06La reconocida periodista, presentadora y columnista Vanessa De La Torre lanzó en un conversatorio con María Elvira Arango su primera publicación “Historias de amor en campos de guerra” (Grijalbo).
Este libro, que cuenta con prólogo de Jorge Franco, reúne seis historias que comparten un denominador común: la guerra colombiana.
Una recopilación de historias reales de mujeres que se enamoraron en medio del conflicto armado y que, motivadas por las pasiones de su corazón, cambiaron sus vidas y se volvieron protagonistas de historias de amor.
Son narraciones de la guerra colombiana desde el dolor, la ilusión, la esperanza, el corazón roto, el infortunio y, sobretodo, la determinación que acompaña el poder de amor a alguien.
“Desde los más reconocidos protagonistas de nuestra barbarie hasta los más anónimos, el amor ha cruzado por la vida de estos personajes para dotarlos de una humanidad que parecía haber sido devorada por la violencia”. (Jorge Franco)
“Todas las historias son producto de un trabajo de reportería profundo y de largas horas de conversación con las protagonistas. El objetivo es hacer un libro que mis hijas y los hijos de las generaciones venideras lean con dedicación y ganas y conozcan, entre el atractivo de fabulosos y complejos romances, las atrocidades que Colombia ha vivi”, dice Vanessa, quien nació en Cali y es periodista de radio, prensa escrita y televisión y tiene una maestría en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Georgetown, Washington. Actualmente trabaja en Noticias Caracol, escribe para El País de Cali y dirige el segmento Mesa Blu de Blu Radio.
Las historias
Myriam Rodríguez ex compañera de Carlos Pizarro Leongómez. Ella era una talentosa diseñadora de textiles estudiada en Nueva York que
acababa de regresar a Colombia cuando conoció a Pizarro. En una noche de fiesta en Bogotá, con el encanto de la bohemia como telón de fondo, comenzaron una conversación que sólo la muerte pudo terminar, cuando el exguerrillero fue asesinado el 26 de abril de 1990. Myriam y Carlos se amaron, se dejaron, huyeron, se escondieron, se escabulleron, se entregaron, se volvieron a amar y a dejar y a reencontrar entre persecuciones, torturas y operativos para capturarlos. Su historia es la de una nación que pedía cambios desesperadamente, y toda una generación de jóvenes llenos de ideales que se jugaron la vida para conseguirlos. Se enfrentaron con valentía y terquedad a la prisión y a la opresión y construyeron, a su manera, desde la clandestinidad, la esperanza, la infidelidad, la pasión y el dolor, una memorable historia de amor.
Fabiola Hernández y Libardo Durán. Durante treinta años, Fabiola lloró a su difunto esposo en la tumba que no era. Le llevó flores, lo extrañó y se quebró ante ese sepulcro con el infinito dolor de una ausencia irreparable, cada día, año tras año, durante treinta años. Hasta que una mañana la llamaron de la Fiscalía General de la Nación para decirle que lo sentían mucho, pero que en ese lugar no estaba enterrado Libardo, el amor de su vida sino -tal vez- algunos de sus victimarios. Libardo era entonces el escolta del presidente de la Corte Suprema de Justicia, el magistrado Alfonso Reyes Echandía. Ambos fallecieron en el holocausto del Palacio de Justicia en 1985. Su historia es la de un doloroso
capítulo de la historia colombiana y la de la fortaleza de una mujer que por tres décadas hizo un duelo donde no era. Hasta que finalmente le entregaron los restos de su marido fallecido y, entonces, pudo cerrar el ciclo de su dolor.
Arelys Henao. Es la reina de la música popular colombiana. Sus videos alcanzan hasta treinta millones de reproducciones en youtube y sus conciertos se vuelven templos de fanáticos, mujeres en su mayoría, que pasan de la euforia al llanto en segundos, mientras ella le canta al amor, el desamor, la infidelidad, las penurias y los celos. Sus letras desgarradas, su voz ronca y la gentileza con sus seguidores, la catapultaron hace más de una década. Para llegar a donde está, aprendió a hacerle el quite a la miseria y a encontrar oportunidades en donde no las había. Escapó del reclutamiento forzoso de grupos armados ilegales y penetró con talento y determinación, en un mundo que era exclusivo de hombres, de bares y cantinas, donde sus canciones con el tiempo se volvieron himnos. De la mano de Wilfredo, víctima también de la violencia colombiana, ha hecho de su vida, una canción de amor y superación.



