Luis Miguel Cárdenas Villada
Columnista
Hoy, después de 40 años, me es grato confesar que lo mucho o poco que conozco
de Ordenamiento Territorial se lo debo a Juan Guillermo o Juan, como cariñosamente lo llamamos los que tuvimos el placer de recibir sus enseñanzas y lo reconocemos como el Gran Estadista que cambio para bien la historia de la ciudad. Él me enseñó a diferenciar entre lo ordenado y lo planificado, como proceso administrativo, siendo el inicio como Investigador Urbano que hoy hace parte de la discusión de ciudad, con el desatino de ser señalado ignorante, por incapaces y, esos sí ignorantes, que lo señalan, que, por infortunio, son los que desgobiernan, creándose imágenes no correspondientes con su real aptitud. Juan cambio el rumbo de la ciudad conservando sus identidades y pertenencias, lástima que pocos, pero poderosos circunstanciales dieran al traste con la visión acertada de futuro. Pereira hoy dista mucho de lo que Juan pensó, enseñó y practicó para soñar despierto. Pereira es hoy la ciudad desordenada, difusa y perteneciente que permite actuar discrecionalmente para destruirla, aprovechando la ignorancia de sus habitantes, que también cambiaron su devenir por la alcahuetería. Pereira es hoy la ciudad donde todos, nacidos y adoptados, somos forasteros.
La década de los ochenta con Juan Guillermo se caracterizó por su fuerte arraigo civilista. Con él se planteó, con éxito demostrado, la participación financiera del suelo. Se diseñó y ejecutó un concepto avanzado de ciudad territorializada; se supo diferenciar el significado de dimensiones y atributos y con el más avanzado concepto de Estado Local, su población le dio sentido a su territorio y dispuso que su alcalde, Juan Guillermo, la condujera por el camino de la prosperidad. Juan Guillermo Ángel Mejía no fue un simple alcalde, fue es y será nuestro gran Estadista Local.
Históricamente existen pruebas contundentes del legado de Juan Guillermo; un diseño y ejecución de un Plan Vial fundado en vialidad y democracia; un suelo
preservado y regulado frente a su especulación; un conocimiento adecuado como expresión vocacional; proyección significativa en servicios públicos en general; vivienda relacionada con la visión de orden ciudadano. La ciudad fue proyectada sin tugurios; adaptación vocacional al avance en ciencia y tecnología; se reconoció y se orientó la ciudad como un centro de reserva ambiental y agricultura limpia; se consideraron, con acertada previsión, los ríos Otún y Consota, como ejes estructurantes de un ordenamiento territorial frente al agua, lo que hoy es prioridad en el nuevo Plan Nacional de Desarrollo del nuevo gobierno; se proyectó la Nueva ciudad en el sector nororiental; se amplió la oferta educativa con nuevas Universidades; el Hospital San Jorge conservó su origen cívico y se proyectó su expansión funcional; la zona de renovación urbana del centro, se inició con la ampliación de la Calle 14, comprando con participación ciudadana, los terrenos que hoy soportan la ciudad victoria; se dejó lista la calzada Norte de la Avenida del Río, dejando las fajas para el carril Sur (invadida hoy); dada la época, ¿para qué más?. Lo testimoniado es verdad, porque Juan me permitió, como su alumno, no como subalterno, ser partícipe de lo anunciado. Los insensatos que hoy lo desconocen, utilizando ruines procederes, no entienden que Juan Guillermo Ángel es el Gran Hombre Pereirano que está ligado perennemente a la historia de nuestra ciudad, que desconocerlo, es tapar el sol con un dedo, pero es tanta su oscuridad que no se permiten ver la luz y esplendor del nuevo orden, que empezó en la ciudad con él y que ellos, ciegos de envidia, atacan lo que es infranqueable, la historia de un pueblo trasnochador y moreno, que solo reconocerá a sus procederes, no a sus detractores. Señoritos seudo burgueses, no traten de
cambiar lo que hoy es nuestro orgullo, Juan Guillermo Ángel Mejía, con los yerros incluidos, como ser humano que es; mi reconocimiento, gratitud y acompañamiento, mi invaluable maestro y amigo.
Lumica74@hotmail.com

