Por: John Jairo Posada
Especial El Diario
Un viejo adagio asegura que: “Si la amistad es un tesoro, gracias por ser parte de mi fortuna”… Los viernes, a las tres en punto de la tarde, es la cita. Entonces, la Carrera Quinta con Calle 22 es testigo muda del caminar pretencioso de un hombre altísimo, con finos tenis, blue jean y una mochila de estudiante. Entra a La Roma… A una cuadra, sobre la 23, es notoria la figura de otra figura de piel colorada, con cinco libros en la mano y un sombrero fino, pero quien, sin prisa, cruza la calle y entra también al sitio, donde los espera 2.20 mil libros y cuatro amigos.
Nace una cerveza fría, y 20 más luego serán devoradas sin piedad ni remordimiento por los contertulios, y la conversación literaria irá hasta las siete de la noche. El uno asegura tener unos 20 mil libros en su biblioteca privada; nunca los ha contado, pero asegura poseerlos. El otro no es humilde, pero sí práctico: “Tengo los libros que quiero tener”, pero los especialistas literarios aseguran aquí que ambos tienen dos de las mejores bibliotecas personales más exquisitas del parnaso.
El penalista
Es que Uriel Hincapié Montoya tiene la sonrisa más discreta que conozco y nunca, que yo sepa, ha perdido una sola apuesta, pero el secreto está en que tampoco las ha pagado…
“Río de olvido”, un hermoso libro de poesía que uno devora en minutos de placer exquisito y literario. Lo he visto de protagonista matinal en ese rincón de los poetas, y, como si fuera poco, es abogado y, para más señas, un curtido penalista. Publica regularmente los domingos, pero escribe en amaneceres de nostalgia y paisaje cultural cafetero en la zona rural de Pereira, donde el olor a café trasciende a las montañas de soledad y sin miedo.
Es, sin duda alguna, uno de los mejores anfitriones que conocemos. Su bondad es sin límites, a flor de piel, y la sinceridad la tiene tatuada en el alma de escritor.
El reumatólogo
En cambio, el médico y exprofesor de medicina Juan Carlos Londoño, con otro apellido con aire poético, “Buenaventura”, debe ser porque le ha dado ya la vuelta a gran parte del mundo. Ha viajado con 10 pasaportes y 40 mil anécdotas. Su última aventura nos la contó literalmente en su periplo por Turquía, con una frase demoledora: “No he visto un país donde quieran más a los perros”, entre otras anécdotas.
Ambos tienen la pasión cruzada de la música clásica y los boleros. Hemos tenido jornadas con traje de vino, arte dramático con el director y actor Alonso Marulanda, que son memorables.
En todo esto hay dos cómplices: Adrián y Pablo, el uno, propietario de la Librería Roma, y el otro, quizás uno de los que más conoce de textos literarios y el lápiz más rápido del oeste intelectual del Eje Cafetero.
Hemos profanado, con nuestra cámara de televisión y grabadora, la privacidad de las “tertulias literarias de los viernes”. Reír y gozar es la única meta.
Hemos aprendido tanto que ya un viernes sin ellos no tiene sentido.
A uno hasta le inhibe un poco la hoja de vida del médico Londoño: “Especialista en reumatología y medicina interna”. La verdad, tiene manos finas; la generosidad es una cualidad innata, pero la risa, su particular risa de voz gruesa, es tan original como su “mamadera de gallo”, para utilizar una figura literaria caribeña.
Allí todos nos reímos de todos… y no le repetimos nada a nadie.
Y es que José Fernando Cortés, José Darío Vanegas, Hugo Correa, Mauricio Ángel y hasta una docena de “intelectuales útiles, pero sin fronteras” se han dado cita para hablar de literatura, para contradecir, desde el pie hasta el alma, cualquier teoría inteligente.
Confieso, finalmente, que ha habido grandes conspiraciones para atraer a escritores memorables: Shakespeare, Baudelaire, Dostoievski, Anaïs Nin, Gabo, Vargas Llosa, Borges, Cortázar, Fuentes, Gorki y unos kilómetros más de letras, porque nos la hemos pasado releyendo, estudiando y discutiendo sus grandes obras, compartiendo y regalando muchos libros, y somos, entonces, testigos de disfrutar el manjar espiritual de la vida, hasta intentar morir con delirio de amor literario… en la grata compañía de los mejores amigos con alma poética…



