El impacto psicológico de no poder leer, ni escribir puede ser significativo, este tipo de situaciones pueden generar sentimientos de vergüenza e inferioridad en el individuo, afectando su autoestima y desempeño académico.
Esto es lo que opina Wilmar Ospina, escritor y experto en educación, destaca la importancia del fenómeno lingüístico y su estrecha relación con el aprendizaje de la lectura y la escritura. En su análisis, Ospina subraya cómo el desarrollo de competencias intelectuales desde la infancia hasta la adultez está intrínsecamente ligado al dominio de estas habilidades comunicativas. Además, resalta el papel crucial del entorno familiar y educativo en el fomento de la lectura, así como la necesidad de adaptar el enfoque educativo hacia la literatura contemporánea para atraer a los jóvenes hacia el hábito de la lectura. En este contexto, Ospina aborda la importancia de encontrar un equilibrio entre el uso de libros digitales y tradicionales, así como la implementación de estrategias efectivas para motivar a los estudiantes a explorar el mundo de la lectura y apreciar su valor en la vida diaria.

El profesor explica que todos los seres humanos nacen con una capacidad lingüística innata. Desde el momento en que venimos al mundo, sea cual sea nuestra especie, traemos con nosotros un lenguaje inherente. Las personas que no aprenden a escribir utilizan el lenguaje de manera oral, empleando verbos, sustantivos, adjetivos y toda la gramática de la lengua. Este aprendizaje se da por reflejo o imitación, incluso si no aprenden a leer o escribir. Por ejemplo, escuchan hablar a sus padres y aprenden el significado de las palabras. Así, forman parte de una estructura lingüística y de una lengua específica, como el español o el castellano.
Sin embargo, el desarrollo de competencias intelectuales está estrechamente ligado a las habilidades comunicativas, especialmente la lectura y la escritura. El aprendizaje tardío de estas habilidades puede generar dificultades tanto en la infancia como en la adultez. En la pedagogía, se reconoce que los niños tienen una capacidad excepcional para aprender durante su primera infancia, de ahí la importancia de la educación básica primaria. Esta etapa temprana es como una semilla que germina y da frutos en forma de habilidades intelectuales y comunicativas.
Es crucial que los niños desarrollen estas competencias durante la educación primaria, ya que de lo contrario pueden enfrentar dificultades en su desarrollo intelectual, como el pensamiento crítico, argumentativo y propositivo. Leer no es solo decodificar palabras, sino también comprender su significado y contexto. Si estas habilidades no se desarrollan adecuadamente, pueden afectar la capacidad imaginativa, creativa y de escritura de una persona.
La motivación para la lectura en los niños está intrínsecamente ligada al entorno familiar y al ejemplo que los padres proporcionan. La educación formal puede enseñar a decodificar códigos verbales, pero aquellos que no reciben esta formación buscarán otros medios de comunicación. Por tanto, el fomento de la lectura en los niños recae principalmente en el entorno familiar.
Los padres que leen ejemplifican la importancia de esta actividad, como lo experimentó el autor al descubrir el placer de la lectura a través del ejemplo de su cuñado. Por ende, la mejor estrategia radica en crear un ambiente familiar donde el libro sea valorado y se entienda su potencial para desarrollar sensibilidad y razonamiento en los niños.
Además del entorno familiar, en el ámbito educativo, los profesores también desempeñan un papel fundamental. Deben demostrar el hábito de la lectura para respaldar su importancia ante los estudiantes. Es esencial que los educadores reconozcan los intereses individuales al seleccionar material de lectura y promuevan una competencia lectora centrada en la literatura contemporánea.
Sin embargo, en el siglo XXI, las herramientas tecnológicas son también cruciales para la educación de los jóvenes. Aunque ofrecen acceso a una amplia variedad de textos, es importante abordar estas herramientas con precaución, considerando las limitaciones y los posibles obstáculos económicos que pueden surgir.
Es esencial que los estudiantes comprendan que la lectura va más allá de una obligación y puede ser una experiencia placentera y enriquecedora. Esto implica fomentar la competencia lectora y mostrar a los jóvenes los beneficios personales y de crecimiento que conlleva la lectura.
En este sentido, se debe encontrar un equilibrio entre el uso de libros digitales y tradicionales, reconociendo que la experiencia táctil de un libro físico puede ser más satisfactoria para muchos estudiantes.
Es crucial adaptar el enfoque educativo hacia la literatura contemporánea como punto de partida para apreciar la riqueza y relevancia de los clásicos literarios. Los estudiantes deben sentirse atraídos por la lectura a través de autores contemporáneos y temáticas actuales antes de abordar obras más complejas.
Para fomentar el hábito de lectura, es necesario ofrecer una variedad de opciones y recursos adicionales. Organizar talleres literarios y eventos culturales, así como proporcionar espacios cómodos y accesibles con libros modernos, contribuye a crear un ambiente propicio para la lectura tanto en casa como en la escuela.
Estas estrategias han demostrado resultados positivos al motivar a los estudiantes a leer y apreciar el valor de los libros en su vida diaria.
“El proceso de lectura, es un proceso que es inherente con el ser humano”.



