El último de los poetas gánster

Su poesía viene del pensamiento libre más no de la inspiración romántica. “Son procesos inconscientes y captación repentina de imágenes”

Ángel Gómez Giraldo

Raro que un pereirano reconozca que es el último de los poetas Gánster, pero tratándose de Alexander Vélez González, buen parido aquí el 22 de abril de 1.983 no es de extrañar, porque tiene la actitud de este personaje legendario de la banda delincuencial de los Estados Unidos.
Y lo dice porque es audaz de gran alcance, con pensamientos viscerales. Su obra literaria y artística viene de sus propios hígados.

Así es en su poesía, extenso, nuestro tiempo, dedicado a la memoria del poeta Allan Ginsberg, llena como ella de fuerza e irreverencia y contestataria a una sociedad condenada a repetir su historia y sus crímenes que se atreve a revelar.

Y no es para menos ya que su pensamiento nació inspirado en escritores poetas como Henry Charles Bukowski, poeta alemán nacionalizado estadounidense contagiado por la comunidad de los Ángeles, y de Ken Kesey, de Alba de Alma Sórdida, nacido para vivir con espíritu suelto en 1.935 y morir como escritor norteamericano en el año 2.000.

Así es este joven poeta pereirano, tiene el grito de un Bukowski, y de Kesey, para su obra, y uno de sus gritos es este: “Ves, la mejor técnica para crear su propio arte, es también una antología de mi poesía que según un decir piensa llevarlo todo al límite de su sagrada expresión”.
Alexander es visceral porque creció con dificultad sobre su propio destino de calles de asfalto con pantalones rotos del barrio San Judas, aquí en el río Otún que en temporadas de intenso invierno amenaza con llevárselo pero nunca se lo ha llevado del todo.

Y es escapar-con la ilusión de un revés-de un destino desastroso.
Después con dolor de vientre: Que las pequeñas bestias se abran y se alejen par estar más cerca una de las otras-en los moteles clandestinos-oasis sexuales.
Su poesía viene del pensamiento libre más no de la inspiración romántica, son procesos inconscientes y captación repentina de imágenes.

“Me identifico con el realismo sucio de Charles Bukowski y Ken Kesey. Como loco trabaja en poesía sonora, Arana Loob, una mezcla de poesía y música experimental que encuentra sus raíces en sonidos electrónicos y digitales y otros instrumentos musicales de origen indígena.
Cuando me encuentro en la calle con su figura de huesos largos y escasa carne, trato de esquivarlo en broma, pero como es irreverente y profano me lo impide con gritería:
“Periodista maldito no me haga eso.”

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