Pereira sin huecos

Cuando se presenta un Plan de Desarrollo se cumplen muchos de sus objetivos. Hay otras actividades que no quedan programadas, pero que la ciudad necesita ejecutar para su mantenimiento.

Jairo Arango Gaviria

Llegué a la Alcaldía con una fuerte oposición, y muchos medios de comunicación no simpatizaban con mi administración. Como era muy dado a escuchar la radio, me enteré de que la ciudad estaba llena de huecos, y las personas manifestaban otros problemas adicionales. El asunto era una cantaleta diaria, especialmente, la queja era por los huecos en las vías de Pereira.
Consideré que a un tema tan recurrente había que prestarle atención, y por eso le dije a Martha Elena Bedoya, Secretaria de Obras Públicas: “Tengo una preocupación por la ciudadanía, por el asunto de los huecos”. Ella afirmó que era cierto, que existían muchos huecos, que los ciudadanos tenían razón. “Cómo le parece ―continué diciéndole― que tenemos que taparlos, porque si no lo hacemos nosotros, entonces, ¿quién lo hará?”. La Secretaria de Obras Públicas era una mujer muy apasionada y comprometida con la ciudad y con su desarrollo, así que lo consideró.
Sabíamos que quizá no era posible que lográramos tapar el 100% de los huecos, así que llamé a Bernardo Gil, Secretario de Gobierno, y le manifesté:
― Bernardo, nos va a tocar hacer algo. Hable con el comandante de bomberos y dígale que haga una docena de pasacalles que digan: “Pereira sin huecos”.
Con esto hicimos como el pueblo judío, que cuando anuncian con un aviso abarrotes, granos o una miscelánea, en realidad no tienen nada, pero ellos saben que van a tener. Esa fue la autoestima, la confianza que teníamos al trabajar con amplitud y decisión sobre cualquier proyecto de la administración.
― Esos pasacalles se van a poner entre las 12 y media y las 2 de la mañana, para que cuando la ciudad despierte, y los periodistas hablen de los huecos, lo hagan con otra lectura.

Y los pusimos
Una vez puestos los pasacalles, cuando empezó la jornada laboral, los secretarios y gerentes de institutos descentralizados, por su propia iniciativa, llegaron a mi despacho para manifestarme que la ciudad estaba inundada de unos pasacalles que decían: “Pereira sin huecos”. Me preguntaban que cómo era eso, que quién haría tal cosa, y otras inquietudes.
― Fui yo el que mandé a poner esos pasacalles ―les respondí―. Son de la administración. Es un compromiso muy grande con la ciudad, porque ¿cómo vamos a sellar un hueco cada semana? Eso se acaba hoy, y los taparemos completicos.
Le dije a mi secretaria que convocara un consejo de gobierno, para que vinieran todos. En su momento, la Secretaria de Obras Públicas, Martha Elena Bedoya, no sabía nada del tema, ni qué, ni cómo lo íbamos a hacer.
Ya reunidos, les comuniqué que teníamos esa importante tarea. Que deseaba que se acabara tanta cantaleta de los periodistas con respecto al tema de los huecos. La idea era tapar todos los huecos que hubiera en la ciudad de Pereira. Sorprendidos, manifestaron que cómo iba a ser posible lograr tapar todos los huecos de la ciudad. Pregunté sobre la cantidad de huecos que había en Pereira y no obtuve respuesta. Así que le solicité a la secretaria de obras públicas que les pidiera apoyo a las demás secretarias y se hiciera un convite para contar ordenadamente todos los huecos de la ciudad. Una vez contados los huecos, la cifra fue de 8 mil 300.

― ¿Y cómo taparemos los 8 mil 300 huecos? ―preguntaron en el consejo de gobierno.
― La tarea no nos va a quedar grande ―respondí. ¿Y cuándo se van a tapar los huecos y en cuánto tiempo? ―lancé el reto. Para esto necesitamos maquinaria y un tiempo de seis meses.
La secretaria de Obras manifestó que era necesaria nueva maquinaria, tantos metros cúbicos de material, personal y otros insumos.
― Por el material no hay problema ―le dije―, porque lo tenemos en Combia, y la maquinaria puede ser un inconveniente, pero vamos a solucionarlo.

