Wilmar Ospina, escribe y motiva a leer

Generar cultura y amor por la lectura es una batalla que libran los escritores y los docentes; en un país donde a temprana edad se cambia el hábito de leer libros por las pantallas se pensaría que es una pelea perdida; sin embargo la lucha no se abandona, por el contrario, es la cotidianidad de personas como Wilmar Ospina Mondragón, docente de literatura y lengua castellana del colegio Ciudad Boquía y escritor de ensayos y novelas.

Wilmar Ospina Mondragón es bien conocido en el campo literario de la ciudad por sus dos más recientes obras ‘Carne para caníbales’ y ‘Cartografía del mal’ ambas inspiradas en la ciudad de Pereira, que ya van por la cuarta y segunda edición respectivamente. La lectura y la escritura están en el ADN de este docente que estudió literatura en la Universidad Tecnológica de Pereira y realizó la maestría en Lingüística en la misma Alma Mater, donde ahora también es maestro.

Escribir libros y ensayos no era su plan inicial, pero la literatura sí ha estado en su vida desde muy joven, él mismo se describe como un buen lector desde niño, cuando un allegado le dejó leer la revista Selecciones y allí encontró textos que lo ‘engancharon’ como cuentos, caricaturas, ensayos, opiniones que lo enamoraron de la lectura.

En los tiempos de la adolescencia de Wilmar era más común que ahora, ir a leer en la biblioteca y en la Ramón Correa, cuando estaba ubicada en la Estación del Ferrocarril, la bibliotecaria le pasó ‘Narraciones extraordinarias’ de Édgar Allan Poe, “me encantó y ahí me quedé, y hasta el momento no he podido salir”, dice acompañando sus recuerdos con una sonrisa.

Dice que vive las historias como una película, sufre con los personajes, goza con ellos y   por qué no, suelta una lágrima como le ocurrió con ‘Brothers’, del escritor chino Yu Hua. “Eso es lo maravilloso de la literatura, que te hace sentir el dolor, que la rutina de la vida misma pasa a un segundo plano”.

Como profesor analiza por qué muchas personas se han alejado de la lectura aunque sea apasionante y la conclusión es que la escuela pone a leer por obligación y justo en la época de exploración de los jóvenes, la lectura obligada del pénsum académico es tal vez pesada o poco atractiva para los estudiantes, entonces los aleja de esta pasión.

“La lectura es también una forma de ser y de querer ser y el niño quiere ser en los libros, en los temas que le interesan, pero yo como profesor puedo coartar esa posibilidad”.

Considera el docente y profesor que, si bien se debe cumplir con unas directrices del plan de estudio, el colega “sí puede ser más autónomo y decir, vamos a leer esto otro más cercano a los muchachos, más interesante…”.

En su ejercicio como docente y escritor, Ospina Mondragón escribió hace poco el ensayo ‘Desparasitar la educación’ “que habla sobre lo que le pedimos al otro, pero no hacemos” y pone el ejemplo de los profesores que piden a los niños que escriban bien, pero no lo hacen. Sea respetuoso, pero no lo es. Sea responsable, pero el profe no es muy responsable a veces”.

Y se refiere a la teoría del espejo que es muy aplicable al campo de la docencia.

La cultura en el hogar también puede alejar a los niños de la lectura, cuando esta no es una prioridad para la familia. “El padre de familia prefiere pagarle el boleto de la rueda de $120 mil pesos, pero se le pide $20 mil para un libro dice ‘es carísimo’, sin conocer qué tanto le da ese libro al niño: inteligencia, otra mirada, apertura del mundo, vocabulario, un mundo de cosas maravillosas… y luego nos quejamos de la pereza, el no trabajo, por qué o leen”.

Como docente también le preocupa que no hay una promoción de la inteligencia “una cosa es que el niño repita de memoria, otra cosa es que la familia y la escuela se preocupen por los procedimientos intelectuales o cognoscitivos: aprender a opinar, desarrollo del pensamiento crítico, pensamiento imaginativo, creativo, comunicación asertiva… y ahí se nos van perdiendo los lectores, porque los acondicionamos”.

Aulas del silencio

No hay quien no se queje de la calidad de la educación en Colombia; sin embargo, poco hacen para mejorarla desde su ámbito. El profesor Wilmar dice que somos una cultura del castigo y del silencio. “Si el hijo interrumpe el noticiero del padre una y otra vez con sus preguntas, lo va a castigar y el niño no volverá a preguntar nada. Si el estudiante refuta al profesor un argumento, este lo va a silenciar… los jóvenes casi nunca hablan porque no hay un diálogo en la clase… y la escuela se vuelve monótona: dicte, copie y chao pa’ la casa, pero no hay un diálogo, no hay un debate”.

Y aclara que no es la falta de interés o iniciativa de los jóvenes, más bien carecen de la motivación y el profe tiene una anécdota que así lo revela. “El año pasado los estudiantes me dijeron ‘profe no hagamos clase y hablemos de la infidelidad’ y esa fue la clase. Y muchos de esos miércoles a esa misma hora ellos mismos tenían un tema preparado. Yo me pregunto ¿no hay una clase de lengua castellana ahí? Hay cosas que debemos transformar, cuándo vamos a entender que ellos también nos enseñan”.

Escribir

Escribir así como leer se le ha dado al profesor Wilmer de forma natural, en cada una de las etapas de su vida, incluso desde el colegio. “Mi primer libro es sobre ensayos, ‘A la orilla del abismo. Ensayos sobre lenguaje, literatura y educación’ y luego hice un análisis muy sicológico sobre el mito de ícaro, donde proponía que en el fondo la ciudad les permite a algunos suicidas icáricos, es decir, por lanzamientos, esos espacios. Creo que se me hace fácil escribir el ensayo por una razón, si te parece bien mi argumento, bacano, si estás en acuerdo mejor, porque que en la divergencia es donde nacen las ideas. Pero la narrativa es de mucho respeto para mí, porque en la narrativa no puede haber divergencia, lo normal es que haya convergencias, es decir que te guste el argumento, la historia, la narrativa, los hechos contados; ese lector es distinto, hay que engancharlo, es muy compleja y quien se atreve a escribir narrativa debe saber un poco de lo que hacen los personajes”.

Temáticas

En la escritura la idea original siempre es más complicada que la forma. “En los ensayos se escribe sobre lo que el pensamiento quiere, teniendo en cuenta la formación crítica, teorías, conceptos; pero en la narrativa se teje alrededor de lo que la gente quiere leer. Por ejemplo, en ‘Cartografía del mal’. Yo he escrito sobre el género urbano y el género negro porque permite narrar la ciudad como un personaje de la literatura. ¿Dónde está la enfermedad?, en la ciudad; ¿dónde están las afugias?, en la ciudad, ¿la delincuencia común…?” y Pereira se presta mucho para esta temática, teniendo en cuenta su historia y su origen comercial y de paso.

Dato

  • ‘Cartografía del mal’ fue lanzado en la pasada Feria del Libro de Pereira y está en etapa de promoción, ya va por la segunda edición. Después de este, el escritor realizará una pausa y ya hay ideas para un próximo trabajo literario. Asegura que no es juicioso para la escritura, en tanto no tiene horario, sino que aprovecha las ideas cuando llegan a su mente.

    Frase

    Me gusta escribir la realidad para que no nos hagamos indiferentes”

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