Cantares del viejo indio

Francisco Javier López Naranjo

Los que conocen mi trashumancia literaria saben de mi indigenismo: La primera obra que publiqué: la tragedia musical “El ocaso de un pueblo” es un testimonio de ello. El año pasado gané en Argentina un concurso internacional de sonetos a los pueblos originarios con mi poema: “Cual tambor aborigen redivivo”.

 

Los “Cantares del viejo indio”, escritos en octosílabos asonantados, que corresponden a la forma poética romance, son en total trece, que he ido ampliando y perfeccionando a lo largo de mi periplo literario, desde cuando fueron publicados por primera vez en mi libro “Navegante de Crepúsculos”, Editorial Papiro, 1995. En el prólogo, escrito por el reconocido escritor caldense Adalberto Agudelo Duque, este escribe: “… Algunos trabajos, como los dedicados al indio, a la tierra, a la raza, que podrían ser titulados como Letra para guitarra y flauta, o Letra para guitarra y tiple; es decir, que son prácticamente canciones, insinúan al oído el tono para el bambuco, el pasillo o la guabina. Especialmente el bambuco. Son poemas hermosos, bien logrados…”.

 

Con los “Cantares del viejo indio”, ocupé el primer lugar en el concurso departamental de poesía, con motivo de los treinta años del SER (Sindicato de Educadores de Risaralda), el cual publicó un libro con las obras ganadoras. También Cecotv Apía grabó un video donde leo dichos cantares, y han sido dramatizados por grupos de teatro dirigidos por Jaime Alzate Vallejo, monitor de la Casa de la Cultura de Apía. En mi libro “De regreso a Itaca”, Fondo Editorial de Risaralda, 15 de agosto de 2014, de nuevo aparece el indio navegando por mis venas.

 

Aunque han pasado más de veinte años de su publicación, aún conservan palpitante actualidad, ahora que los derechos de los pueblos indígenas siguen siendo vulnerados hasta el punto de que varios de ellos se han extinguido o corren peligro de desaparecer.

 

Estos cantares no son una apología a la cuestionada “Leyenda negra” de la conquista. Recuerdo que recién publicados un español que estaba de visita en Apía, mi pueblo natal, los leyó y me hizo un reclamo en este sentido; pero en el último cantar el lector podrá comprobar cuál es la esencia de ellos.

 

En este mes de agosto de 2019, que ha sido dedicado a los pueblos indígenas, con todo respeto, algunos de los “Cantares del viejo indio”.

 

“ERA UN INDIO NAVEGANDO”

Cierta vez entre los Andes

de mi dolorida patria,

escuché un tambor indiano,

el quejido de una flauta;

y una voz vieja y vibrante

que me conmovía el alma.

Era triste su cantar.

Era un indio que cantaba.

Lo busqué como a un amigo,

atendiendo su llamada,

pues sentí que un viejo indio

en mis venas navegaba,

con reclamos de tambor

y lamentos de una flauta.

Y la voz de mis ancestros

era allí la que cantaba.

Era un indio navegando

en mi sangre mestizada.

Y por ello este cantar

es la queja de una raza,

que en América aún hoy sufre

de despojos y matanzas.

Con su voz de andina quena

el viejo indio así cantaba:

Nací libre como el viento

y el jaguar en la montaña;

como el río, el sol, la nube.

Nací libre como el águila.

Y llegaron invasores

que humillaron a mi raza.

¡Que mi canto ruja libre

aunque esté ella despojada!

 

 

“CAMPESINO SOY SIN TIERRA”

Campesino soy sin tierra,

labrador soy de nostalgias,

me cantaba el viejo indio

en un tambo de mi patria .

Hace lunas mis mayores

en la tierra señoreaban;

mas llegaron extranjeros

y mataron a mis taitas…

Campesino soy sin tierra,

labrador soy de nostalgias,

y su voz me conmovía

cual lamento de una flauta.

Hoy en día es lo mesmo,

nos explotan, nos engañan,

pareciera que pa´l indio

no existiera la esperanza.

El señor terrateniente

nos despoja y amenaza,

el señor politiquero

habla mierda y vuelve y caga.

La guerrilla a nuestros hijos

se los lleva a la montaña,

nos acusan de ser sapos.

Y los paras nos masacran.

No me explico cuál progreso

le han traído a nuestra raza.

Campesino soy sin tierra,

labrador soy de nostalgias.

Mientras tanto, silencioso,

me dolían sus palabras,

y en un monte de los Andes

una flauta india lloraba.

 

 

“¿EL GRITO DE INDEPENDENCIA?”…

¿El grito de independencia?…

¡Otra historia acomodada

me cantaba el viejo indio

tamboreando con nostalgia .

¿Independencia de qué?,

solo de un país: España.

Arrastrando sus cadenas

sigue el indio con su carga.

No son cadenas de hierro

ni oro lleva en su espalda,

son cadenas de injusticias

y de humillación amarga.

Y su voz me conmovía

cual lamento de una flauta.

Era la voz de un ancestro

que en mis venas navegaba.

Con su voz de andina quena

este indio así cantaba:

Nuestra historia se repite

aunque ya no mande España.

También desde que la echaron

sigue el indio con su carga.

Solo cambiamos de dueños,

ahora es otro quien nos manda,

politiqueros o ricos

que a los indios nos desplazan,

cuando no son los guerrillos

o los narcos o los paras.

Solo un grito es realidá:

el de mi sufrida raza.

¿El grito de independencia?…

¡Otra historia acomodada!

 

 

“ESE CUENTO DE LA PAZ”

Otra vez con más mentiras:

¡ese cuento de la paz!

tamboreaba el viejo indio

en volcánico cantar .

Y nos siguen devorando

la injusticia e impunidá,

disfrazadas esas fieras

de palomas de la paz.

Una paz que es para unos

y no para los demás

que sufrimos atropellos,

aunque hablen de igualdá.

No hace días nos mataron

otro gran líder social,

por hablar contra unos blancos

que nos quieren despojar.

La paz que sí nos aplican

es el arma que hace: ¡pas!

O la paz que siente el muerto

porque ya no puede hablar.

Mientras tanto el zorro, el buitre,

el lobo hablan de hermandad.

Y se visten como ovejas

con el cuento de la paz.

¡No me vengan con más cuentos!,

la justicia hay que aplicar.

Que solo haya una gran guerra:

contra el odio y la maldá.

Para qué leyes, tratados,

si no se han de practicar.

Solo así no será un cuento

ese cuento de la paz.

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