De dos clases
Siempre he considerado que los problemas son de dos clases: los que se solucionan con dinero y los que se solucionan con gestión y voluntad. Ambos tienen solución.
― Alcalde, pero es que no hay presupuesto, no hay un rubro para comprar maquinaria ―expresó el secretario de Hacienda con gran preocupación.
― ¿Y qué pasa? ―intervine―. Nosotros somos el municipio, y si no hay rubro, pues lo conseguimos, y si no tenemos dinero, les decimos a los proveedores que nos fíen.
Y a estas palabras se sumaron las de la Secretaria de Planeación, Amparo María Aguirre, que inteligentemente dijo:
― Alcalde, hoy en día hay empresas que entregan esas maquinarias en leasing. No se necesita mucha plata. Sin embargo, este leasing solo funciona para las empresas privadas, y no para el sector público. Hay una empresa, Leasing del Valle, que atiende la venta de maquinarias por ese sistema de financiación.
Inmediatamente le dije que me comunicara con el presidente de la entidad que mencionaba, con la persona que ella había hablado. Deseaba invitarlo a Pereira a conversar sobre la adquisición de maquinaria para el municipio.
El representante del Leasing del Valle vino a la ciudad. Cité al contralor, Gonzalo Ramírez, y a varios secretarios, incluida la Secretaria de Planeación, porque era ella quien me había dado el contacto y quien había generado la inquietud. Pero el secretario de Hacienda insistía en el inconveniente en que el leasing público no existía.
Respondí que estábamos precisamente con el presidente de Leasing del Valle, tratando de resolver el tema de las maquinarias. Fueran privadas o públicas, las maquinarias eran las mismas, al igual que los operarios.
― Solo falta ―le dije― definir el procedimiento administrativo y jurídico, ya que, entre todos, debíamos, y teníamos, a causa de nuestros cargos de servicio, que resolverlo.
A ver, contralor, ¿cómo ve el tema?
― El leasing es un contrato donde el que vende un producto sigue teniendo la propiedad y no suelta la pertenencia hasta que no le paguen todo. Es un arrendamiento con opción de compra.
― Déjelo hasta ahí, porque esto no está establecido en el código de arrendamiento. Lo que vamos a hacer nosotros no es arrendar, sino comprar, y si usted revisa el contrato, y lo mira como compra, no va a haber ningún problema.
Como yo era especialista en finanzas, era una ventaja. Le pregunté a Manuel Cano, Secretario de Hacienda que cómo veía el tema. Me dijo que por la vía de compra no era posible, porque no teníamos dinero en caja. Así que le respondí que no íbamos a comprar la maquinaria, sino a arrendarla. Usted contrata por la figura de arrendamiento y cuando acabemos de pagar ese alquiler, el bien queda para el municipio. Como no está establecido para el sector público, agregué, desde hoy empieza el leasing municipal, y ponga cuidado que otras ciudades nos van a copiar el modelo.

Y empezamos
El gerente de Leasing del Valle nos envió las máquinas con rapidez, casi como un acto de confianza, porque cuando se está de buena fe, y cuando la palabra es firme, las cosas funcionan y se dan magistralmente.
Las máquinas empezaron a trabajar. No fueron cuatro o cinco horas al día, sino toda la jornada, y a toda marcha. Recuerdo que pagamos horarios extras y demás, porque le pusimos todo el empeño a este proyecto.
Hoy puedo decir que tapamos todos los huecos de Pereira. Hicimos un convite, siguiendo las tradiciones de construcción de nuestra ciudad, y trabajamos con pasión, entusiasmo, pensando en el bien de la ciudadanía.
Justo a los quince días de haber firmado contrato con el presidente del Leasing del Valle, él mismo vino a Pereira a mirar cómo avanzaban las obras.
De igual forma me llamó Andrés Pastrana, alcalde de Bogotá, para decirme que se había enterado del contrato del Leasing, y que quería una copia de él para hacer lo mismo en la capital. El alcalde de Bucaramanga, Alberto Puyana, igualmente adoptó el sistema, y así en otras partes del país, hasta en los municipios de segunda y tercera categoría. Esa es la historia de cómo surgió el leasing municipal en Colombia.

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