Siete veces Luc?a, novela de Juliana Javierre

Germ?n Ossa

Hace poco se dio inicio a la Feria Internacional del Libro de Bogot?, uno de los eventos más importantes del pa?s, donde se dan cita algunos de los escritores más reconocidos a nivel mundial. Este año, como ya ha sido anunciado, el pa?s invitado es Colombia y, gracias a esto, podemos encontrar, en el Pabell?n de Editoriales Independientes y en el Pabell?n Colombia, la obra Siete veces Luc?a, de la escritora pereirana Juliana Javierre.

 

Se trata de una novela que, desde la car?tula, llama la atenci?n no solo por la imagen del artista Juan Carlos Salcedo Ante, sino, además, por la banda amarilla que, con palabras del laureado Daniel Ferreira por su Pentalog?a (infame) de Colombia, se?ala a la autora como ?una gran narradora que explora la desintegraci?n de la familia en esa eficaz trampa de los secretos culpables?.

 

As? mismo, otros reconocidos autores se suman a resaltar los valores literarios de la obra. Es el caso de la escritora Carolina San?n, el novelista Nahum Montt y el cr?tico ?ngel Castaño Guzm?n, jurados del Premio Nacional de Novela Aniversario Ciudad de Pereira, quienes, por unanimidad, le otorgaron el galard?n, reconociendo en la obra la originalidad, el manejo del lenguaje y la construcción de un universo po?tico, y se?alando que la obra es ?distinta a lo que hoy en d?a es, en gran medida, la literatura colombiana. La prosa de la novela ?l?rica y bien lograda? supera el clich? de la escritura bonita y sirve para darle densidad a sus personajes?.

 

Estuvimos con la autora, quien respondi? algunas preguntas sobre su obra.

 

?Qu? confianza le dan los concursos de literatura?

Antes de ganar este premio no hab?a ganado más que un par de libros en una tertulia en la ciudad de Nueva York. El viaje, por supuesto, es también una ganancia: tuve la oportunidad de rastrear datos muy importantes sobre los pasos de Jos? Mart? en la Gran Manzana que, más adelante, me sirvieron para consolidar el que seráa mi primer libro. El viaje y los concursos est?n emparentados: hay, en ambos, una suerte de azar?como en la vida. Sin saberlo, mientras escrib?a el ensayo sobre la obra epistolar de Jos? Mart?, encontr? la forma de Siete veces Luc?a.

 

Durante mucho tiempo, mir? los concursos literarios con desconfianza. Ingenuamente, me opuse a los comentarios que algunos jurados hicieron sobre mi obra. Luego, con el paso del tiempo, uno va adquiriendo experiencia y se da cuenta de que el problema no es de los jurados, sino de la obra: falta de malicia narrativa. Si hay algo de lo que tengo certeza es de que tanto perder nos da la pericia de los ganadores; ah? ya no hay azar.

 

La primera vez que concurs? ten?a dieciocho años. Particip? en algunas ocasiones; en M?xico y luego en Espa?a. De allí, debo decir que sal? bien librada. Recib? buenos comentarios? consejos que despu?s me sirvieron para mejorar en mi trabajo como escritora. Hoy, considero que los concursos son una plataforma importante para quienes estamos apostando por una literatura distinta, más lenta (si se quiere), menos f?cil de asimilar para el lector com?n.

 

?Qu? es para usted escribir?

Hace poco, mientras hablaba con mi editor, llegamos a la conclusi?n de que la escritura es una complicaci?n de traumas? disimulados, disfrazados, incluso llevados a lo ?bello?. Yo empec? a escribir porque sent?a que hab?a algo que ten?a que decir y no encontr? otra forma para hacerlo: para la másica y las artes pl?sticas, aunque fueron mis primeras opciones, no mostr? nunca ninguna habilidad excepcional. Con el paso del tiempo, entend? que ese decir algo implicaba, primero, dec?rmelo a m? misma, y que ese camino conllevaba un volver atr?s siendo, cada vez, otra.

 

Escribir es la posibilidad de ser nosotros mismos siendo, al mismo tiempo, todos: por eso, sospecho, cuando le peguntaban a Umberto Eco con cu?l de sus personajes se identificaba ?l afirmaba que, de tener que dar una respuesta, solo podráa decir ?con el adverbio?.

 

Al escribir nos hacemos lenguaje, c?digo. Hay siempre, en la lectura, algo que se desvela y algo que se oculta: al interpretar el texto, desde su propio universo cargado de significados, el lector construye su propia historia y se ubica en ella. En ese sentido, escribir es, también, ser un puente: conducir al lector por caminos que estaban en ?l sin saberlo, darle aquello que ?l no sab?a que necesitaba. Ese lector del que hablo, claro, es primero el escritor; escribir es desdoblarse.?

 

?D?nde cree que se pueden encontrar temas para escribir con libertad y ganas?

Si hay algo que he aprendido de la lectura es que en cualquier parte es posible encontrar temas que nos permitan escribir con libertad y ganas: Pilar Quintana escribe una historia sobre la maternidad a partir de la relaci?n traum?tica de una mujer con su perra; Andr?s Mauricio Mu?oz aborda el conflicto moral entre los principios que se promulgan y los que se practican en un cuento sobre una matica, y Fernando Vallejo encuentra en la enfermedad de su hermano una met?fora de la degradaci?n del pa?s. No se trata de encontrar temas, sino de encontrar la forma de hablar de ellos.

 

Además, muchas veces son los temas los que llegan a nosotros: ahora, por ejemplo, estoy trabajando en un ensayo sobre el cuerpo enfermo. Si bien el tema me interesaba desde hace mucho, la b?squeda ha tomado nuevos caminos. Yo misma me sorprendo al terminar en secciones de la biblioteca que antes ni siquiera consideraba en mis pesquisas y al reconocer en esos lugares historias que vale la pena contar.

 

Garc?a M?rquez dec?a que las Ferias del libro le aterraban, que comparaba eso con los bueyes pase?ndose por una plaza de mercado que exhib?a carnes colgando para ser vendidas. ?Qu? opina de ello?

Es una opini?n afortunada, como casi todo lo que sol?a decir Gabriel Garc?a M?rquez. La feria del libro es un escenario de estrellas publicitarias. En estos tiempos, eso no molesta tanto: lo que molesta es que muchas de esas estrellas (que o son inventos de ellos mismos o son inventos de las editoriales) tienen más valor por su forma comercial que por sus ideas o por su propuesta est?tica. Ahora bien, lo que más me preocupa es que si las ferias del libro son ?bueyes pase?ndose por una plaza de mercado que exhibe carnes colgando para ser vendidas?, ?qu? vienen a ser, en estos tiempos, los lectores o los efusivos asistentes que ve uno haciendo colas para firmar un libro o para asistir a la conferencia de un autor que, en muchos casos, ellos solo conocen porque los medios de comunicaci?n les han hablado de ?l?

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