Aunque este tipo de cáncer no es tan mencionado como el de mama, útero, entre otros, es el que presenta la mayor tasa de mortalidad entre los cánceres ginecológicos.
Y es que su detección tardía, especialmente en mujeres mayores, dificulta el acceso a un tratamiento oportuno y agrava el pronóstico de la paciente. En Colombia, cada año, se presentan 6,7 nuevos casos de este tipo de cáncer por cada 100 mil mujeres, y con una mortalidad de 4,1 por cada 100 mil mujeres.
El diagnóstico es complejo debido a la ausencia de síntomas específicos y el desconocimiento sobre la enfermedad dificultan su detección. Muchas mujeres ignoran señales de alerta como hinchazón abdominal persistente, cambios en los hábitos intestinales, dolor pélvico y necesidad frecuente de orinar, lo que retrasa la consulta médica, el diagnóstico oportuno y el inicio del tratamiento.
De acuerdo con la doctora Adriana Flórez, gerente médica de Oncología para GSK, “en Colombia, cerca del 70% de los casos se diagnostican en estadios avanzados, cuando las opciones terapéuticas son más limitadas. Por este motivo, es fundamental promover el acceso a la información y la consulta al especialista, la detección temprana puede marcar la diferencia en la supervivencia de las pacientes”.
A diferencia del cáncer de cuello uterino, que puede identificarse con la citología vaginal, el de ovario no cuenta con pruebas de tamizaje específicas. Su diagnóstico depende de la evaluación de síntomas, estudios de imagen y pruebas genéticas en quienes tienen antecedentes familiares.
Si bien algunas mutaciones genéticas pueden incrementar el riesgo, solo el 22% de los casos tiene un origen hereditario. La mayoría de los casos ocurren sin antecedentes familiares y suelen diagnosticarse en mujeres mayores de 63 años.
Pie de foto: El pasado 8 de mayo se conmemoró el Día Mundial del Cáncer de Ovario con el propósito de generar conciencia en las mujeres, sobre el riesgo de esta enfermedad.



