Walter Benavides: un nuevo aporte a la historia

Con la publicación del tercer libro de la Colección Historia de Pereira, “Cartago en las primeras gobernaciones de Popayán” 1547-1584, se completa una trilogía de libros con la que el economista Walter Benavides Antia, nos acerca a la historia de las primeras décadas de la fundación de nuestra ciudad.

¿Por qué es importante rescatar esta historia?

Después de haber leído muchas definiciones sobre qué es la historia, me parece que me quedo con una, “historia es la narración del bien y del mal”. Porque es la narración de las acciones de los hombres que representan el bien y el mal en el tiempo y en un lugar determinado. Aunque la “Gobernación de Popayán” fue agregada al Perú, pronto se dieron cuenta que este territorio tenía rasgos particulares que lo hacían diferente al territorio Inca. Primero, porque el territorio que ocupa el occidente colombiano, no sufrió la total dominación inca, por lo cual, rechazaron militarmente la presencia de los españoles. Además, porque geográficamente hubo una frontera natural en los valles de los ríos Juanambú y el Patía. Al norte de esta frontera, los grupos indígenas carecían de un estado estructurado. Al sur los incas heredaron un imperio jerarquizado y único. Robledo nos habla al menos de 80 caciques independientes alrededor del Señor Tacurrumbi. Además, los territorios de la gobernación eran extensos y difíciles de administrar, a partir de la fundación de ciudades como Pasto, Popayán y Cali, y del nacimiento de la Gobernación de Popayán a partir de 1543. Así lo pudieron comprobar en 1558 el Oidor Tomás López Medel y Juan Valle, Obispo de Popayán en la visita a nuestra ciudad.

¿Cuál es la mirada desde la perspectiva económica de ese momento de nuestra historia?

En el campo económico la extensión del territorio obligó a que se formalizaran y afianzaran circuitos comerciales internos y externos que antes solo beneficiaban a ciertas zonas y poblaciones. Hacia el sur, Pasto, estrechó sus vínculos eclesiásticos con Quito y comerciales con el puerto de Guayaquil. Popayán, Cali, Buga, establecieron un circuito comercial con el puerto de Buenaventura. El Paso del Quindío, acercó a Pereira (Cartago) con Ibagué, Santafé y los valles de Neiva. Las ciudades de Aguadas (Arma), Anserma, Pereira (Cartago), Caramanta y Santafé de Antiocha, se vincularon al eje comercial del río Cauca en dirección norte. El libro, desarrolla el factor económico como dinamizador de la economía, a la vez que rescata para nuestra memoria, circunstancias, personajes y lugares hoy identificables y cercanos a nuestra existencia.

¿Y en ese escenario, cuál era la visión de los nativos?

Otro hecho que destaca el libro, es la defensa de los indígenas. La dimensión civil se dio desde un principio (no olvidemos que al menos en teoría, los encomenderos debían proteger a la población aborigen encomendada), pero la proliferación de los abusos, obligó a la corona a encargar la defensa de los indígenas a los religiosos. Por esta razón, a partir de 1530, los religiosos recibieron el título de “protector de los naturales”, así como instrucciones para el fiel cumplimiento de la evangelización. Pero habría que esperar los informes de los Oidores, para perfeccionarlas. Las “Instrucciones para Defensores de Indios de Santafé” aplicada desde 1557, redactadas por del Oidor Tomás López Medel, indican una legislación anterior a la comúnmente aceptada de las Ordenanzas del Quinto Virrey del Perú, Don Francisco Álvarez de Toledo de 1575. Las funciones definidas por el Oidor López Medel en sus instrucciones de 1557, estaban fundamentan en tres ejes principales: el asesoramiento jurídico gratuito a los indígenas, la difusión de la información entre los indios y la corona, y la regulación de las relaciones interétnicas. Y en lo civil los “jueces de residencia” abundaron en las primeras épocas, mencionando como se hizo justicia a las actuaciones de Sebastián de Benalcázar y Miguel Muñoz en nuestro territorio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Cuáles fueron los principales enclaves del avance español?

También se narra el cómo Pereira (Cartago) y Buga al norte, Popayán y Pasto al sur, se convierten en ciudades de donde partían las expediciones que complementaron la acción de la conquista. La generalización del descontento de los indios se expresó en rebeliones y conspiraciones, situación que provocó por parte de las autoridades reales, medidas que modificaron el carácter de las tropas de conquista y alteró profundamente la conformación de las expediciones que llevaban a cabo la exploración de nuevos territorios y la consolidación de otros ya conquistados. Es fácil imaginar el ambiente creado por la acumulación de acciones frustradas y de fracasos, especialmente contra los Sindagua al sur y los Pijao al norte sobre la cordillera. Sumado a lo anterior, los expedicionarios iniciaban las “entradas” cargados de deudas contraídas por el equipo necesario para su participación en la empresa. El fracaso implicaba la quiebra total y la imposibilidad de participar en otro intento. Es por esto que los primeros españoles preferían conservar posiciones establecidas que aventurar en la guerra.

¿Quienes fueron los más afectados por esas acciones?

La idea que los expedicionarios se movían de un lugar a otro, por la simple aventura, carece de fundamento. No obstante, los más afectados por estas acciones no fueron los españoles sino los indígenas, con el desarraigo, las deportaciones a otros territorios y el trabajo en los Reales de Minas, forzaron a miles de nativos, a abandonar sus provincias para refugiarse en otras de difícil acceso como el Chocó. La cadena de las generaciones fue rota mientras las tierras se quedaban sin cultivar. Abundaban los indios huérfanos, sumado a oleadas de epidemias, y baja natalidad, como si el impulso vital propio de todo un grupo humano se hubiese agotado.

¿En resumen: qué encontrará el lector en este nuevo libro?

Eso es lo que encontrará el lector en las 274 páginas que contiene el libro, con 106 imágenes y mapas, y por donde desfilan más de 200 figuras como Agustín de la Coruña, Álvaro de Mendoza y Carvajal, Andrés Días Venero de Leyva, Francisco Briceño Gasco, Gerónimo de Escobar, Giraldo Gil de Estupiñán, Tomás López Medel, Juan Valle, Miguel de Montaño, Melchor Velásquez de Valdenebro, Miguel de la Yuste, Pedro de Morriones, Jorge Robledo y su esposa María de Carvajal Mendoza, y otros tantos personajes.

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