Anécdotas electorales 2023 en Risaralda -I-

Por: Ernesto Zuluaga

Los resultados electorales de los comicios del pasado 29 de octubre no
sorprendieron a nadie. Sucedió lo que tenía que suceder: las maquinarias
electorales se repartieron el botín y no hubo convidados nuevos al banquete. Es
muy desalentador y quizás lapidario que la renovación en política sea cada vez
más escasa en nuestra tierra. Los nombres nuevos en las corporaciones
corresponden a individuos que se someten a las estructuras políticas existentes y
terminan siendo representantes de esas mismas maquinarias y no a verdaderos
cambios, a formas diferentes de hacer la tarea.

Los partidos políticos perdieron la batalla contra la inteligencia, contra las ideas
programáticas y contra las intenciones de transformar la sociedad en una más
justa y equitativa. El dinero se entronizó como la herramienta poderosa que le
garantiza a los caciques, gamonales y jefes políticos la permanencia en el poder.
Y las inversiones electorales son tan descomunales que las fuentes solo pueden
venir de organizaciones criminales. Los mismos interesados en lucrase del poder
son los financiadores de las campañas. Nunca más, en las actuales condiciones
jurídicas, un individuo que rete las estructuras corruptas podrá alcanzar el poder.
Candidatos como Martha Alzate en Pereira, Oscar Mauricio Toro en
Dosquebradas, Harold Andrés Vélez en Santa Rosa de Cabal nunca tendrán una
oportunidad de ganar. Se me ocurre que quizás la palabra candidato provenga
entonces de «cándido» o mejor dicho de inocente, aquella persona que cree en lo
imposible.

Después del dinero, la segunda herramienta que protege a los dueños del poder
es la normatividad jurídica. Es sorprendente cómo hasta los más avezados
dirigentes carezcan de conocimientos acerca de las reglas electorales. No saben
qué es el «umbral» y menos la «cifra repartidora». Los gamonales sí. Ellos se
aprovechan de esta situación y arman muy bien sus listas y estrategias contra los
discapacitados que los enfrentan. Por eso posan de ilusos mis experimentados
amigos Carlos Alfredo Crosthwaite, Sigifredo Salazar y otros soñadores cómo los
jóvenes de Pereira Evoluciona, entre muchos. Desde la concepción de sus
proyectos electorales ya estaban derrotados. Y no me parece aceptable el
concepto de «dejar constancia» que termina siendo un saludo a la bandera. La
democracia los necesita, pero los destripa con su ignorado poder aplastante.
Sin embargo, hay algunos resultados que siendo lógicos pasan ligeramente
desapercibidos para el ciudadano del común. El médico Javier Darío Marulanda
obtuvo una enorme votación que obedeció más a las alianzas que a sus
propuestas, por cierto, buenas. Mauricio Salazar, su socio electoral y ganador
absoluto en Pereira, le pegó un empujón impresionante que puso a temblar la
supremacía del favorito Juan Diego Patiño quien le ganó por una diferencia de tan
solo el 0,7% de los risaraldenses habilitados para votar o del 1,3% del total de
votantes.

Martha Alzate, con una candidatura independiente, sin partidos y sin maquinarias
arrasó (más que doblar) a Diana Osorio la representante de los verdes quien
estaba acompañada por dos representantes a la Cámara, dos concejales y un
diputado, precedidos todos de un triunfo apabullante en las anteriores elecciones.
Juliana Enciso obtuvo la más alta votación femenina en la historia del
departamento (superando incluso a Elsa Gladys Cifuentes quien resultó ganadora
en las elecciones de 2001) y la más alta del clan Merheg en toda la historia. Sin
embargo, logró penas un tercer lugar en la contienda por la gobernación lo que
parece muy estéril, salvo que sea ella la próxima aspirante al Senado en ese
grupo.

Y por último el Pacto Histórico que, con su Colombia Humana, se derrumbó
anticipando un nuevo cambio político en las próximas elecciones presidenciales.
Todos sus candidatos (especialmente Daniel Silva en su contienda por la
gobernación y Carlos Eduardo Toro en Santa Rosa) pagaron el precio al enorme
desprestigio que acompaña a Gustavo Petro.

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