La parábola del retorno de María del Carmen
Óscar Osorio Ospina
Cuando María del Carmen Henao salió de Marsella rumbo a Europa, aún sin terminar el bachillerato y con una maleta repleta de sueños, pero muy pocos enseres personales, lejos estaba de imaginar que la vida la llevaría a convertirse en una ciudadana del mundo, políglota y con un título de chef internacional.
María Carmen confiesa que Marsella no es su tierra natal, pero no duda en afirmar que adora a este pueblo y a su gente y que siempre soñó con tener acá una casa grande para pasar su vejez. Y todo ello se ha ido haciendo realidad…
La Virginia fue la cuna de María del Carmen, pero su infancia y adolescencia transcurrieron entre Santuario y Marsella, en donde estudió en el Instituto Estrada donde sólo cursó hasta tercero de bachillerato. “Era una mala estudiante, malísima”, según lo reconoció.
Así que cuando tenía 19 años se fue a vivir a Europa detrás de una meta concreta: ser alguien en la vida y poder gozar de su libertad: “Salí de Colombia como salimos todos, con las ganas de triunfar, de conseguir algo, de libertad. Sobre todo, de libertad, porque yo era muy cohibida. Pero también era demasiado inquieta, muy soñadora”.
Y sabía María del Carmen que ya no había vuelta atrás y que no podía regresar a Colombia “con la cola entre las patas” y sin mostrarles que había valido la pena, pero sobre todo para encarar a don Genaro Botero, su padre de crianza, a quien define como “un papá muy severo”.
En Francia vivió varios años, aprendió el idioma, estudió y trabajó en lo que fuera: “Desde lavar pisos, cuidar niños, servir en restaurantes, hacer limpiezas por horas, pero emigré a Londres porque ya se me acababa el estatus de estudiante y no lo renovaban más”.
En Inglaterra, en un periódico encontró una familia que estaba buscando una babysitter (niñera) para ir a los Alpes en Suiza en la semana blanca por 10 días y con una muy buena paga. A pesar de no tener pasaporte europeo ni referencias laborales, se presentó ante la familia, pero en principio no fue bien acogida. Sin embargo, la señora de la casa le pidió el favor que le prepara algo de comer a su hija que acaba de llegar del colegio y esto fue su puerta de entrada. Ya en Suiza conoció otra familia, los Martella Kelh, conformada por Stephano Martella (italiano) y Sonya (alemana), quienes estaban buscando una niñera para Francesca, que estaba próxima a nacer.
Y en ese momento ocurrió algo extraño: “Ellos estaban la pista de esquí, yo estaba con la niña de la primera familia y pasó la señora encinta, me miró y me dijo en francés: ¿nos hemos visto en algún lado? Y le respondí: “me parece que sí, pero no sé dónde”. Le juro que fue algo tan especial, le conté con quienes había llegado, y resultó que eran amigos. La mamá me conoció y le caí en gracia y le dijo a su hija que me contratara, aunque no tenía experiencia para el bebé que iba a nacer. Y con ellos me quedé 28 años”, afirma María del Carmen.
A su llegada a la familia la niña Francesca, que tenía solo tres días de nacida, se convirtió como en su propia hija: “Ella me llama todos los días. Estudió en el Instituto Le Rosey en Suiza, cuando ella estuvo allí yo estudié culinaria, y luego se vino a vivir a Estados Unidos donde hizo ciencias ambientales y literatura en Duke University y ahora trabaja en Nueva York”.
María del Carmen reconoce que llegó a la familia Kelh “muy salvaje”, pero con ellos no solo estudió en una escuela de glamour para morigerar sus modales, sino que se formó en una academia italiana de chefs, se nacionalizó en Italia y su vida transcurre entre París, Londres, Montecarlo, Suiza y Estados Unidos en donde labora actualmente como chef privada de una familia norteamericana.
