Hasta la herida más profunda, hasta el dolor que corta en mil el alma. Todo cura, todo sana, pero mientras ese tiempo llega, debes intentar llegar a la calma, esa que se hace tan esquiva cuando el dolor te desgarra. Hay dolores que simplemente llegan, sin consecuencias premeditadas; hay otros que buscamos sin consciencia del daño que luego nos causan. Mucho nos han dicho que el tiempo es el remedio, que la cura la tiene la distancia; Ni el tiempo ni la distancia sanaran la herida si tienes una fuente de veneno que se rebasa.
Todo cura, tranquilo todo sana; Sólo hay que hallar la valentía para mantenerse en la marcha, contarse la verdad sin velos, pero sobre todo, dejar que las emociones puedan ser limpiadas. No hay que huir de lo que duele, porque allí donde se te hace el nudo en la garganta, hay una palabra esperando que sea desatada; Donde no se llena ese vacío hay una soledad malograda, donde sale la palabra ruda, hay una frase que quiere ser escuchada.
Hay que ser pacientes en la espera, y sobre todo cuando llegue la tristeza, no atacarla

