La mendicidad y el arte en los sem?foros

Fabio Castaño Molina
Columnista

Se trata de un coctel de tipo social que confunde y que conmueve. La mezcla que mendigos, vendedores ambulantes, limpiavidrios y artistas callejeros, nos est?n ofreciendo por estos d?as al ritmo las luces rojas, amarillas y verdes que marcan los sem?foros para indicarnos si la opci?n es parar o seguir.

 

No es f?cil que la indiferencia nos abrace ante los malabares que d?a a d?a tienen que hacer much?simas personas para sobrevivir. Tampoco es f?cil evadir los temores que una persona maloliente o con signos de ser agresivo, nos produce cuando se nos acerca en puntos donde el tr?fico veh?cular ejerce de c?mplice para cualquier eventual acto delictivo.

 

Menos a?n podemos adoptar una actitud ciega ante los cientos de compatriotas venezolanos que acosados por el hambre y la falta de oportunidades del r?gimen dictatorial de Nicol?s Maduro, encuentran en los sem?foros una oportunidad de persuadir para arrancar la solidaridad de sus interlocutores con carteles, grupos familiares o incluso con su original tono melodioso acompa?ado de sus desvalorizados bol?vares. Dar o no dar.

 

Aqu? sin duda, est? el quid del asunto. El dilema ante estas escenas nos hace vacilar. Son numerosas las campa?as del Estado para no promover la mendicidad. Pero el coraz?n incita a decisiones que la raz?n no entiende. La bondad del ser humano emerge de forma natural, como brota el amor y la compasi?n y por ello muchas veces nos es imposible ser indiferentes. El problema de la mendicidad en nuestras calles tiene tanto de ancho como de fondo. Es una problem?tica que socialmente tiene muchos or?genes y que lo largo de historia ha hecho mella a?n en las sociedades más evolucionadas o desarrolladas.

 

No tengo el espacio ni la intenci?n de ahondar en sus causas y soluciones, pero si llamar la atenci?n a la manera como cada vez los artistas callejeros est?n aprovechando esos 30 ? 40 segundos que les otorga la luz roja del sem?foro para cautivarnos y sorprendernos con sus peripecias y ?obligarnos? a reaccionar. El arte que nos llama a ser solidarios.

 

Que nos invita a reflexionar sobre las capacidades ilimitadas del ser humano para llamar la atenci?n de sus cong?neres; que nos exhorta a compartir lo mucho o lo poco que tengamos. Que intenta conmover a un Estado indiferente que solo tiene el inter?s de hacerlos invisibles, porque la cultura, mucho más en escenarios tan precarios, no tiene cabida en los manoseados y mal utilizados presupuestos p?blicos.

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