El Día que el hombre sintió desplomarse

Ángel Gómez Giraldo

En marzo del año 1985 cuando la dermatóloga Letantia Bussell, quien le había practicado una biopsia al actor de cine norteamericano Rock Hudson, lo llamó para anunciarle que tenía el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida, Sida, pensando que esta noticia podía desplomar al hombre, le aconsejó que si estaba de pie se sentara porque iba a ser terrible para él.

– No.. le contestó Rock Hudson. Seguramente la estrella lo hizo luego. Después se sintió  derrotado.

Más adelante y a pesar de lo escondido que tenía el fatal diagnóstico, y de resistir la tortura del mismo, un hospital de París dijo al mundo que Rock Hudson estaba enfermo de Sida.

Las mujeres al enterarse y quienes lo tenían en sus sueños eróticos por ser considerado símbolo sexual masculino, se sintieron también derrotadas y frustradas para sus fantasías sexuales con el supermacho, pero en las películas.

Seguramente, cuando eso, desconocían lo que dice la psicología que “no todos los hombres son tan hombres como parecen”.

El actor más adelante sacó fuerzas de flaqueza, esto es de dónde no las tenía, y le anunció a Mark Miller a quien lo unía una fiel amistad de 35 años pero no su compañero, que lo era Cristian: “Creo que ha llegado el momento de escribir el  libro”.

En efecto, era la oportunidad más propicia para  hacer lo que Rock Hudson había evitado desde que se convirtió en una estrella, contar la historia íntegra de su vida.

Efectivamente, el desplome del actor fue para Hollywood como un baldado de agua fría ya que el mundo entero tenía conocimiento de que en el año de 1981 se había detectado la más espinosa y torturadora enfermedad de transmisión sexual, el Sida, y que se “pegaba” durante el coito.

Entonces hasta a los más varones les temblaron las piernas. Uno que otro hasta llegó a pensar que había sido atacado por el mal del beriberi porque a la fatal noticia le llegó otra más áspera: que el Sida se transmitía por  el contacto sexual entre hombres homosexuales.

Después se sabría que los varones también contagiaban a las mujeres por la condición bisexual de muchos de ellos. Los hay que batean a mano derecha y a mano izquierda.

Aún hoy esta enfermedad, la más terrible de transmisión sexual, aunque parece haber sido controlada por la ciencia médica, sigue sin una cura efectiva.

Por esto mismo el editorialista de El Diario de Pereira en su edición del domingo pasado, Día Mundial contra el Sida, ha subrayado apartes de su opinión de la siguiente manera: “Está claro, pues, que, aunque el VIH ha cedido en los últimos años como consecuencia del diagnóstico temprano, su acceso al tratamiento especializado y la mayor distribución de fármacos antirretrovirales y condones, es un mal más grave de lo que la gente quiere creer  y una lucha que aún se sigue perdiendo”.

El condón

Por lo anterior es por lo que se sigue recomendando el uso del preservativo durante las relaciones sexuales y es para una seguridad que no es del ciento por ciento porque con el puede haber un Goliat, y así nada aguante, y puede terminar rompiéndose.

La verdad de “látex” es que entre la población masculina, a pesar de tanta educación sexual de que se ufanan algunos educadores, no se ha impuesto el uso del condón.

Peor todavía, hay quienes piensan que utilizar el condón para las relaciones sexuales es como tocar el piano con guantes.

A nivel local parece que nos quedamos con esta frase arqueolítica, pues según sondeo que me atreví a realizar entre los farmacéuticos de las droguerías del centro de Pereira, precisamente el domingo primero de diciembre, Día Internacional de la lucha contra el Sida.

Lo hice para saber si persiste entre nosotros el mismo dolor de rodillas que nos quedó el día que se anunció al mundo la aparición del Sida, azote a la salud del hombre que llevó a muchos a pensar que era un castigo de Dios para quienes tenían la costumbre inveterada de hacer el amor con los ojos cerrados para no ver con quién estaban siendo promiscuos.

En vía a las farmacias tropecé con cuatro hombres mayores que caminaban a toda música. Eran los integrantes del Cuarteto de Ciudad Victoria.

La pregunta para ellos no fue una si no dos: ¿Saben que día se celebra hoy? ¿Llevan con ustedes un condón?

Las respuestas estuvieron a cargo del músico de las maracas y me despeinó porque me dijo con todo el ventarrón que tiene la certeza: “Ni lo uno ni lo otro, señor”. Les juro que se me quemó la boca y ni una botella de agua fría .

Llegué entonces con una seguridad de polvorosa a la primera farmacia y con la  pregunta inicial: ¿Saben que se celebra en esta fecha?

“Sabias “

Insistí con otra pregunta: ¿Han vendido condones en lo que va corrido del día de hoy? Eran las 2:00 de la tarde. “Tampoco”, señalaron. Era como para torcerle el pescuezo al gallo.

Visité cinco más de estos establecimientos y en solo uno me aseveraron haber vendido un paquete de 3 condones. Fue como ser presa de un ataque de nervios.

¿Cómo puede ser que en las farmacias del centro histórico de una ciudad capital, con la mayor afluencia de público y con facilidad de acceso para el mismo  solo una persona ingresa a una droguería o farmacia a comprar un condón? ¡Dios! Con razón o sin razón, la gente sigue muriendo de Sida.

Y eso que los que rechazan su uso no saben que el artilugio este o condón es elaborado con tejido intestinal de cordero.

Fui entonces a los travestis de la calle 14 por el parque La Libertad quienes se lo pasan en la calle mostrando lo que no tienen pero que desean tener, y las puse de una contra el muro de las preguntas y las lamentaciones.

¿Saben que se celebra hoy? ¿Le piden ustedes al hombre usar condón a la hora de poner a “asoliar” la ropa y  tirar sexo?

Una de las dos que abordé, con rostro de diabla, exceso de maquillaje y con una minifalda que apenas le cubría lo que con más cuidado había escondido, y creyendo que yo era funcionario de la Alcaldía de Pereira, se me vino de frente rente con esta reprensión:

“Sí, hoy es el día contra el Sida, y ustedes no nos suministran condones ni nos examinan para ver si tenemos la enfermedad y mucho menos suministran los medicamentos antirretrovirales”.

Luego volvió con una reconsideración más que  recibí como si fuera otro baldado de agua fría:

“Como le parece que hoy me  acosté con 3 hombres y todo fue a palo seco porque ninguno trajo condón. Por eso se los estoy pidiendo a las autoridades de la salud del Municipio de Pereira”, finalizó.

Lo que dijo me lo dijo como diabla experimentada, como vomitando líbido.

Su compañera, adolescente apenas, sin nada de maquillaje y con rostro de santita ingenua, nada mostrona, guardó silencio como para no sufrir afeamiento. O no era travesti o era persona en lugar equivocado.

La última sorpresa del día domingo primero de diciembre me la llevé mirando las páginas editoriales de este mismo diario en la columna de opinión de la “regia” Marta Elena Bedoya, la exalcaldesa de Pereira vaciando el water para hacerle saber a sus lectores que cada 19 de noviembre se celebra mundialmente el Día Internacional del Inodoro, y que en las viviendas es necesario contar con buena agua para mantener la salubridad en la población.

Final aterrador: Rock Hudson murió de Sida en octubre del año 1985, 7 meses luego de haber recibido el diagnóstico.

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