Hoy es el Día Mundial de la Radio y qué mejor manera de reconocerlo que a través de un grande de la locución de Pereira. Un hombre que a sus 98 años, cada día se levanta a trabajar para preparar su programa semanal.
La jornada de hoy fue dispuesta en 2012, por la Asamblea General de las Naciones Unidas en recuerdo a la creación de la primera emisora de la ONU en 1946. Para aquel entonces, un joven nacido en Túquerres, Nariño, ya alcanzaba la mayoría de edad y se encaminaba en la profesión que sería, después de su amada esposa e hijos, la cosa que más querría en su larga y prolífica vida, la radio.
Un pereirano, muy pereirano
Don Enrique Benavides Rosero llegó a Pereira, proveniente de Cali, a los 12 años, eso quiere decir que está por estas tierras mucho antes de que Pereira fuera la capital de un departamento. Vino a trabajar, pero una pereirana le tomó por asalto el corazón y aquí se quedó.
Para entrevistarlo, Punto Final fue hasta su casa y efectivamente como había referido alguien que lo conoce mucho, estaba sentado frente a su computador con los audífonos puestos, escribiendo el libreto para la próxima emisión de ‘El jardín de las canciones’, un programa que ha permanecido en la parrilla de la emisora cultural Remigio Antonio Cañarte, por 12 años. A más tardar el jueves tiene todo listo, alguno de sus hijos le ayuda a pasarlo a la usb, que es lo único que se le dificulta un poco y el programa sale listo para ser escuchado los domingos.
Nacido para la radio
Don Enrique estudió en la Compañía de Jesús (jesuitas) en Bogotá, es conocido que esta comunidad es muy afín a los medios de comunicación, pero su entrada a la radio fue con sencillez, llegó con un grupo de compañeros, al principio las funciones eran auxiliares, limpieza de los estudios, recoger cables y entre estos y aquellos oficios el joven Benavides observaba y aprendía, solo era cuestión de esperar la oportunidad.

La voz amiga era la emisora más potente del AM, su lema era ‘marinero, buen viento, buen amor’, la programación efectivamente era música para el corazón. A través de los jesuitas fue más fácil la expedición de la Licencia de locutor ante el Ministerio y la Asociación Colombiana de Locutores (ACL), documento que le abriría las puertas en otras emisoras, era el equivalente a un profesional.
Lo botaron por las muchachas
No piensen mal que don Enrique es ante todo un caballero. Resulta que en los tiempos de radio en Bogotá, lo enviaban a hacer remotos en la popular Media Torta, y como todo joven paisa vio un grupo de bellas mujeres que presenciaban las presentaciones y antes de preguntarle a cada una qué le parecía el espectáculo, las presentó así: ‘Tengo aquí a un grupo de muchachas…’, esas jóvenes eran las herederas de medio Bogotá, para ese tiempo las muchachas era el equivalente a empleada del servicio doméstico y ya se podrán imaginar el grito del gerente cuando los padres de aquellas, se quejaron de la insolencia de ese joven locutor. ‘¿Cómo así que muchachas? Aquí no se puede decir muchachas’, y lo echaron.
Finalmente, Pereira
Fuera de Bogotá las cadenas radiales no existían. El señor Benavides fue reclutado por Todelar Manizales, Transmisora Caldas, pero otro pereirano se aguantó poco esa situación. Don Emilio Gutiérrez supo que don Enrique estaba por allá y fue y se lo trajo para ‘La voz amiga’. Todos los artistas que venían a Pereira, se convirtieron en amigos, las emisoras solían tener radioteatro, la gente iba a verlos y después compraban el disco. En los recuerdos de don Enrique hay momentos con los músicos del Páramo y nombres como el de Libertad Lamarque y un sinfín de voces de la radio de antaño que gracias a locutores como él permanecerán en la mente y el corazón.
“En ese tiempo éramos sanos, ninguno era enemigo mortal del otro. Todo era por el lado bueno”.
El rostro de don Enrique quedó inmortalizado en una moneda especial que sacó la Secretaría de Cultura, para reconocer la labor de los periodistas.