Pero la tierra la sigue llamando. “Yo tengo el musgo pegado del alma”, asegura. Por ello siempre soñó con una casa grande, como cuando era niña y vivía en el campo en una casona con grandes corredores, al lado de sus abuelos Joaquín Henao y Rosalba Sánchez, su mamá Ana y su tía Eucaris, rodeada de muchas personas, de plantas y de pájaros. “En Marsella siempre vivimos en una casa grande por la Calle Real y por esa nostalgia de volver a lo que fui decidí comprar en Marsella, porque adoro este pueblo y a su gente, me siento más de acá que de otra parte”.
Hace cuatro años tuvo la oportunidad de concretar ese sueño, al comprar una casona llamada La Madrugada, cerca del cuartel de la Policía y de la plaza principal, la cual adquirió “para vivir en ella y para mi vejez, siempre uno busca el retorno al final”.
Una vez remodelada, funcionó allí una tienda de cafés especiales, pero ahora -después de una segunda remodelación- abrirá sus puertas este lunes, 30 de junio, un original proyecto llamado “Madrucafé 97”, que tiene como símbolo un colibrí, un sitio de encuentro, de tertulia y donde se podrá disfrutar de un buen café y de platillos especiales, que estará disponible para el público a partir de este mes de julio.
Madrucafé 97 es un juego de palabras que involucra el nombre inicial de la casa: La Madrugada y el 97 corresponde al año en que nació Francesca Kelh, su hija de crianza, quien ha visitado varias veces a Marsella, es amante del café y le fascina cocinar.
Los visitantes de Madrucafé 97 encontrarán en el interior de una bella casa de balcones coloridos, donde predominan los tonos azules, un espacio para el alma. Allí muchas cosas se fusionan, como la tranquilidad, el buen café, la amistad, convirtiéndose en un sitio ideal para trabajar, para leer, para el descanso, para una reunión de trabajo o para ver un partido de fútbol en una cava que es el corazón de la casa.
Allí se dispone además de un área para disfrutar de platillos como hamburguesas, sanduches, montaditos, pandebonos y empanadas horneadas, un sitio de alojamiento con tres cuartos, uno de ellos para la pareja y los hijos, un área especial para la venta de cafés de origen y, en el futuro, un patio adecuado como área de asados para los fines de semana.
En sus distintos espacios, en los corredores y en los cuartos, se destacan la sobriedad y el buen gusto de María del Carmen, que ha puesto su sello en cada detalle, incluidas las lámparas de mesa elaboradas con sal de Himalaya que se destacadas por su tonalidad rosada y los cuadros con obras de arte de destacados artistas.
María del Carmen Henao, quien domina tres idiomas: italiano, francés y español, se defiende bien en inglés y se declara escritora en sus noches de insomnio, es autora del libro “Entre manteles, estilo y aroma latino” que se puede adquirir en Amazon, en el cual relata lo que aprendió en las escuelas de gastronomía e imparte sus conocimientos sobre el comportamiento en la mesa y como recibir a los invitados, además de recetas y la historia de cada plato.
También es autora del bambuco, aún inédito, “Marsella Pueblo verde”, cuya música fue compuesta por Fabio Augusto Hincapié, un conocido músico de Pijao, Quindío, un homenaje a la tierra donde se concretó su propia parábola del retorno.





QUE BONITAS HISTORIAS DE PERSONAS QUE BUSCAN UN FUTURO EN SU VIDA, SON PERSONAS QUE MANIFIESTAN EL SUFRIMIENTO, TRISTEZAS Y ALEGRIAS, PARA SALIR ADELANTE, PODEMOS DEJAR ESA POLITIQUERIA QUE SOLO PRODUCEN BENEFICIOS PARA LOS QUE SE METEN EN ELLA Y EN UN ALTO PORCENTAJE DE MANERA ILEGAL, SABE LA ULTIMA- DEBE DE CAMBIAR DE CONTENIDO QUE NOS AGRADA Y EXPERIMENTAN NUESTRAS VIDAS, MUCHAS GRACIAS.