Sube la gasolina y sube la energía eléctrica

Duberney Galvis

Columnista

La gasolina, junto a la electricidad, es el segundo energético que más pesa en la canasta de los hogares colombianos, y están entre los cinco rubros de la economía que más han afectado el índice de precios al consumidor IPC, en su variación anual; en esta línea, a mayo del 2023, los combustibles han crecido 28,84% y la electricidad 18,07% (ambos son precios fijados por el gobierno nacional).

Luego cada vez pesa más en la balanza, el trabajo que los colombianos deben emplear para sacar del bolsillo y pagar los crecientes costos de la gasolina y la energía. La afectación para los hogares, el transporte, la industria y la economía en general, se hace sentir a diario.  Y a pesar de que frente a ambos se hicieron pomposas promesas de parte del gobierno Petro para intervenir sus precios en favor de la gente, el trabajo y las empresas, este no solo incumplió, sino que ha sido el gobierno que en los últimos años más ha subido los costos de los combustibles. Y el alza de la energía eléctrica va en la misma senda, cada mes las facturas con elevados incrementos ingresan por la misma puerta por la que se deslizaba la publicidad política con las -hoy- promesas incumplidas, al punto tal que ya la ministra de minas Irene Vélez, culpando al “fenómeno del niño”, anuncia más incrementos y dejan ver la posibilidad de desaparecer los habituales subsidios en estos costos para las familias de estratos 1, 2 y 3.

Dos problemas tiene el país en la materia, los cuales van a empeorar la situación para los colombianos; por un lado, el hecho que el 30% de la gasolina consumida en el país es importada, constituyendo este un enorme dique en la soberanía energética del país, y esto sucede porque el gobierno Petro, al igual que sus antecesores, no pone en marcha la modernización de la refinería de Barrancabermeja, lo que en buena parte impide que Colombia fije sus precios a partir de los costos internos de la industria petrolera, sin tener que ceñirse a los elevados costos internacionales.

El otro problema consiste en la cacareada política de transición energética del gobierno, que este ha exhibido como antagónica a la producción de combustibles fósiles, además dando muestras de incapacidades técnicas para echarla a andar, sin hablar del negocio financiero que se avizora: megaproyectos extranjeros que a los postre terminan beneficiando a los mismos magnates de la industria energética global que por siglos, han acumulado capital tras la explotación de combustibles, pero ahora se mueven en la onda ‘green energy” e invierten en nuevos nichos de inversión, “el dinero va a donde puede salir”.

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