“Volver a moverme fue volver a vivir”: María Isabel García, runner

Por Pilar Salcedo Jiménez

En la vida de María Isabel García, siempre ha estado presente el deporte. Durante casi tres décadas corrió, nadó, entrenó y motivó a otros a moverse, hasta que una enfermedad congénita de la columna la obligó a detenerse. Lo que comenzó como un diagnóstico devastador terminó convirtiéndose en una lección profunda sobre la resiliencia y la fuerza interior.

Hoy, tras una cirugía, meses de terapias y una recuperación que desafió los pronósticos médicos, comparte su historia para demostrar que siempre hay una manera de volver a empezar, incluso cuando el cuerpo parece rendirse. Esta es la historia de Maria Isabel García, en primera persona.

“Siempre he sido deportista. Desde el colegio corría los 400 y 200 metros planos, jugaba fútbol, rugby, nadaba. El deporte siempre fue parte de mí. Cuando estaba en la universidad seguí corriendo, y en el 2010, por motivos laborales y personales, viajé a Panamá.

Allí descubrí el triatlón, y desde entonces el running se convirtió en una pasión.

Con el tiempo me especialicé y me formé como entrenadora de running. Durante casi tres décadas he vivido en movimiento. Ser atleta y entrenadora ha sido mi forma de estar en el mundo.

Pero la vida cambió cuando mi cuerpo me obligó a detenerme.

Nací con una degeneración congénita en la columna, algo que siempre supe, pero con los años se complicó. Un día, mi columna lumbar no resistió más y tuve una fractura que me hizo perder la fuerza en la pierna derecha. Fue un golpe muy duro. Los médicos dijeron que necesitaba una cirugía: una artrodesis lumbar, con barras y tornillos.

Después de la cirugía, vino lo más difícil: la recuperación. Los primeros dos meses los pasé entre la cama y las terapias. Luego vino la actividad física en el agua, los ejercicios especializados, los intentos de volver a caminar bien.

Poco a poco, el cuerpo fue respondiendo. Volví a subirme a la bicicleta después de seis meses, y a correr, casi milagrosamente, cerca de los nueve meses.

Los médicos me habían dicho que no podría volver a correr, que por el estado de mi columna debía resignarme. Pero no podía aceptar que eso definiera mi vida. Así que, con cuidado, con respeto por mi cuerpo y con mucha paciencia, volví.

Hoy entiendo que la verdadera fuerza no está solo en los músculos, sino en el alma. Aprendí a escuchar mi cuerpo, a agradecer cada paso y cada movimiento. Porque después de pasar por todo esto, volver a moverme fue volver a vivir”.

Aprendizaje

“Mi aprendizaje de vida después de todo lo que he pasado es claro: no rendirse. A veces la vida nos pone pruebas que parecen imposibles, pero uno siempre puede encontrar herramientas que ayuden a volver a hacer aquello que ama, lo que le da sentido a la vida.

Aprendí que más allá de luchar o de ponerle una fuerza desmedida, lo más importante es aceptar la situación, entenderla y preguntarme: ¿Qué puedo sacar de bueno de esto que estoy viviendo?”

El dato

La recuperación fue muy satisfactoria, sin embargo, la recomendación era que no podía volver a correr, por el estado de la columna. María Isabel desafío los pronósticos médicos y nueve meses después de su cirugía, ya corría de nuevo.

Reflexión

“Hay personas en su gran mayoría adultos, que encuentran en la actividad física un espacio para despejar su mente del afán y la presión del mundo; además de mantenerse saludables física, mental y socialmente, el club se abre como una posibilidad en la ciudad, porque una población saludable da como resultado una comunidad sana”, afirma María Isabel.

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