Después de una exitosa carrera de cerca de 20 años al frente de la Banda Juvenil de Músicos de Quinchía, con la cual no solo logró cosechar múltiples triunfo en el plano nacional sino también grabar cuatro álbumes con el acompañamiento de cantantes y artistas de talla nacional, el director Luis Hilderberh Morales Pérez decidió radicarse en Estados Unidos en donde le presentó una excelente oferta laboral. Desde hace tres años, Morales es el director de la banda musical del Charter School Freinds for Life (amigos por la vida) en Houston -Texas- en donde está radicado con su familia. Pero el lado triste de la historia es que la Banda Juvenil de Quinchía se ha venido abajo por falta de apoyo oficial, al punto que actualmente en ese municipio tampoco se volvió a realizar el Encuentro Nacional de Bandas.
Maestro Luis Hilderbeth, hablemos un poco de lo que fue su labor en Quinchía…
Estuve 19 años, desde 1997 hasta el 2016. Me tocó iniciar todo el proceso, allí no se sabía que era una banda sinfónica porque no tenía esa trayectoria como sí la tenía Apía de casi 100 con el maestro Rubo Marín. En Quinchía no había banda y al alcalde del momento, Ernesto Gómez Espinosa, le dio por tener una. En el Programa de Bandas de Caldas me recomendaron, comenzamos a trabajar y empezamos a hacer una buena labor en estos casi 20 años. Alcanzamos a ganar 14 premios nacionales, entre ellos tres veces Mejor Músico, tres veces Mejor Director, cinco o seis primeros puestos, dos mejores interpretaciones.
¿A la par, la banda se destacó por sus producciones discográficas?
Logramos cosas muy bonitas con la banda. Cuatro producciones discográficas: una que se grabó en Medellín de música colombiana, luego otra de porros y boleros sinfónicos con arreglos del maestro Guillermo González y las voces de Carlos Arturo “El Señor del Bolero” y Fernando González “Qué nota” cantante del Combo de las Estrellas, posteriormente hicimos La Sinfónica en su Salsa grabada con los cantantes del Grupo Galé de Medellín y antes de irme a radicar en los Estados Unidos grabamos una producción llamada En Tempo de Bolero con el cantante de Puerto Rico Yan Collazo, un salsero muy reconocido en el país.
¿En este tiempo, cuántos niños y jóvenes pasaron por esa escuela?
Yo diría que fueron más de 1000, porque la banda tiene un promedio de 80 a 120 integrantes por año y eso se va renovando, unos porque unos se gradúan, otros se van del pueblo o no quieren estar más, pero llegan y llegan otros. Siempre hay una regeneración, si así se puede decir, de ese personal, tanto desde la banda sinfónica como desde la banda escuela como tal.
¿Con cuántas agrupaciones musicales alcanzó a tener la banda?
Teníamos una pre-banda con niños de tercer o cuarto grado de la escuela, una banda titular que es la que llegaron a ver muchas personas en conciertos tanto en Pereira como en muchas ciudades del país y que representó a Risaralda en los más importantes eventos bandísticos en Colombia. Así que teníamos el semillero, la pre-banda y la banda titular. En la banda de ejecutantes, teníamos 45 músicos.
¿En todo este proceso, quiénes le dieron la mano o apoyaron la banda?
Nosotros tuvimos la fortuna de contar con el apoyo de la administración municipal, de la junta de padres de familia, de los entes descentralizados y de las empresas privadas. Incluso cuando a Quinchía llegó el auge minero con las empresas multinacionales, ellas también se vincularon al proyecto. Logramos que ellos aportaran tanto instrumentos como recursos para las grabaciones.
¿A su retiro de Quinchía, en el 2016, que quedó de la banda?
Dejé una banda muy constituida con 45 músicos titulares, los niños del semillero, todo el instrumental completo. La banda había arrancado con un formato básico y con los premios que fuimos ganando a nivel nacional y con el apoyo de la Alcaldía y de la Gobernación pudimos llegar a tener, al final, la banda con un formato netamente sinfónico. La banda pertenecía a la Casa de la Cultura, pero hacía parte del Municipio de Quinchía.
¿Por qué decidió irse?
