Colombia atraviesa una preocupante escalada de delitos informáticos que afectan a ciudadanos de todas las edades y niveles socioeconómicos. Las estafas digitales, cada vez más sofisticadas, han encontrado terreno fértil en la cotidianidad conectada del país. Ya no se limitan a simples correos engañosos: hoy se presentan disfrazadas de noticias, mensajes urgentes, llamadas telefónicas o incluso publicidad pagada en redes sociales.
El portal especializado en ciberseguridad MuchoHacker ha revelado una preocupante tendencia: cada semana aparecen nuevas estafas que suplantan portales de noticias como EL TIEMPO y El Espectador, utilizando imágenes manipuladas y supuestas entrevistas a figuras públicas como Vicky Dávila o Gustavo Bolívar, con el fin de atraer a incautos a inversiones fraudulentas en criptomonedas. El objetivo es uno: robar datos personales y dinero.
Según un reciente informe de TransUnion, entre agosto y diciembre de 2024, un tercio de los colombianos afectados por fraudes digitales reportaron haber sido contactados por vishing, es decir, llamadas telefónicas en las que los delincuentes se hacen pasar por funcionarios bancarios, entidades estatales o incluso familiares para obtener información sensible. Pero el fraude no se queda ahí: también se extiende a correos electrónicos y mensajes de texto con apariencia oficial, dirigidos a engañar incluso al más precavido.
El fraude también se ‘juega’
Un hallazgo particularmente inquietante es el avance de los estafadores en entornos que antes eran considerados seguros o ajenos al crimen digital, como las comunidades en línea y los videojuegos. Allí, los ciberdelincuentes aprovechan la confianza que se genera entre usuarios para lanzar ofertas falsas o enlaces maliciosos.
Appdome, firma especializada en seguridad digital, alerta sobre el uso creciente de deepfakes: videos falsos creados con inteligencia artificial que imitan la voz y apariencia de personas reales. Este tipo de tecnología ya ha sido usada en China para engañar a un alto ejecutivo y hacerle transferir 20 millones de dólares a delincuentes. El riesgo de que estos métodos lleguen a Colombia no es menor.
¿Y las plataformas?
La facilidad con la que estas estafas circulan por redes sociales también despierta inquietudes. Plataformas como Instagram y Facebook permiten que se difunda contenido patrocinado que promueve fraudes, sin que hasta ahora se haya evidenciado un control real por parte de las autoridades o las propias empresas tecnológicas.
La Secretaría de Seguridad de Bogotá, por su parte, ha emitido varias alertas sobre el uso de correos electrónicos fraudulentos que suplantan a instituciones oficiales, valiéndose de logotipos y dominios aparentemente confiables para lograr que las víctimas descarguen archivos infectados con malware.
“El primer paso para evitar caer en una estafa digital es verificar siempre”, recalca el secretario de Seguridad, César Restrepo. “Confirmar la procedencia de un mensaje antes de abrirlo, desconfiar de los mensajes que generan presión o miedo, y nunca entregar datos personales a través de medios no verificados son prácticas básicas pero fundamentales”.
Claves para protegerse del fraude digital:
No dé clic en enlaces desconocidos. Evite abrir enlaces que provengan de correos o mensajes sospechosos.
Verifique la identidad del remitente. Busque fuentes oficiales, números verificados o páginas web legítimas.
Desconfíe de la urgencia. Mensajes que amenazan con bloqueos o pérdidas inminentes suelen ser una trampa.
No comparta información sensible. Datos como claves bancarias o números de identificación nunca deben compartirse por medios no oficiales.
Cuidado con las ofertas demasiado buenas. Premios inesperados o inversiones milagrosas suelen ser fraude.
Revise los dominios. Correos legítimos de instituciones públicas deben provenir de dominios como @policia.gov.co o @bogota.gov.co.
No descargue archivos de desconocidos. Pueden contener virus o software espía.
En medio del auge digital, la educación y la prevención son nuestras mejores armas. La transformación del crimen hacia escenarios tecnológicos exige una ciudadanía más alerta y preparada, así como un Estado que regule y sancione con firmeza a quienes lucran con el engaño. Mientras tanto, la responsabilidad de navegar con cuidado es, en gran parte, de cada uno de nosotros.



