Relatos desde las aulas (II)

Casa de Risas

María Paula Castillo Pisso

Mcastillo48@estudiantes.areandina.edu.co

Recuerdo que cuando era niña tenía una época del año que era mi favorita, esperaba con ansias el día que terminaba el año escolar porque en menos de 24 horas me iba al lugar más reconfortante del planeta, el sitio donde me sentía más segura en el mundo; confieso que encontrar uno así es difícil, pero yo lo hice, encontré el mío y aunque ya no lo visito tan a menudo como antes, la sensación al llegar a él, es exactamente la misma, es la palabra paz en su máximo esplendor.

 

La mayoría de los momentos que han tenido mayor significado en mi vida recuerdo que ocurrieron ahí, aprendí a leer textos, a leer el reloj, a montar patineta, patines, bicicleta, me enseñaron la importancia que tienen Dios, los  valores y los principios.  Ese lugar me enseñó a ser humana. Pasaba dos meses completos ahí, pero no estaba sola, siempre iba con mis dos primos; disfrutábamos hacer todo juntos y nos gustaban el mismo tipo de actividades, recuerdo que ahí jugábamos escondidas, a saltar la cuerda, rayuela hasta nos inventábamos juegos como nuestro famoso circo.

 

Este lugar me vio crecer, llenó mi niñez de anécdotas y experiencias que hoy en día me encanta recordar con mi familia, me abrió las puertas del aprendizaje, entre juego y juego me enseñó a ser fuerte, a entender que después de una caída hay que levantarse y seguir adelante y aprendí el valor que tiene mi familia, este lugar me hizo crecer como persona.

 

Es imposible no tener en mi mente tan hermoso sitio, sus paredes altas y blancas como si estuvieran recién pintadas, su piso reluciente y brillante a cualquier momento del día, un tapete rojo oscuro en la mitad de la sala donde siempre me acostaba, un patio enorme que aguantaba todas las travesuras que hacía con mis primos cuando éramos niños y que ahora disfruta de cada reunión familiar que realizamos ahí, una temperatura promedio de 20 grados y por ultimo su olor peculiar.

 

Sin duda este ya no es un destino para jugar, pero sigue teniendo la misma o incluso más importancia que antes. ¿Cómo no llevar en mi mente un lugar tan lleno de risas, amor y ternura? ¿Cómo no llevar en mi mente el lugar que me enseñó todo lo que se? ¿Cómo no llevar en mi mente este tesoro?  ¿Cómo no llevar en mi mente la casa de mis abuelos?

 

El tiempo y el río

Sara Luna Jaramillo

sluna5@estudiantes.areandina.edu.co

En mi memoria resalta una foto mental de un lugar que me dio a conocer papá, en mi corta edad, al yo llegar muy entusiasmada siempre, creía que era un lugar mágico, gracias al plan de cada domingo con él, me dio a ese contacto con la naturaleza tan cercano a pesar de haber vivido todo el tiempo en la ciudad. Así era, un plan familiar al rio en las afueras de Pasto vía San Fernando salida Sur occidental, quedo grabado en mi memoria.

 

Mi padre organizaba a la familia en los carros que se disponía para irnos de paseo, íbamos mis padres, mis hermanas, muchos primos y algunos tíos, llevábamos comida, balones, un bate de béisbol con guante y pelota, pero no podía faltar la comida. Todos llegábamos siempre a la misma parte, recuerdo un llano grande, a un lado el rio con piedras grandes, cubierto de muchos árboles de todos los tamaños y colores, un troco atravesado como puente artesanal.

 

En nuestros paseos todo era risas, juegos, chistes, compartir y amor familiar, recuerdo que llegábamos a ver el rio, algunas veces tenía una corriente muy fuerte otras no tanto, lo que se quedó grabado en mi memoria, es el sonido más espectacular, tranquilizante y que se convirtió en mi favorito, el sonido del agua, después jugábamos futbol, o béisbol, innumerables veces perdimos la pelota, otras pocas las salvamos del rio, era muy divertido.

 

Los días calurosos, metíamos los pies al rio, sus piedras eran suaves, el agua cristalina pero muy fría, al final no sentíamos los pies, salíamos a abrigarnos mientras comíamos lo que habíamos llevado, nunca nos aburríamos de ese plan, era seguro que la íbamos a pasar de lo mejor.

 

Estos hermosos recuerdos quedaron grabados no solo en mi memoria, si no en mi corazón, porque la corriente del rio no se llevó el recuerdo, incluso ahora el ir a cualquier lugar parecido me trasporta a esos momentos en los que era tan feliz, sé que los paseos familiares ya no volverán, el rio al que íbamos ya no es igual; aunque no hace mucho tiempo conocí un río que no queda muy lejos y es fácil llegar, al volverlo a ver y escucharlo, sentí de nuevo esa magia que sentía de pequeña, pienso que el agua y la vida tienen algo en común, que fluyen, y como el tiempo nunca se volverá a repetir, el agua no podrá pasar por el mismo lugar nuevamente. 

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