Yo me fui porque encontré una oportunidad de trabajo en Estados Unidos que no a todo el mundo se le aparece. Yo dije: quiero aprovechar esto, además porque había llegado a un punto en donde ya no sabía que más podía seguir. Terminé el año 2015 haciendo el concierto con el maestro Andy Montañez de Puerto Rico, muy conocido en el mundo de la salsa, al año siguiente hice la producción de En Tempo de Bolero con Yan Collazo y me despedí con un concierto tributo de Nino Bravo con el intérprete que ganó “Yo me llamo…” y un tributo a Felipe Pirela, que es uno de mis cantantes preferidos, con el cantante Jorge Velásquez, de la Billos Caracas Boys, que canta igualito a Pirela.
¿Tal vez pensó que ya era necesario mirar otros horizontes?
Llegué a un punto donde me preguntaba: ¿qué más sigue? Y empecé a encontrar que ya no había el mismo respaldo económico de la Alcaldía Municipal hacia la banda. Planteamos ir a un concurso nacional y decían que no había con qué, tampoco para hacer algún tipo de eventos. Por ejemplo el Encuentro Nacional de Bandas, que fue institucionalizado por ordenanza de la Asamblea y por acuerdo del Concejo no se volvió a realizar y empezaron a recortarle los recursos propios la Banda provenientes de la estampilla. Así que al presentarse la oportunidad de radicarme en Estados Unidos con mi familia preferí hacerlo y a buscar otros espacios.
¿Cómo se presentó esta oportunidad?
Esta oportunidad llegó gracias a unos amigos con los que yo había dirigido, uno de ellos vive en Miami, Estados Unidos, Diego Giraldo -cantante corista de Óscar de León- y el trompetista Javier Aponzá, que me hablaron de esa posibilidad laboral y de la visa de talento a la cual podía aplicar. Lo hice y empecé a madurar esa idea y pensaba: si yo me quedo esta administración me quema, como se dice popularmente hablando, porque no estaba viendo una respuesta hacia la banda como la que yo esperaba o la que tuve en administraciones anteriores.
¿Cómo le ha ido en su labor en Estados Unidos?
Muy bien, es un colegio donde hay una mezcla de gente y de culturas del mundo, y ha sido un enriquecimiento para mí y para mi carrera desde el aprendizaje del idioma, el repertorio que hay que tocar, de la parte técnica y didáctica, es una dinámica muy distinta a la hora de trabajar con los niños, quienes tienen una educación focalizada que cultiva el potencial que tiene cada persona.
¿Qué hay hoy de la banda de Quinchía?
Me deja muy triste porque en los 18 o 19 encuentros de bandas que tuvimos con asistencia de todo el país llegamos a tener 1150 músicos en el pueblo un fin de semana, eso lo acabaron. Y con la ida mía acabaron con el cargo de director de la bvanca, que era creado y vincularon al director por contrato lo que, por procesos de contratación, significa que la banda está parada desde diciembre hasta marzo. Y nadie dice nada. El proceso está truncado y eso no puede ser así, ni aquí ni en ninguna parte. Además con los recursos de la Estampilla Pro Cultura, la administración decidió pagar al director dejando a la banda sin con qué funcionar, ni con qué comprar accesorios o los repertorios. Además la reparación de los instrumentos cada año tampoco se volvió a hacer, el instrumental de la banda se está deteriorando cada vez más porque no hay mantenimiento preventivo.
¿Qué siente al observar hoy este panorama?
Me da tristeza porque en lugar de encontrar la banda más grande y más fortalecida en todos los sentidos en lo económico, el personal y lo administrativo no es así. Y como la banda ya no es como antes, muchos niños ya no se quieren vincular. La Banda llegó a ser patrimonio cultural del municipio y lo fue en forma real porque las administraciones y la comunidad la abrazaron con orgullo, pero ahora no. Y se ha perdido mucho el interés hacia la banda y no hay recursos para ella. Y que no solo en Quinchía, la cultura es la cenicienta de todos los proyectos políticos, es lo último en lo que se fijan. Además me quedó el sinsabor de no alcanzar mi sueño de crear en Quinchía la primera orquesta sinfónica o filarmónica del departamento.
¿Después de este corto paso por Risaralda, cuándo regresa a Colombia?
El jueves 15 de agosto voy a estar de nuevo en el país para dirigir 53 músicos de la Sinfónica de Anserma. Caldas, en un concierto con motivo de sus 480 años, con Andy Montañez en la plaza Jorge Robledo. Es un concierto gratuito con 10 canciones: Payaso, Pillo buena gente, Casi te envidio, Cena Inconclusa, Más que ayer, Me gusta, Milonga para una niña, Te voy a enseñar, Un verano en Nueva York y Vagabundo.



