El país está a la expectativa por el avance de un delicado proceso judicial que involucra a una de las más grandes figuras del ciclismo colombiano: Luis Alberto “Lucho” Herrera. El exciclista, reconocido por sus hazañas en Europa durante los años 80 y 90, deberá rendir declaración ante la Fiscalía General de la Nación los próximos 5 y 6 de junio, en el marco de una investigación por la desaparición forzada de cuatro campesinos en el año 2002.
El caso, que ha sacudido la opinión pública, surgió a raíz de las declaraciones de dos exparamilitares que vincularon al deportista con las Autodefensas Campesinas del Casanare. Uno de ellos, Luis Fernando Gómez, alias Ojitos, aseguró que Herrera solicitó la desaparición de cuatro vecinos de su finca en Fusagasugá, acusándolos de ser milicianos guerrilleros y oponerse a la venta de sus tierras.
“El señor Lucho Herrera me ofrece algo de beber y me da dos sobres de manila, en uno de ellos venían las fotos de cuatro personas que teníamos que recoger […] y en el otro sobre había 40 millones”, declaró alias Ojitos, añadiendo que la finca de Herrera colindaba con las tierras de los desaparecidos.
Ante estas afirmaciones, la Dirección Especializada contra la Violación de los Derechos Humanos abrió una investigación formal. En días recientes, funcionarios judiciales realizaron inspecciones en una propiedad de Herrera en la vereda Piamonte, sector La Aguadita, para descartar la posible presencia de restos humanos.
Herrera, por su parte, ha negado rotundamente cualquier vínculo con organizaciones criminales. A través de un comunicado público, expresó su indignación por las acusaciones y afirmó que su vida ha estado marcada por el deporte y el trabajo honesto:
“Jamás he pertenecido a organizaciones criminales ni he pretendido causar daño a persona alguna”, escribió el excampeón de la Vuelta a España de 1987.
En el pueblo, las opiniones están divididas. Algunos vecinos y exempleados del exciclista han salido en su defensa, destacando su carácter y aportes a la región. Sin embargo, otras voces, como la de Óscar Rodríguez, sobrino de una de las víctimas, exigen que la justicia esclarezca los hechos.
“Mi tío era trabajador. Lucho Herrera tenía varias fincas en la zona, nosotros incluso recogíamos café ahí. Se hablaba en el pueblo de una venganza, pero solo la justicia puede determinar la verdad”, señaló Rodríguez en entrevista con W Radio.
El ambiente en Fusagasugá se ha caldeado aún más tras un acto de protesta en el que fue vandalizada la estatua de Herrera, ubicada en el centro del municipio. Pintadas y mensajes alusivos a su presunta implicación en los crímenes provocaron el rechazo del exciclista y de sus familiares, quienes confrontaron directamente a los manifestantes.
“Ustedes no pueden enlodar el nombre de una persona”, exclamó una mujer del entorno de Herrera. La tensión no pasó a mayores, pero dejó ver la polarización que este caso ha generado.
A medida que se acerca la fecha de su declaración, crece el interés nacional por un caso que mezcla deporte, poder local y el oscuro legado del paramilitarismo en Colombia. La Fiscalía deberá esclarecer si las acusaciones contra Herrera tienen sustento o si, como él afirma, se trata de un intento por dañar su imagen. La verdad, por ahora, permanece cuesta arriba.



