Arzobispo emérito de Pereira admitió que protegió a cura abusador de menores: “Derecho a la redención”

Un video revelado por Casa Macondo sacó a la luz una confesión que permaneció olvidada por más de una década: Tulio Duque, arzobispo emérito de Pereira, admitió ante un juez que encubrió a un sacerdote abusador de menores y lo devolvió a funciones pastorales, aun sabiendo que volvería a estar en contacto con niños.

El hecho ocurrió en 2012, frente al Juzgado Segundo Penal del Circuito de Pereira. En esa audiencia, Duque confesó que, pese a conocer los antecedentes de Jairo Alzate Cardona —cura suspendido en 2005 tras ser denunciado por abuso sexual a un menor de 14 años— decidió perdonarlo, devolverle las licencias ministeriales y enviarlo a otra parroquia. Allí, Alzate volvió a abusar de un menor.

“Toda persona tiene derecho a una conversión”, dijo Duque ante el juzgado con voz firme, agregando que “un obispo tiene que ser un padre, no un policía ni un juez”.

Sin embargo, las “buenas intenciones” que argumentó el arzobispo tuvieron consecuencias graves: en 2008, Alzate regresó a la parroquia La Santísima Trinidad de Pereira como vicario y nuevamente cometió abuso sexual contra un menor, repitiendo el patrón que ya se había denunciado tres años antes.

Abusos y encubrimiento

Jairo Alzate Cardona era docente de la Institución Educativa El Dorado, en Pereira, donde oficiaba misas y estaba en contacto diario con monaguillos. Según el fallo, utilizaba excusas académicas para retener a su víctima en un salón de clases y allí cometer los abusos. El caso se conoció gracias a la persistencia de la familia de la víctima y derivó en una condena de ocho años de prisión contra Alzate, quien falleció en 2008 mientras cumplía su pena.

Lo más grave es que Tulio Duque ya sabía de las denuncias. En 2005, tras recibir la primera alerta, decidió enviarlo a un “retiro espiritual” en La Ceja, Antioquia, sin notificar a las autoridades judiciales. Tres años después, reincorporó a Alzate a sus funciones ministeriales sin consultar con la justicia, una decisión que terminó exponiendo nuevamente a menores de edad a abusos.

Los videos difundidos por Casa Macondo también evidencian que el clero de Pereira tenía conocimiento de los antecedentes de Alzate y guardó silencio. Duque reconoció en el juicio que recibió denuncias, pero las desestimó, justificando que muchas veces “eran calumnias o mala información”.

Un historial de encubrimientos

La conducta del arzobispo emérito no se limitó a Pereira. Antes de llegar allí, Tulio Duque fue obispo auxiliar de Medellín y de Apartadó, donde ya se habían registrado acciones similares de encubrimiento.

En 1996, tras el asesinato del sacerdote Luis Eduardo García Ciro por un joven de 18 años que había sido víctima de abuso sexual, Duque selló la habitación del cura, dificultando el acceso a pruebas. Luego, impulsó junto a otro obispo auxiliar, Darío Monsalve Mejía, una versión que tildaba al joven de “ladrón satanista”, encubriendo el abuso. El joven fue absuelto en 2000, tras confirmarse mediante pruebas forenses que había actuado en legítima defensa.

Sin justicia ni reparación completa

A pesar de que Alzate ya había sido condenado, la víctima continúa buscando reparación y su caso está en revisión en la Corte Constitucional. Por su parte, Tulio Duque siguió siendo homenajeado localmente, oficiando misas y recibiendo reconocimientos públicos incluso en su cumpleaños número 90 en 2025, sin que se conociera públicamente la confesión de su encubrimiento.

Este caso reabre la discusión sobre las estructuras de protección dentro de la Iglesia y su relación con la justicia, recordando que las víctimas de abuso sexual por parte de clérigos continúan enfrentando largos caminos de impunidad y silencio.

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