Violencia intrafamiliar se incrementa en vacaciones. Las autoridades advierten de un incremento en Risaralda

En épocas de receso se incrementa la violencia intrafamiliar en Risaralda,
con mayor impacto en las mujeres, mientras expertos llaman a fortalecer la
prevención y la denuncia.

Durante las vacaciones de fin de año y otros períodos de receso, comúnmente
asociados a encuentros familiares y celebraciones, también se registra un
incremento en los casos de violencia intrafamiliar. Esta problemática afecta de
manera desproporcionada a las mujeres: cifras oficiales indican que ellas
concentran 1.278 casos, frente a 387 reportados en hombres.
Los reportes oficiales

Según datos de la Policía Metropolitana de Pereira, en 2025 se registraron 1.065
casos de violencia intrafamiliar, nueve más que en el mismo periodo de 2024,
cuando se reportaron 1.056. Por su parte, la Dirección de Investigación Criminal
(DIJIN) de la Policía Nacional informó que entre enero y noviembre de 2025 se
documentaron 1.679 registros en Risaralda. De estos, 260 casos involucraron el uso
de objetos contundentes, 27 se cometieron con arma blanca y tres con arma de
fuego, en contextos de violencia intrafamiliar.

Las agresiones directas, los forcejeos y otras formas de violencia física
concentraron el mayor número de reportes, con 1.389 casos. Las autoridades
advierten que estas conductas suelen agravarse por el consumo de bebidas
alcohólicas durante esta temporada.

Las modalidades de agresión más frecuentes incluyen la violencia física, la violencia
emocional —como insultos y humillaciones— y la violencia económica, relacionada
con la restricción en el manejo de recursos y la autonomía financiera de las mujeres.

Los datos de la DIJIN muestran que Pereira concentra la mayoría de los casos, con
1.025 registros. En segundo lugar se ubica Dosquebradas, con 367 casos, una cifra
menor frente a Pereira, pero que confirma a este municipio como otro punto crítico
dentro del área metropolitana. Santa Rosa de Cabal reportó 66 casos y La Virginia,
61.

Otros municipios presentan cifras más bajas, como Marsella con 41 casos; Apía y
Quinchía, con 25 cada uno; Belén de Umbría, con 15; y Guática y Pueblo Rico, con
13 casos cada uno. No obstante, la recurrencia de estos registros evidencia que se
trata de una problemática extendida en todo el departamento, incluso en territorios
con menor población.

Denuncia: el gran desafío

Para David Antolínez, psicólogo clínico y magíster en Ciencias Humanas, la
prevención de la violencia intrafamiliar resulta compleja, en parte porque muchas
personas no imaginan que este tipo de situaciones puedan ocurrir dentro de su
propio entorno familiar. “Nuestra cultura colombiana, desafortunadamente, tiene una
larga historia de machismo y violencia. Nadie está exento de esto. Esa idea de que
‘eso pasa afuera, pero no aquí’ es lo primero que hay que desmontar para poder
avanzar hacia prácticas, técnicas y estrategias de autocuidado más efectivas”,
puntualizó.

El profesional señaló que el tema de la denuncia sigue siendo un desafío. Por ello,
insistió en la necesidad de construir una cultura ciudadana en la que las líneas de
atención y los mecanismos de apoyo institucional sean accesibles, confiables y
eficaces. “En casos de violencia de género persiste el mito —que lamentablemente
muchas veces se convierte en realidad— de que las denuncias no son atendidas de
manera efectiva, ya sea en bienestar familiar o en las comisarías de familia. En
algunos casos, las propias autoridades minimizan la gravedad de los hechos o no
les dan el peso que corresponde”, advirtió.

Antolínez resaltó la importancia de crear espacios de diálogo y de apoyo al interior
de las familias, especialmente cuando se identifican dificultades para regular las
emociones, así como de promover el acceso oportuno a procesos terapéuticos.
De acuerdo con el psicólogo, la violencia siempre genera efectos negativos y,
cuando se prolonga en el tiempo y se normaliza dentro del hogar, impacta de
manera profunda a niños, niñas y adolescentes. “Terminan creciendo con ideas
distorsionadas sobre cómo son las relaciones entre padres e hijos, entre las parejas
y sobre la forma en que se resuelven los conflictos o se gestionan las emociones”,
explicó.

David Antolínez
Psicólogo clínico

“Usualmente la violencia física aparece de manera tardía. Antes surgen otras
señales tempranas, como la violencia verbal, los insultos, los gritos, la interrupción
constante, el no permitir que el otro hable o el silencio impuesto. Incluso antes de
eso, es posible observar cómo cada miembro de la familia gestiona sus impulsos y
regula sus emociones”.

 

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