La loca de la casa

Por: Maritza Salazar Velásquez

Una loca que no coordina que barre y recoge la basura pero no la saca, limpia, acomoda y sacude, pero vuelve a entrar la suciedad a la casa. La loca que a todos nos habita, que nos lleva a hacer su voluntad y no descansa, que baila en círculos la misma música, dando pasos hacia atrás y nunca avanza.
Me hice amiga de la loca, algo en sus facciones se asemejo a mi cara, pude ver en ella una parte de mi que realmente me avergonzaba. Por que eres tan incoherente? Le pregunté, porque si barres y limpias, luego vuelves a ensuciar tu casa; arrancaste la maleza de raíz, y por que de nuevo llenas la maceta con tierra para sembrarla? Si sabes que quieres tu morada limpia, porque no eres capaz de conservarla, debes hallar esa parte de ti que no guarda consistencia con lo que piensas y lo que pasa; dime donde está el cable que se desconectó que te hace actuar al revés de lo que te dicta tu alma. Entonces la loca se quedó pensando, primero quería reír y terminó llorando; me dijo que no era capaz de quedarse quieta, por eso después de limpiar seguía ensuciando. Me pidió que la amarrara a un palo y que no la soltara, me juró que ya no quiere seguir haciendo lo mismo, pero que a su voluntad no ha podido dominarla. Sentí tanta compasión por ella, viviendo en un ciclo infinito que sólo la daña. Le sonreí viéndola vivir en mis ideas, cuando quiero descansar y ellas no paran. Todos tenemos esa loca, que podremos no quererla, pero es la loca de la casa, quizá si haya que amarrarla para siempre, aunque eso implique que jamás limpiara, o quizá sólo hay que ayudarle a que descanse cuando se sienta incapaz de hallar la calma.

Una loca que no coordina que barre y recoge la basura pero no la saca, limpia, acomoda y sacude, pero vuelve a entrar la suciedad a la casa. La loca que a todos nos habita, que nos lleva a hacer su voluntad y no descansa, que baila en círculos la misma música, dando pasos hacia atrás y nunca avanza.
Me hice amiga de la loca, algo en sus facciones se asemejo a mi cara, pude ver en ella una parte de mi que realmente me avergonzaba. Por que eres tan incoherente? Le pregunté, porque si barres y limpias, luego vuelves a ensuciar tu casa; arrancaste la maleza de raíz, y por que de nuevo llenas la maceta con tierra para sembrarla? Si sabes que quieres tu morada limpia, porque no eres capaz de conservarla, debes hallar esa parte de ti que no guarda consistencia con lo que piensas y lo que pasa; dime donde está el cable que se desconectó que te hace actuar al revés de lo que te dicta tu alma. Entonces la loca se quedó pensando, primero quería reír y terminó llorando; me dijo que no era capaz de quedarse quieta, por eso después de limpiar seguía ensuciando. Me pidió que la amarrara a un palo y que no la soltara, me juró que ya no quiere seguir haciendo lo mismo, pero que a su voluntad no ha podido dominarla. Sentí tanta compasión por ella, viviendo en un ciclo infinito que sólo la daña. Le sonreí viéndola vivir en mis ideas, cuando quiero descansar y ellas no paran. Todos tenemos esa loca, que podremos no quererla, pero es la loca de la casa, quizá si haya que amarrarla para siempre, aunque eso implique que jamás limpiara, o quizá sólo hay que ayudarle a que descanse cuando se sienta incapaz de hallar la calma.

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