Por José Miguel Alzate
Prólogo de la novela Nostalgia de los
balcones, escrita por Ángel María Ocampo,
presidente de la Academia Caldense de Historia
Balcones es el nombre de una pequeña parcela ubicada en la vereda Alegrías, en el municipio de Marquetalia. Este nombre fue tomado por Ángel María Ocampo para ponérselo como título a una novela sobre el proceso de poblamiento de su pueblo. Le agregó la palabra “Nostalgia” porque en esta obra reconstruye con buena prosa los tiempos idos, y porque recuerda las dificultades vividas por la familia debido a su pobreza. La narración se inicia el mismo mes en que el coronavirus obliga al presidente de la República a tomar medidas para prevenir el contagio. Por esos días el personaje principal debe hacer diligencias ante la Gobernación de Caldas para obtener unos certificados sobre tiempo de servicio como maestro de un hermano fallecido. La viuda los requiere para obtener la sustitución de pensión.
La novela se titula “Nostalgia de los balcones”. En sus páginas un narrador omnisciente cuenta la vida de una familia campesina que buscando la superación abandona su parcela para instalarse en el pueblo. Aprovechando que uno de los miembros fue nombrado maestro de escuela, toman en alquiler una vivienda. La madre, Berenice, que para cualquier cosa que vaya a hacer le pide primero consejo al padre Antonio María Hincapié, párroco del pueblo, es una mujer que ante la muerte de su esposo se esfuerza por sacar adelante a sus hijos. Un día, después de sufrir un accidente, vende la pequeña finca. Lo que le dan por esa tierra es poco. Jesús Abad, el personaje central, que es un estudiante brillante, expresa con palabras afortunadas lo que esa pequeña finca representó en su vida.

Jesús Abad es un hombre sencillo que gracias a la educación recibida se proyecta a la sociedad. Y encuentra en la docencia el espacio que sueña para realizarse como ser humano. La suya fue una infancia con privaciones. El sacrificio de recorrer todos los días, lloviendo o haciendo sol, el camino para llegar a la escuela, le hizo comprender lo importante de la educación. En el plantel donde cursa estudios primarios, allá en Marquetalia, brilla por su entrega al estudio, por su capacidad intelectual, por querer ser el mejor. En su juventud es un muchacho humilde, inteligente, amante de la lectura, que no obstante verse como desnutrido tiene una gran fortaleza: su inteligencia. Esta le permite sobresalir entre los demás alumnos. Su rendimiento académico es excelente.
Hasta aquí, la historia narrada en “Nostalgia de los balcones” puede parecerle al lector intrascendente. Lo que viene después es lo que llama la atención: una investigación muy bien realizada, recurriendo a documentos notariales, para establecer las raíces de la familia. En su deseo de conocer de dónde viene el apellido de los suyos, después de que es nombrado maestro Jesús Abad se propone levantar el árbol genealógico. Tiene la convicción de que, hurgando en archivos, puede establecer quienes fueron sus antepasados. Para lograrlo, viaja a la tierra de sus ancestros: Rionegro. Ahí empieza a desenredar una madeja que lo lleva a descubrir que su bisabuelo fue la persona que inició el poblamiento de Marquetalia. Se llamaba Mariano Hurtado Cardona.
¿Quién fue Mariano Hurtado Cardona? Según la novela escrita por Ángel María Ocampo, fue uno de los primeros pobladores de lo que entonces se llamaba vereda Risaralda, en jurisdicción del municipio de Manzanares. Era primo hermano del novelista Jorge Isaacs. Vivió durante varios años en la hacienda conocida hoy como El Paraíso, donde trascurre la novela “María”. Llegó a estas tierras procedente de Guarne, Antioquia, en razón a que el gobierno de esa provincia le otorgó esos terrenos como pago por haber sido contratista de caminos desde Fresno hasta Marquetalia. Fue un hombre adinerado. Le correspondió, con Antonio Ramírez Jiménez, quien fuera el primer alcalde del municipio caldense, hacer la repartición de tierras a las personas que llegaron en la época de la colonización.
Siempre se ha dicho que la historia busca descifrar la memoria de los pueblos, reconstruir su pasado y hablar de “los espacios que fueron y ya no están”. Bruno Elías Maduro dice en su novela “La Aldea debajo de la montaña” que nuestros abuelos hacían del arte de contar una forma de narrar la historia. De esas cosas que escuchó de su abuelo Francisco Cardona, conocido como “Pacho enjalmas”, se nutrió Ángel María Ocampo para contar la historia de Marquetalia. También de los escritos que al morir dejó un hermano suyo. Este material le sirvió para ensamblar una novela que habla de sus ancestros y, sobre todo, de un abuelo que era excelente lector. En “Nostalgia de los bacones” aflora el historiador que quiere recrear en forma novelada la historia de su pueblo.
Las costumbres de las tribus indígenas que habitaron los terrenos donde se fundaron varios municipios, las vicisitudes de un núcleo familiar que es prototipo de esas familias campesinas que enfrentan circunstancias difíciles, el deseo de superación de un muchacho inteligente que desde niño mostró aptitudes para la investigación histórica, las excentricidades del hijo de uno de los fundadores del pueblo que siente pasión por la lectura y las historias de amores que surgen a la sombra de los cafetales son temas que en esta novela enseñan una sociedad con principios, que tiene como referente la iglesia porque sus pobladores acatan los consejos del párroco. El historiador que es Ángel María Ocampo se convierte en hermeneuta de lo que ha sucedido en el espacio de su infancia.
En “Nostalgia de los balcones” se advierte rigurosidad histórica. La novela no solo muestra cómo fue evolucionando el Covid-19 en el país, sino el proceso de poblamiento de algunas localidades del departamento del Tolima. Ángel María Ocampo Cardona no se queda en lo comarcano. Aborda también cómo el español Lope de Aguirre perdió el poder en Antioquia. En este libro el lector se regocija conociendo cómo fue la vida política de Colombia después de la independencia, y qué factores incidieron para consolidar la República. Aunque predomina el lenguaje del historiador antes que el del narrador, es un relato entretenido donde se enseña cómo se formó nuestro país, con información histórica sobre los procesos que en el Siglo XIX se dieron para alcanzar el desarrollo como nación.



