Otoniel Arango Collazos
Columnista
En el año 2004 la Fiscalía General de la Nación llevó a cabo una serie de allanamientos en el norte del Valle del Cauca, a propiedades de Luis Hernando Gómez Bustamante alias rasguño, hijo de un ex alcalde de Marsella (Risaralda), quien poseía el 30% de las mejores tierras del valle; incautándole 68 fincas, 24 oficinas y 17 estacionamientos, además de otras propiedades cuyo valor total era de más de 100 millones de dólares de aquella época.
Siendo el suscrito, procurador judicial, acompañé algunas de dichas diligencias y me llamó mucho la atención que en donde dormía regularmente el mencionado narcotraficante, tenía una gran fotografía enmarcada de Horacio Serpa Uribe, principal defensor de Ernesto Samper Pizano, cuyos dineros del narcotráfico patrocinaron su campaña a la presidencia y el congreso en el juicio que le hiciera salió como siempre con un chorro de babas, aprovechando que la prueba reina entregada por Pastrana a Gaviria, fuera declarada ilegal.
De todo ese papelón solo nos quedó la famosa frase “todo fue a mis espaldas”. Todo lo anterior, pese a que según se lee en la edición del Espectador del 23 de junio del 2011, que rasguño declaró en estados Unidos ante la Comisión de Acusaciones: “…fue Ignacio Londoño quien convenció a los capos del cartel del norte del Valle que algo debía hacerse con Álvaro Gómez Hurtado. La razón: le estaba dando muy duro al entonces presidente Samper y supuestamente preparaba un golpe de Estado que posteriormente llevaría a la extradición de los narcotraficantes. Por eso fue asesinado”
Traigo a colación dicha historia, porque por estos días el mencionado Samper fue ante la JEP a declarar su verdad, donde toda la culpa del ingreso de los dineros de los narcotraficantes del Valle, fue de su ministro de defensa y le da un vuelco total a la historia, pues afirma que Álvaro Gómez se negó a aceptar ser cabeza del famoso golpe y por eso lo asesinaron. En todo caso, según sus palabras, en ese entonces el no supo nada de eso y pide que se investigue a los responsables, en el mayor gesto de desfachatez que se haya visto, ante una justicia sorda ciega y muda como la JEP, donde todos los victimarios están pasando a lavar sus culpas, mientras el pueblo tonto sigue esperando justicia.
Primero se aclarará el crimen de Gaitán y por eso viene a mi memoria un grafiti que leyera en algún muro de Bogotá, después del Secuestro de Álvaro Gómez a manos del M-19 (Hoy partido verde), el 29 de mayo del año 1988 el cual rezaba: “Álvaro Gómez sigue Hurtado”; hoy por cuenta de la injusticia.

