasos controles antidopaje lo llevó a priorizar sus valores y a cerrar tempranamente su etapa como profesional. Así lo ha manifestado en varias oportunidades. Por eso tomó la decisión de irse a estudiar.
Lejos de alejarse del deporte, Álvaro Mejía decidió formarse académicamente y cumplir otro de sus grandes sueños: estudiar Medicina. Ingresó a la Universidad de Manizales cerca de los 30 años, enfrentando con esfuerzo el reto académico, y posteriormente complementó su formación con especializaciones en docencia universitaria y constantes actualizaciones en medicina deportiva.
“Estudiaba el doble de lo que estudiaban los compañeros. No fue fácil, porque me tocó repasar muchos conceptos que vi en bachillerato. No fue fácil, pero lo hice, era mi sueño y lo logré”, recuerda Álvaro.
Hoy, “el Cometa” sigue ligado al ciclismo desde la ciencia y la experiencia. Como médico, trabaja con la Federación Colombiana de Ciclismo, ligas y clubes deportivos, aportando su conocimiento a nuevas generaciones.
Desde su consultorio en Pereira y su permanente presencia en eventos deportivos, Mejía continúa siendo un referente, demostrando que el ciclismo también se honra con preparación, ética y compromiso más allá de la meta y se mueve tanto en Pereira, como en Santa Rosa, donde nació y permanece la mayor parte del tiempo.
Sus compañeros
Así recuerda el Cometa Mejía sus años como ciclista:
“Conocí a Armstrong como compañero de equipo, y también a Hampsten, otro ciclista muy reconocido que estuvo en un Clásico RCN y fue campeón de la montaña. Era un corredor extraordinario. Prácticamente, ellos dos eran los capos del equipo.
En otros equipos estaban los grandes ciclistas de esa época: Miguel Indurain, el suizo Tony Rominger, Jalabert, el estadounidense Glenn LeMond, Bernard Hinault —a quien también alcancé a conocer— y Laurent Fignon, el francés que ya falleció. Con varios de ellos corrí distintos Tours, compartiendo pelotón en algunas de las competencias más exigentes del mundo.
En cuanto a mis logros profesionales, en Colombia inicié ganando algunas de las carreras más importantes, como el Clásico RCN y la Vuelta de la Juventud, que gané el mismo año. Estuve muy cerca de ganar una Vuelta a Colombia, se me fue por muy poco, y prácticamente obtuve la mayoría de las clásicas que se corrían en ese entonces en el país. Había muchas más carreras departamentales que hoy, porque con el tiempo varios departamentos dejaron de hacerlas por falta de presupuesto.
En Europa también logré victorias importantes: gané la Vuelta a Cataluña, la Ruta del Sur de Francia, fui el mejor joven del Tour de Francia y me convertí en el primer colombiano en ganar una contrarreloj plana. En esa época eso era impensable para los europeos. Para ellos era casi imposible aceptar que un colombiano pudiera ganar una contrarreloj en terreno llano, un terreno que consideraban suyo.
Cuando tomé la decisión de dejar el ciclismo y dedicarme a la medicina, sí hubo nostalgia. Sentí que no hubo un acompañamiento suficiente por parte de los entes deportivos en Colombia. El Ministerio y la Federación Colombiana de Ciclismo, en esos casos, deberían mediar más. Mucha gente me criticó por regresar cuando estaba rindiendo mejor, pero la verdad es que mi último año en Europa lo corrí con el equipo Motorola.
El año anterior había estado peleando el Tour de Francia y llegué segundo hasta la penúltima etapa, que fue una contrarreloj. Estuve disputando la general con Miguel Indurain. Al finalizar esa temporada, el técnico y el médico del equipo me hablaron con franqueza y me dijeron que, corriendo en las condiciones en las que yo lo hacía, era muy difícil ganarles un Tour. Pero que, si aceptaba usar lo mismo que usaban los demás, ellos me aseguraban que podía ganar dos o tres Tours de Francia. El equipo me apoyaría, porque todos los corredores pagaban sus tratamientos y medicamentos.
Yo vine a Colombia a entrenar y a pensar la decisión, pero en el fondo ya la tenía clara: no iba a usar medicamentos que para mí no eran éticamente ni legalmente aceptables, aunque en ese momento no existiera un control estricto ni estuvieran en la lista de prohibidos. Regresé la temporada siguiente muy bien preparado para correr las primeras competencias en España, como parte de la preparación para el Tour, pero allí confirmé que era imposible competir así. Los corredores no dejaban de utilizar esos métodos, y fue entonces cuando tomé la decisión definitiva de retirarme”.
¿Cómo ve el ciclismo actual?
“Hoy, al ver el ciclismo colombiano, creo que hemos vivido años de muchísima gloria. Lo que han logrado nuestros máximos exponentes no tiene discusión. Ganar un Tour de Francia, como lo hizo Egan Bernal, era algo que durante muchos años parecía casi imposible para nosotros. También están las victorias de otros corredores, que han sido fundamentales en este proceso. Rigo, por ejemplo, fue un corredor clave, aunque haya tomado la decisión de retirarse.
Siempre he sentido que el apoyo entre colombianos se da, incluso cuando corren en equipos diferentes, y eso se percibe en Europa. Sin embargo, sigo creyendo que en Colombia tenemos una gran falencia: no sostenemos con seriedad los programas deportivos a nivel departamental. Hay muchos jóvenes con enormes condiciones que terminan abandonando por falta de apoyo”.
El dato
Fue compañero de equipo de Armstrong.



